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Roman Bath Stories. Es el blanco y negro de una cinta triste, de un largometraje extraordinariamente triste. Recuerdas lo de las camisas, lo de los calcetines rotos, recuerdas el deseo que te sorprendió en la mesa y de la imagen lejana de él poseyéndote casualmente, del minuto que se perdió en la identificación de la siguiente secuencia. Esta mañana, al salir a la esquina había una cartelera enorme en el teatro, una cartelera nueva que nada te dijo, que apenas repasaste leyendo Bikini adolescente accidental flash tetas, pues sólo podías soportar las películas de vaqueros, cuando ibas al cine, seguramente una vez al mes.

Tenía viva la imagen del pequeño barco, de la tempestad en Cabocorrientes y esa sensación prematura de mareo al subir y sentirse en medio de Bikini adolescente accidental flash tetas balanceo débil pero permanente. Esta frase, repetida muchas veces, la enfriaba y sentía que ahí acababa toda conversación, que click at this page estaba desarmada frente a él. Ya la espera se estaba prolongando y dos meses eran un tiempo muy largo Bikini adolescente accidental flash tetas para que toda la Bikini adolescente accidental flash tetas dejara de pensar que, al marchar las cosas tan mal, se trataba de una nueva calamidad.

Vicente Cabranes, por su parte, no abrió la boca para comentar la demora del barco. Sin embargo, por las mañanas de todos los días, lo primero que hacía al levantarse era ir al patio de la casa y mirar hacia la bahía, utilizando una mano de visera. Alguien, detenido con la vista hacia la bahía, era motivo suficiente para producir esa especie de manifestación expectante. Entonces, cientos de ojos se detenían en ese punto blanco o en la apariencia de visión del hilo de humo que, al final, resultaba ser una gaviota o el agua del mar levantada al estrellarse contra los acantilados.

También había pasado noches enteras asomado a la ventana, siguiendo una luz en el espacio, hasta que en su fugacidad acababa por convertirse en visión demente de this web page luces y cuerpos misteriosos.

Vicente Cabranes se quedó sentado, fumando. Sintió un calor excesivo y no sólo fue el calor de un sol aturdidor sino una fiebre honda e inexplicable.

Lo llevó luego a sus axilas. Lo vio llorar silenciosamente. Luego, vio salir el barco y se contempló en la playa balbuceando palabras en inglés, palabras de agradecimiento por el regalo que sostenía en sus dos manos.

Su marido había tomado todas las películaslas había amontonado en el patio y les había prendido fuego. Hasta Míster Brown se rio de esas cuando las vieron en la Misión. Trataba de imaginarlo en sus sueños: creía verlo esperando un barco en la playa, con ese gesto cansado y afiebrado que parecía haberse petrificado en su rostro: una mano improvisando una visera, los ojos como arrugados, la cara echada hacia adelante.

Se imaginaba su inmovilidad en la sala, dando la vista hacia la bahía que de noche era una inconmensurable Bikini adolescente accidental flash tetas negra, apenas iluminada por las intermitencias de luz de las boyas y los Bikini adolescente accidental flash tetas distantes.

Lo imaginaba en incoherentes monólogos o en arranques improvisados de furia, luchando solo contra enemigos Bikini adolescente accidental flash tetas o contra objetos inexistentes.

Lo sentía salir a medianoche, llegar al patio, caminar débilmente y, en la cerrada oscuridad, mirar hacia la bahía en busca de un punto blanco o la silueta del barco esperado. Bikini adolescente accidental flash tetas narraciones de su marido venían acompañadas de un tono triste, melancólico, muchas veces exasperado. También las narraciones estaban intercaladas con click to see more recuerdo de otras hazañas, las de su padre Celestino Cabranes, en la Guerra de los Mil Días.

Aquella tarde, la mujer estuvo en el corredor de la casa de madera viendo a su marido, hasta que se hizo de noche y su figura encorvada, casi a punto de deshacerse, se transformó en un punto blanco e informe en medio de la cerrada oscuridad de noviembre.

En tres meses largos fue la primera vez que durmió a su lado: trató en vano de enlazar sus piernas a las de él. Una vez dormido empezó a removerse en la cama, como si estuviese viviendo pesadillas horrorosas, arrastrado por fantasmas que lo hacían estremecerse y emitir balbuceos ininteligibles. Había acabado la tormenta y quedaba en el ambiente una débil llovizna y un viento frío que le hizo erizar la piel.

Detenía los dedos en la rugosidad de la madera y sus ojos, fijos en ella, se brotaban intensos. Él lo bebió, mirando con los ojos llenos de humedad al rostro de su mujer. Luego, la claridad se hizo mayor: todo se fue limpiando.

Alistado, en el marco de la puerta, Vicente Cabranes se había vestido con el pantalón blanco de lino que había heredado de su padre. Y al explicarlo recordó Bikini adolescente accidental flash tetas con ese mismo pantalón y una chaqueta perdida, su padre había estado por primera vez en la capital. La pulmonía lo había estado acabando: un día dejó de respirar, después de haber dicho que por todos los santos no le trajeran esos embelecos de curas, ni esas vagabunderías de extremaunciones.

Le pareció irreconocible: quedaba flotando todavía la escena de la noche anterior, de Bikini adolescente accidental flash tetas esa interminable madrugada. Se encerró en el cuarto: esa sequedad permanente de sus ojos se rompió Bikini adolescente accidental flash tetas, cosa que no había ocurrido en muchos años, sintió que se le mojaban las mejillas y el rostro antecediendo Bikini adolescente accidental flash tetas sollozo que se vino luego: largo, profundo, preparado remotamente en su vida.

Lo triste era que, al decirlo, daba la impresión de haberse acabado o anulado, por extrañas razones que hoy no quería recordar. Su inmovilidad y abulia, esa especie de abandono repentino, quedaban dentro de él, sin explicaciones.

La luz entraba escasamente, los pocos objetos existentes parecían no tener ninguna consistencia. Por otra parte, para él casi no existían: no estaba ahí realmente. En la habitación y en la cama se estaba bien, las cobijas calentaban y sólo había que hacer el esfuerzo de estirarlas cuando rodaban por el suelo. Ya había estado toda una mañana contemplando una rata que se había metido en uno de sus zapatos, abandonados al pie de la cama.

Sólo le preocupó, entonces, la idea de que —de un momento a otro— saltase y se acomodase a su lado. Cuando vio que la rata se quedaba en el zapato, cómodamente instalada como en su propia casa, qué se va a hacer, para qué molestarla. Se durmió luego y tuvo la impresión, al despertar al mediodía, de que el animal había saltado y reposaba en su cama, pero la verdad es que seguía en el zapato.

Sexy tiddies Watch Porn Movies Ganny sex. La idea es que lo hagas antes de fotodepilarte para que el vello esté muy corto. Aunque no pasaría nada si te vuelve a crecer para el día que apliques los pulsos. Es mejor que consultes en un centro especializado. Hola, yo tengo la remington ilight , ya llevo 8 sesiones tengo entendido que son cada 2 semanas, ya solo me sale vello en algunas partes mi pregunta es si ahora solo tengo que aplicarla en las partes donde aun me sale vello o repasar en todo por ejemplo las piernas o axilas?? Y cada cuanto tiempo es el mantenimiento?? Hola Juana, sólo donde te salga vello y sólo cuando te salga. El mantenimiento no tienen una regla fija porque depende de cada persona, de cómo le vuelva a crecer el vello. Hola, Ante todo, agradecerles su gran ayuda. Quisiera saber si ello puede afectar a la vista. Un saludo. Hola Pilar, entiendo que te refieres a la luz que rebota sobre la piel cuando disparas un pulso. Si es así, no debes tener miedo ya que no afecta a la vista. Si para depilarte con luz pulsada eliges una habitación bien iluminada te va a resultar menos molesto. Y por qué motivo debería cambiarlo? El tiempo que te puede durar depende de lo que la uses. Se supone que a partir de los Cuando se agota, se agota también la depiladora. Lei en una de las preguntas que no se puede utilozar en la cara usando brackets, en la parte del bozo tampoco?? Agradeceria su respuesta. Para salir de dudas es mejor que consultes a tu médico. Hola Anita, No tengo noticias de que eso haya ocurrido alguna vez. En los manuales no especifican que haya que tener cuidado con los rayos X. Compre la braun silk expert 3 ipl y recién ayer me hice la primera secion. Leí el manual pero no entendí cada cuanto se debe usar. Tu sabes la frecuencia de uso? Cada semana te aplicas una sesión. Mientras veas que el vello sigue saliendo, sigues con el mismo ritmo cada 7 días. Si vieras que el vello, por ejemplo a la quinta semana deja de salir, debes para el tratamiento ahí. Se supone que una vez al mes, aunque si te sale el vello a las dos semanas pues también debes aplicar pulsos. Si en la fase de mantenimiento no te sale vello durante dos meses, no debes hacer nada. De momento aplica una sesión cada semana y cuando lleves varias, si tienes dudas, me dejas un comentario. Hola Maripaz, no tienen por qué salir. Puede que sea una simple casualidad. De todos modos, si tienes varices es mejor que consultes con tu médico. Es mejor que las vea y te diga si te puedes hacer la depilación con luz pulsada en esa zona. Tengo algunos lunares en la piel de las zona del cuerpo que quiero depilar. No sé si el modelo que he comprado sirve para depilación facial. Muchas gracias de antemano. Evita a toda costa pulsos en esas zonas. No se trata de qué intensidad seleccionar. Puedes ver el procedimiento aquí. Si, usa un perfilador blanco. No, no es apta para la depilación del vello facial. Yo no te recomiendo que lo hagas ni aunque la tengas clara. Es una zona muy delicada y te podría provocar alguna reacción en la piel que estéticamente sería muy visible. María, tu depiladora no tienen sensor de tono de piel. Este sensor lo que hace es bloquear el pulso cuando el tono de piel es demasiado oscuro. Llevo tres meses usando Philips lumea y el vello sigue apareciendo… No se elimina del todo, no sé si estaré haciendo lo correcto pero siento que no es del todo efectivo. Piensa que no todos los modelos tienen la misma fluencia lumínica. Este es un dato clave, ya que te indica la cantidad de energía que llega a la base del pelo. No todo el mundo responde igual al tratamiento ni siquiera empleando el mismo ajuste de energía. Si la dejas a medias, puede que la batería vaya perdiendo capacidad. Si quieres contar tu experiencia, te animo a que lo hagas. Hola Lore, no hace falta que lo uses. Lo importante es que selecciones la intensidad de energía adecuada para tu sensibilidad y tono de piel. En el manual te lo explican, aunque si tienes alguna duda me comentas. Hola, tengo una lumea essential, cuando voy a realizar el tratamiento la luz de carga no deja de parpadear en color amarillo y no dispara a que se debe? Esther, mejor que le expliques el problema al servicio técnico de Philips. Hola queria saber a que se refiere con ejemplo O Con una depiladora de Cuando se acaban, la depiladora deja de funcionar. Tengo la Philips Lumea Advanced, con accesorio corporal y facial. Entonces empecé a depilarme la cara con el accesorio corporal, primero en intensidad 4, después 5 y así empecé a notar cambios, ya casi no me queda vello facial. Porque hasta el momento no he tenido quemaduras ni irritaciones, y cuando salgo uso una crema Vichy con SPF Letizia, no es lo que se recomienda. Pero si ya lo has hecho y no notas efectos secundarios quiere decir que en tu caso no pasa nada. Entonces he estado depilandome por 6 meses, siempre cada 14 días pero el día que me iba a depilar, me rasuraba en la ducha tipo 10 de la mañana, y a las 11 empezaba a usar la Lumea. Y es suficientemente largo como para que la luz pulsada llegue a la base del pelo. Si te rasuras días antes y el vello te crece, deberías volver a rasurarte, así que es no es necesario. Depende de cada persona y de lo que le crezca el vello. Y después de aplicar el tratamiento.. Muchas gracias! Soy Valeria, de Argentina. Las depiladoras que se venden aquí en España no necesitan usar gel. Para aliviar la piel después del tratamiento puedes aplicarte cualquier crema hidratante neutra sin aromas. Consulta cómo debo depilarme el labio superior sino puedo usar crema depilatoria o la cera no es efectiva para luego pasarme la Depiladora. No creo que afeitarme sea una solución. Espero que me ayuden!! Puedes usar cera. Ya voy por la tercer sesión tengo la Philips LumeaSC y no noto resultados, y la verdad que me estoy enloqueciendo con la picazon despues del razurado. Pude ser normal que demore tanto los resultados? Si te duele cuando aplicas el pulso de luz no debes aumentar el nivel de energía. En cambio, si tu piel es clara y no te duele, una posible solución sería aumentar al ajuste al siguiente nivel. Siempre consulta la tabla del manual de la depiladora. Sin embargo, es mejor que consultes con tu médico de cabecera para que pueda evaluar tu caso concreto. Hola estuve mirando por ebay y hay unas depiladora chinas a la mitad del precio de las de marca! Sirven también? Vienen completas con los tonos de piel y para adaptar ala rostro! Tengo mi duda si podrías ayudarme. Sí puedes, hay todo tipo de vello entre las mujeres que usan las depiladora de luz pulsada para depilarse en casa. Tienes que ver qué nivel de energía de los 5 posible debes seleccionar en función de tu tono de piel. Te dejo un enlace del manual. Léelo y si tienes alguna duda me dices. Guardar mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Recibir un correo electrónico con los siguientes comentarios a esta entrada. Recibir un correo electrónico con cada nueva entrada. Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios. Preguntas frecuentes Depilación de zonas íntimas. Depiladoras de luz pulsada: todo lo que debes saber para comprar la mejor. Opiniones que debes tener en cuenta antes de comprar. Braun Silk-Expert Pro 5: analisis, precio y opinión de la depiladora de luz pulsada. Philips Lumea Prestige o Advanced. Guía para elegir una depiladora de luz pulsada de Philips Lumea. Comments Hola a todos, muchas gracias por el artículo. Hola Laura, se puede sin problemas. En el fondo, ambos métodos tienen el mismo fundamento. Un saludo! En los pelos encarnados no es aconsejable usar la luz pulsada. Te recomiendo que suspendas el tratamiento y que le consultes a tu médico. Hola María, depende del modelo. Hola Ana, mejor recién afeitada y si lo prefieres dejando que tu piel se calme después del rasurado. Hola Laura, no parece que sea por el tono de piel. Hola Lourdes, puedes hacerlo sin problema. Si no puedes subir de potencia, sigue como vas, y depílate entre sesiones con otro método. Saludos y gracias por tu comentario. Muchas gracias por el artículo, fue de mucha utilidad. Hola Maria Paula, la puedes usar con el accesorio facial. El mantenimiento depende del pelo que te vuelva a crecer. Lo que no debes hacer nunca es aplicar un tratamiento semanal. Primero que nada muchas gracias por este gran articulo. Ha resulto dudas que no lograba aclarar. Hola Alejandra, he estado mirando pero no encuentro la fluencia lumínica de la depiladora. Ese es el dato clave. Realmente no conozco esa depiladora. Así no interfieres en la depilación. Hola Karen, No se deben solapar pulsos. Con el implante, creo que tampoco debes hacerlo. No sin antes consultar a un médico. Muchísimas gracias por responder a mis dudas y por la rapidez. Yo te recomiendo, que primero hagas una prueba y veas al día siguiente los resultados. En algunos manuales te lo indican expresamente. Por efecto secundario se entiende que la piel se haya hinchado, que te duela, etc. Muchas gracias por toda esta informacion! Es muy util el articulo. Muchisimas gracias!! Hola Marina, es una pregunta difícil de responder. Mejor que no utilices la depiladora en esa zona. Hola karinna, para depilarte en casa, puedes ver el artículo sobre las mejores depiladoras de luz pulsada. Hola, He leido todo tu post, mil gracias! Hola Lorena, en la luz pulsada hay que balancear la efectividad del tratamiento con la seguridad. Si hablamos de efectividad, los factores que influyen son: 1 la energía — se mide en julios x centímetro cuadrado 2 La profundidad a la que llega esa energía longitud de onda en nanómetros De nada sirve una depiladora que emita mucha energía, si esta no llega a la profundidad necesaria. Espero haberte aclarado tus dudas. Hola Lara, te puedes hacer varias zonas en una misma sesión. Hola Miriam, no se puede usar ninguna depiladora de luz pulsada. Saludos y gracias por el comentario. Bea, eso deberías consultarlo con un médico. Hola Ana, la clave es que observes el vello que te sale. Agradecería mucho su ayuda. Saludos a tod s!!! Hola Eva, No sé que modelo de depiladora tienes. Gracias por tu comentario! Hola María, puede haber varios motivos por los que no emita el pulso. También cabe la posibilidad de que no esté funcionando correctamente. Es mejor que se lo comentes a ellos: España Tel. Si para depilarte con luz pulsada eliges una habitación bien iluminada te va a resultar menos molesto Saludos. Hola María, Te respondo a tus dudas: 1. Yo no te recomiendo que hagas experimentos en tu propia piel. Hola lanita, la puedes usar de las dos formas. Me alegra mucho poder ayudarte. Hola Nicol, si tienes vello crecido sí. Siempre hay que dejarlo afeitado antes de aplicar los pulsos de luz. Hola Mary, son los pulsos de luz de la depiladora. Espero su respuesta. Hola, leí todos los puntos pero igual quedé con una duda. Hola Valeria, Las depiladoras que se venden aquí en España no necesitan usar gel. Hola Belén Puedes usar cera. Hola Paola, todavía llevas pocas sesiones. Tengo una dwpiladora silkn glide de 1 año y ahora no quiere dar los disparos. Por que? Hola Roxy, es raro que en un año hayas agotado todos los pulsos de luz de la depiladora. Lo mejor es que te pongas en contacto con el vendedor. Gracias, podriar ser por la potencia del enchufe de mi casa? Roxy, comprueba que pones toda la ventanilla en contacto con la piel. Hola Agus, Mira este artículo , vas a encontrar respuesta a tus dudas. Saludos y gracias por tus comentarios. Espero haberte ayudado. Suerte irma, si quieres nos escribes dentro de unas semanas y nos cuentas tu experiencia. Irma, entre seguridad y efectividad del tratamiento, siempre hay que optar por la seguridad. Es mejor que te centres en las zonas que no sientes dolor. Tengo implanted mamarios, puedo usar Lumea en la zona de las axilas? Consultado el 24 de julio de Radio Unnameable Film Documentary. New York: Lost Footage Films. Archivado desde el original el 28 de julio de Consultado el 25 de junio de Public Broadcasting Service US. After Senate approval, the treaty that went into effect on October 10, , banned nuclear weapons testing in the atmosphere, in outer space, and under water. Reuss American Folk Music and Left-wing Politics, Scarecrow Press. Rush to Judgment Paperback, edición. 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In contrast to the other Philadelphia papers, Yarrowstalks leaned away from the politics. Like New York's East Village Other and the San Francisco Oracle, Yarrowstalks was among the first underground paper to explore the graphic possibilities of cold-type offset printing. Color was splashed over pages with sketches and text. The Oracle, particularly, was responsible for making newspaper graphics an art form, and it published some of the most beautiful and trend-setting psychedelic art of the s. Yarrowstalks was Philadelphia's Oracle. It was the first of the undergrounds to publish the cartoons of Robert Crumb, an ex-Hallmark illustrator who has become the leading artist of underground "commix. Natural, he captured the feeling of the movement. Natural graced Yarrowstalks that summer and subsequently appeared in most of the alternative publications in the country. The family never learned the name of the shooter, and no one was ever prosecuted. I mean, so what? Kent State University Press. Consultado el 15 de octubre de A policeman was killed in rioting last week, and people were arrested. Houston Police Officers' Union. Archivado desde el original el 15 de octubre de Chief Short, like all of the other officers, took cover wherever possible. The chief directed officers to fire only when fired upon and only above the building or directly at a known source of the gunfire. Schneider said that there were two officers and a TV newsman in front of him. He said that Officer Louis Kuba was directly behind him with his hand on Schneider's shoulder. Heavy fire continued from the dorm and Schneider suddenly felt Kuba's hand become limp. Turning, he saw the officer slumping backward into Gearhardt's outstretched arms, an expressionless look on his face and blood pouring from his forehead. It was war. He died at a. Hunt 1 de mayo de Vietnam Veterans Against the War. Rogers held a press conference upon his return from his Vietnam service as a chaplain's assistant announcing his opposition to the war. Barry recruited him and at some point he became "vice president" of VVAW. Rucker; James N. Upton Encyclopedia of American Race Riots. Vanity Fair. Who were the true movers behind the Haight-Ashbury happening that turned America on to a whole new age? Pepper formally ushered in an unforgettable season of hope, upheaval and achievement: the late s and, in particular, 's Summer of Love. In its iridescent instrumentation, lyric fantasias and eye-popping packaging, Sgt. Pepper defined the opulent revolutionary optimism of psychedelia and instantly spread the gospel of love, acid, Eastern spirituality and electric guitars around the globe. No other pop record of that era, or since, has had such an immediate, titanic impact. This music documents the world's biggest rock band at the very height of its influence and ambition. Ahora las miradas se esquivan con temor, te pierdes, te refugias en el rechazo que significa aceptar —siempre aceptar sin elegir— y entonces él siente que las cosas han dejado de marchar, que han torcido su rumbo. Él empieza a comprender el significado de tu sufrimiento. Andas por la calle y al encuentro con amigas se te enrojece el rostro o esquivas el encuentro, inventas una excusa para cambiar de acera. Vas al teléfono, miras en el directorio, tratas de comunicarte con gente a quien parecías haber olvidado. Te detienes en las vitrinas y vuelves otra vez la mirada infantil del deseo que no puede satisfacerse. Tus ojos se esconden, mencionas a gentes que él no ha conocido y los sitios recorridos antes se han olvidado. Se transforma todo: hablas, regañas, objetas, miras a un futuro y te ves sola. Duermes y es como si realmente vivieras en el sueño lo que quieres eludir despierta. Te rebelas contra tu indiferencia y ahora es otra la forma de responder y rechazar que él tiene que aceptar por temor de perderte. Algunos días te encierras en el cuarto y cuando él se acuesta finges dormir y, de espaldas, sientes mortificante la presencia de su cuerpo. Sí, has escuchado ya esa voz y sientes que algo muy pesado se va de ti. Y ahora sí la madre sintió miedo de decirlo y se sonrió como quien quiere y no quiere la cosa, mordiéndose los labios. Las calles, casi desoladas, tenían un ambiente como de ceremonia por comenzar. El anuncio se propagó por todo el barrio. Cachito se rio: en su casa tenían el radio prendido a todo volumen y se oía a la Sonora Matancera tocando una guaracha, con la voz inconfundible de Daniel Santos. Tosía, siempre tosía con el cigarrillo en la boca. Hablaba del eclipse y decía que debíamos prender las velas temprano y no salir de la casa y rezar para que no durara. El padre Maldonado cobra de-a-peso por cada vela bendita. Puso otra en la cocina. Las manos golpeaban sobre latas y botellas y, entonces, el grupo se convertía en una orquesta de verdad. Siempre lo veía leyendo su periódico o escuchando el noticiero de la radio. Me quedé dormido y desperté al mediodía, cuando todo el mundo hablaba de lo que habían hecho mientras esperaban el eclipse. El padre Maldonado dijo que se había aplazado para otro día. Toda la tarde estuvo sonando y muchos hombres y mujeres empezaron a salir borrachos a las calles, cantando, celebrando porque el eclipse no había llegado. Tres días después, todavía las tiendas seguían oliendo a cerveza derramada y algunos borrachos caminaban zigzagueando, temblorosos, con botellas en las manos. Otros se habían dormido en plena calle. El padre Maldonado pasaba cerca de ellos, los miraba asqueado y seguía con la vista bien alta, musitando una oración. Los borrachos trataban de decirle algo ofensivo a su paso, pero él se hacía el que no los oía. Iban a declarar día cívico en acción de gracias, pero fue imposible reunir a la gente, pues la mayor parte de los hombres seguían borrachos. Pajizo, jejejeje, caballero. Pa-ji-zo con pe. Cambió a los muchachos y se paró en la puerta y dijo:. Fue cuando oí un ruido que venía de afuera y me sobresalté. Un día regresó a mi casa y agaché la cabeza al verla. Y me dio rabia. Desde lejos se olía el incienso que subía y lo envolvía todo. Yo estaba estrenando pantalones largos y al arrodillarme puse un pedazo de papel que había traído para no ensuciarlos, pensando en el polvo del suelo. Y ella, muy seria, preguntó si había confesado todos los pecados. Ella no pudo contener un grito, una desgarrada y feliz exclamación. Yo estaba entonces muy chiquito cuando él se fue. Me dio un ataque de tos que no paró sino al rato. Me imaginaba a mucha gente pendiente de los relojes, midiendo el transcurso de los minutos, esperando la medianoche. No sé en qué momento pasó, pero me empecé a dormir. Al abrir los ojos pude ver la claridad que entraba por una de las ventanas, apenas cubierta por una tela blanca. Al despertar —recuerdo— estaba realmente mojado. Me quedé parado y mudo. Miré al negro y vi que estaba con una capa brillante que dejaba escurrir el agua a montones y su cara relucía brillante y grasosa. Sus ojos se veían blancos, a veces amarillos, dos pepas enormes, blancas-amarillas. El primer impulso, la primera ocurrencia, fue correr. Sentía perder las fuerzas. Esa noche, a punto ya de caer en las manos del negro, y él de caerme encima con su cuerpote y sus botas de gigante y su capa brillante y mojada, desperté. Ella había cogido la costumbre de burlarse de mis sueños y eso también me molestaba. Yo le dije que había soñado con un negro que me perseguía. Recordé lo que él había dicho cuando llegamos al puerto, yo apenas con ocho años. En esos días entré a la escuela. Pero no pude obedecerle: en la escuela casi todos eran negros. Todos se echaron a reír. En el recreo estuve con rabia. Apenas se calmó le dije lo que me había pasado. Estaba tan disgustado que se paró de la silla y prendió un cigarrillo y se metió a su cuarto. Yo también me metí al mío. No dije nada. Me desperté asustado y comí sin ganas. Algo debe pasarle. Y no respondí nada. Prefería tragarme las cosas del sueño así como me tragaba los pedazos de pan. Yo sentí que se me iba la luz, que, como en las películas de vaqueros, también veía estrellas con el primer puñetazo. Pensé que al día siguiente todos me iban a preguntar que cómo había sido y que, seguramente, empezarían a respetarme. Luego, sonriendo para sí, me había mandado a estudiar. También me acordaba de las cajas de cartón en que venían envueltas nuestras cosas, del pito del primer tren y del sudor de la gente por todas partes, de los brazos desnudos y de los niños que andaban con sus barrigas como infladas, también desnudos, sentados o parados en las puertas de las casas de madera. Me gustaba comprar helados, los mordía. Me fastidiaba que dijera sí o no para todo. Me dio miedo, entonces. Iniciaron la pedida del juego. Wilfrido, el muchacho al que había privado en la pelea, insistió en que jugara en su equipo. Todos insistieron. Me dio pena. Pero tuve que hacerlo. Ellos se rieron cuando me vieron sin pantalones. Claro, se reían del color. Me reí, nerviosamente, pero con rabia, y me tapé con las manos. Jugamos toda la tarde, hasta que se vino la lluvia y la marea empezó a subir y a inundar el campo de juego, a penetrar por los manglares cercanos. No podía hablar: sabía que si abría la boca sería peor, estallaría inmediatamente. Todavía seguía, como suspendida, una escena del partido, cuando había tapado un penalti. Y yo contenía el llanto, no quería llorar aunque me matara, aunque empezara a echar sangre por todas partes y todo el sueño y el cuarto y la casa y la calle y la ciudad se inundaran con mi sangre. Mañana sería domingo y la idea de no salir me ponía triste. Solo, sentado en la cama, sin poder contener el llanto, lo maldije una y mil veces, pensando que lo que me había hecho no se lo perdonaría nunca. Al rato fue pasando el llanto. Me dio envidia de Alberto. Sabía que en matiné darían una con Johnny Weismüller y que a la salida todos los muchachos se meterían a la tienda a comentarla. Eché saliva a la punta de la camisa y traté de quitarlas presionando fuerte. Tenía fiebre. Me daba fiebre siempre. Al rato volvió con agua tibia y empezó a ponerme paños, de la espalda hacia abajo. No dejaba de pensar en lo del sueño: resultaba que la cara del negro era la misma cara de Wilfrido. Y suspiró hondo. Seguramente, quería llenar de aire sus pulmones para poder alentarme. En la calle, se me empezó a ir la rabia y la tristeza de todo el día y sentía una alegría rara, como si el aire trajera un extraño roce, como si en la manera de entrar en el cuerpo trajera esta deliciosa frescura que me producía ganas de reír. La mujer tenía al hombre abrazado y él parecía estar-mordiendo-una-oreja. Era una de Marilyn Monroe. Empecé a dar vueltas, con las manos en los bolsillos. Me miró de arriba-a-abajo y se sonrió. Acomodado en mi banca vi que pasaban los cortos de la próxima semana. Recordé que un día, cuando pasaba para el colegio, me había llamado y mostrado unas postales con mujeres desnudas. Los inadaptados , vi, y esperé ver, dentro de poco, el tremendo cuerpo de la Monroe en un baño. Volvió la vista hacia los periódicos, y, por espacio de veinte segundos que podían haberse contado con exactitud mantuvo clavada la vista en aquel rostro que se le parecía. Ahí estaba, junto a la mesita de noche, una foto suya de joven para establecer la comparación: miraba el retrato y comparaba. Salvo el notorio lunar de la mejilla derecha que ella había pintado levemente de negro, los dos rostros parecían idénticos. Oyó que una de las hijas llegaba corriendo al cuarto, alarmada, pero sonriente. La madre se levantó de un tirón. Y se quedó abstraída, mirando no se sabe dónde. De pronto, como por un gesto de magia, la casa entera se sumió en un silencio absoluto. No tuvo tiempo de repasar de nuevo el trajín como ya lo había hecho por cinco veces consecutivas : todo el trajín de la mañana, cuando al mirar el periódico, pegó un grito que se oyó seguramente en todo el vecindario. Al rato entró la muchacha con un montón casi insostenible de periódicos que fueron abiertos todos a la vez, como si existiese la sospecha de no hallar en algunos de ellos el mismo rostro. Acosados por el deseo de decirlo a alguien. Cuando la madre salió a la sala, llevando dos periódicos en la mano, los hijos apresuraron sus llamadas. El corre-corre por los corredores, por las habitaciones inmensas, llegó a la confusión. Afuera, ya todo el vecindario se había enterado de la noticia. Después de haber visto la fotografía y de imaginar aquel rostro en movimiento, por un extraño efecto de los ojos fijados tanto tiempo en él, la madre, las hijas y el hijo sintieron que los pies pesaban por el cansancio. Fue cuando la madre dijo que debería descansar y cuando los hermanos dejaron que la casa recobrara el silencio que había tenido antes de las siete de la mañana y de la llegada de los periódicos. Y la respuesta lo dejó en silencio. La mujer vuelve. Recuerda que había conseguido el embarque de mesero y que después se bajaría en Nuevayork, yéndose en un barcopirata, de esos que contratan sin compromiso. En la puerta de la casa reconoce la voz del padre que grita y el ladrido del perro del vecino. Ernesto había experimentado una especie de resignada incomodidad. Ernesto había estado en silencio un rato. La madre se había quedado en silencio. Cuando se apagó la luz volvió el brillo deslumbrante de la ciudad y una pesadumbre que él hizo mayor al abrir los ojos a la estrechez del cuarto, al recordar la impresión de las calles, la de los rostros, el Paladium ardiendo en ritmo en los cientos de cabezas apiñadas y en los cientos de cuerpos estremecidos, y sentía la impresión de un mundo resquebrajado, pacientemente resquebrajado en su caída. Fue entonces cuando pensó volver. No pudo soñar, ni dormir siquiera: escuchó cada golpe del reloj en el cuarto de los padres y trató de reconstruir su llegada al bar con la vista puesta en la mesa de los desconocidos. Y pensar que era un muchacho de esos que se le veía lo bueno por encima. La madre había concluido diciendo esto con un bostezo, haciendo una mueca, seguramente de pena. Un día vino su hermano a preguntarme por usted, que quería saber su dirección, pero como nunca supimos dónde andaba usté, no se la pudimos dar. Después, Ernesto se había despedido de ella y había mirado el cuarto que tenía adelante. Ella había reparado en la figura del hijo con satisfacción. Un día tuvo una pelea del carajo con tres tipos y los tumbó a todos: desde entonces, todos empezaron a respetarlo, lo miramos con respeto y queríamos saludarlo, pero él nunca se dejaba: siempre se mantenía serio. Despacio, reparando en la gente, todos desconocidos, experimentó una alegre vanidad al sentirse mirado. Chavito casi se mea y Luisprieto no hizo sino reírse. Ernesto, al despedirse trató de conservar una imagen bastante débil, venida de pronto: estaba de pies ante El Profesor, con pantalón corto y blusa marinera, serio, asustado esperando que este asentara su enorme regla, en golpes regulares sobre la palma de las dos manos extendidas pacientemente. Retuvo por un instante la imagen, pero inmediatamente sintió la presencia de sus compañeros, en la imagen siguiente que trataba de superponerse en su memoria. Creen que no soy de aquí. Trabajaba para ser alguien. Cuando viene el verano muchos trabajan. Se meten todo el día y trabajan porque quieren ser alguien. No es como aquí: parranda de perezosos y sinvergüenzas sin aspiraciones. Como Willy: hay que ver que llegó de Puerto Rico sin cinco en los bolsillos: estuvo aguantando hambre en Nueva York varios meses. Y siente los olores cercanos: quiere apropiarse de ellos. Siente todos los sabores y los retiene entre la lengua y los paladares. Willy, ese sí es un hombre de empuje. No como esta manada de muertos de hambre sin aspiraciones. Pero de dónde van a sacar aspiraciones estos desgraciados si tienen que bultear todo el día y cuando salen de trabajar se van a bebérselo todo en cerveza, sí, aspiraciones es lo que les falta a todos, como si el mundo se fuera a acabar hoy mismo. Era el constante e ineficaz juego de la memoria tratando de evocar aquellas cosas perdidas. Las casas arruinadas y el puerto envuelto en ese fuego que la marinería desafiaba cuando bajaba de los barcos, borracha e insultante, hacia las zonas de prostitución, le recordaba a la marinería borracha e internacional de la gran ciudad que seguía clavada en esas largas y tercas evocaciones. Tony, el jamaiquino que lavando platos hizo una fortuna. No pudo evitar un recorrido de la mirada por el cuerpo del hombre, que lo miró con admiración. Iba con frecuencia al inodoro en donde prendía un cigarrillo de marihuana que luego ofrecía a sus amigos. Aquí lo vimos atendiendo con una mano que no movía nunca, caminando pandiado. Entonces el patrón lo puso a vigilar a los que llegaban y que a veces se iban sin pagar la cuenta. Luego, ya no pudo hacer nada el pobre Tito. Se lo mandamos a hacer, hicimos una colecta y se lo llevamos a su casa. Ahora lo traen a eso de las siete, a hacer nada, como usté ve. A eso de las tres de la mañana lo lleva el hijastro a su rancho. Pagó la cerveza y salió. Recordó luego el cuarto en donde había estado durmiendo y el rostro de la madre, la pesada humildad de su voz y la indiferencia del padre leyendo el periódico. Y entonces, ahí estaban el Paladium, y Willy, un muchacho joven hablando inglés con su mujer que engordaba, frente al televisor. Después de dos semanas de estarlo pensando, llegó a la casa: los hermanos habían olvidado o se habían cansado de preguntar por nuevas frases en inglés. Los idiotas de los servicios sociales no entendieron nada de lo que les dije. Abrí mi hogar para ti, te di de comer y me aseguré de que fueras a la escuela. Sin mí habrías pasado hambre. Estuve allí cuando necesitaste que alguien se ocupara de ti. Estaré esperando cualquier mis Dejando el sobre abajo en la bandeja de la cama, agarró los carriles laterales de la cama tan firmemente que sus nudillos se pusieron blancos. Ella siempre dejó claro que el Estado no le daba bastante para ocuparse de nosotros". Volteó la mirada en la joven mujer. Cualquier deuda que piensas que le debes, esa se pagó hace mucho tiempo. No mereces que se aproveche de tu bondad así, Rose. Eres una persona demasiado buena para ser tratada así". Rose había oído por tanto tiempo sobre cómo le debía a Delores por haberse ocupado de ella que creía que era una deuda que nunca podría pagar, sin tener en cuenta sus sentimientos personales sobre esto. Tener a alguien para expresarle los sentimientos que habían estado enterrados profundamente dentro de ella era algo que no esperó. Mereces lo mejor", Ronnie dijo. Dio un resignado suspiro. Estiró su mano y tomó la mano de Rose entre las suyas. Me encantaría oír acerca de ellos". Ronnie iba a intentar y sacarle la vuelta a esto pero la expectante mirada en la cara de Rose cambió su opinión. Se movió en su asiento, deseando estar usando jeans en vez de sus pantalones de vestir. Somos Susan, Tommy y yo. Susan es completamente lo opuesto de mí. Ella dirige los seguros Cartwright. Tengo que advertirte sin embargo, no permitas que te atrape sola en una fiesta. Una vez que logra atraparte no te deja ir hasta que sepa todo hasta tu tipo de sangre". Le tomó seis años y tres universidades para obtener su licenciatura porque no puede aplicarse él mismo. La familia insistió que lo pusiera a cargo de algo así que le di la División de Bienes Inmuebles". Por eso tuve que regresar a la oficina ayer. Odio la irresponsabilidad". Su conversación fue interrumpida por la llegada de la doctora Barnes. Ronnie, ella es la doctora Barnes". No vio la sonrisa formarse en la cara de Verónica por el título otorgado. Miró la tabla de Rose por un momento e hizo una anotación. Dejó la tabla abajo y se trasladó a la cabecera de la cama para comprobar las puntadas en la mejilla de Rose. Parecía una cosa natural para hacer cuando venía para Rose. Cartwright", la doctora corrigió, sin impresionarse con el nombre de la alta mujer. Le haré una prescripción para el dolor y debe volver el próximo viernes para retirar las puntadas de su cara. Al mismo tiempo miraré sus piernas y tobillo entonces veremos adónde vamos de allí". Yo no Deja que me ocupe de esto. Confía en mi". Habló suavemente, como si calmara a un pequeño niño. Mantuvo su mirada, dejando que el intenso azul buscara y calmara al verde, intentando silenciosamente transmitirle que todo estaría bien. Finalmente la joven mujer dejó salir una pesada respiración y asintió, poniendo su vida en las manos de la mujer que parecía tan dispuesta a ayudarla. Tan asustada como la perspectiva parecía, había un confort en saber que Ronnie estaba allí para ella. Sugiero que consiga para su casa a un asistente de la salud o una enfermera privada si puede permitírselo". Ese comentario ganó un levantamiento de cejas de la mujer que había donado seis cifras al hospital el año pasado. Hizo otra anotación en la tabla. Era un inesperado giro en los acontecimientos, pero uno que podría manejar. En alguna parte en el curso de intentar compensar su error, a Verónica Cartwright había comenzado a importarle. Firmaré los papeles de la alta antes de que comience el resto de mis rondas". Giró la mirada en su paciente. Grayson, he oído que se encariñó bastante con nuestra comida". Su intento de bromear no fue recibido tan bien como esperaba, ganando solamente una débil sonrisa de la rubia. Quiero dar una mirada a esas piernas también". Su teléfono celular estaba constantemente encendido, agotando la batería bastante que la ejecutiva tuvo que recurrir a usar el teléfono de la habitación de Rose para terminar sus preparativos. Pero no importó cómo duramente intento, Ronnie no podía conseguir que entregaran la cama ese día. En la frustración les dijo que solo entregaran los otros artículos y llamó a varias mueblerías hasta que encontró una que vendía camas ajustables. Incluso eso tomó un poco de trabajo para convencerlos que enviaran un camión con ésta ese día. Entonces tuvo que llamar a María para dejarle saber lo que ocurría. Explicó al ama de llaves de su confianza que habitación iban a ocupar y qué artículos necesitaban ser movidos para hacer espacio para el mobiliario nuevo. La llamada siguiente había sido a un servicio privado de ambulancias para arreglar el traslado del hospital a su casa para Rose. Colgó el teléfono y se sentó en el borde de la cama. Ahora solo esperaremos que la ambulancia llegue". Prometí que cuidaría de ti". Capítulo 3 Tanto como Ronnie quería viajar en la ambulancia con Rose para proporcionarle comodidad, estaba el jeep para considerar y la idea de dejarlo en Albany de noche era un desagradable pensamiento. No había pasado cerca del Porsche desde el accidente, aunque observó que Hans había estado durante el día anterior para comenzar las reparaciones. Eso la dejó sin ninguno de los vehículos que estuviera bien en la nieve o su preciado Mustang para sacarlo y el Mustang nunca vería el salado invierno de las calles de Albany si podía evitarlo. El conducir de Albany a Loudonville donde la casa de Ronnie se encontraba, normalmente tomaba menos de quince minutos. A menudo era considerado un suburbio rico de Albany incluso aunque era una entidad completamente separada. La gente que vivía en el prestigioso pueblo dejaba en claro que no eran residentes de Albany de ninguna manera, forma o modo. Sabiendo que cada bache significaba dolor para Rose, Verónica gruñó cuando la ambulancia golpeó un bache particularmente grande justo cuando estaban saliendo de Albany y cruzando para entrar a Loudonville. La verde y blanca ambulancia rebotó y se sacudió sobre la irregular calle, convirtiendo a Ronnie en un manojo de nervios antes de que finalmente llegaran a las lisas calles de su ciudad natal y giraran sobre la entrada Cartwright. María abrió la puerta y salió justo cuando la ambulancia subió por el camino de entrada, seguido de cerca por el jeep azul brillante. Giró su cabeza y sus ojos se ensancharon en las vistas. Cuando sintió el cambio en la altura se dio cuenta que una parte de la sala estaba hundida, algo que había visto en revistas en la biblioteca pero nunca había visto realmente en el hogar de alguien. La alfombra de pared a pared era el mismo color crema que el techo, espesa y lujosa sin una sola muestra de decolorado o desgaste. Grandes armarios de madera oscura alineaban una pared; Rose supuso que serían cerezo o caoba. Un conjunto de escaleras ocupaba otra pared. Le recordaron las escaleras del programa de televisión The Brady Bunch, excepto que en vez de tener un reducido rellano, estas escaleras curvaban alrededor en el fondo. El barandal era también del mismo intenso color que los armarios y las vigas del techo. Escuchó a Ronnie maldiciendo en alguna parte en el fondo pero no podía localizarla, no importaba como volteara su cabeza. Entonces la vio salir de una habitación en el extremo y correr arriba de las escaleras. María caminó en su línea de visión y Rose consiguió el primer vistazo real del ama de llaves. Extendió su mano. Oh, aquí viene Ronnie. Lo siento", Mike dijo. La lanzó al compañero de Mike. Ronnie repasaba atareada las instrucciones decómoo operar la cama nueva. Regresaré pronto. Puedo esperar hasta la cena". Bien, reconozco que necesito una taza de café. Solo presiona estos botones si quieres encenderlo. Éstos controlan los pies y la cabecera de la cama". Ronnie volvió pocos minutos después con un par de gruesos calcetines blancos y un ronroneador montón de pelusa anaranjada y blanca. Hace una semana no habría creído que podría significar tanto tener a alguien que se ocupara de su mascota pero ahora Ronnie entendía justo lo importante que el felino era para Rose. Se trasladó al extremo de la cama, todavía mirando la llorosa reunión entre Rose y Tabitha. Reunió el tejido de algodón en sus dedos y lo deslizó cuidadosamente sobre los dedos del pequeño pie de Rose, después sobre el pie y el tobillo cubiertos por el molde. Con el talón en el lugar, parte de la punta de los calcetines caía, claramente mostrando la diferencia en el tamaño de los pies de las dos mujeres. Te conseguiré algunos calcetines que te queden mañana". Rose no sabía si lo haría o no pero no estaría diciéndole a Ronnie que no podría hacer su trabajo en su propia oficina en su propia casa. Tabitha parecía bastante satisfecha tumbada en la climatizada cama y pronto se quedó dormida. Aunque la esculpida cara tenía la mirada desviada de ella, Rose no tenía ninguna duda de que la cabeza de Cartwright Corporation fruncía el ceño. Ronnie se levantó y se acercó a los archiveros, sacando un fajo de informes generados en computadora. Varias veces Ronnie se reclinó en su sillón de piel y dejaba salir frustrados suspiros. Eran esas veces que Rose. La joven finalmente se quedó dormida deseando poder hacer algo para disminuir los problemas de Ronnie de la forma en que la compasiva mujer había disminuido los suyos. El anaranjado y blanco felino estaba ajetreado limpiando sus patas e incluso no se molestó en levantar la mirada cuando la ejecutiva salió del cuarto. La despertaré para cuando la cena esté lista". Alcanzó un vaso del armario antes de sacar una cerveza del refrigerador. Va a permanecer aquí hasta que esté curada totalmente y no necesito que mi madre y hermana sepan sobre esto", Ronnie advirtió, deseando evitar cualquier discusión familiar. Tomó un trago de cerveza y olfateó en el horno. Incluso no pienses acercarte allí y tomar algo". María recordó que en el pasado muchas veces cuando los tenedores para la cena desaparecían los encontraba en el momento en que los sacaba del horno. Suena rico". Los ojos de Ronnie se iluminaron. Tomó otro trago de cerveza y echó un vistazo en las hileras de gabinetes. A diferencia de ti, conozco mi camino alrededor de la cocina". Encontré la cerveza sin problemas". Ronnie sonrió. Si necesitas ayuda solo dame un grito". Una vez que estuvo sola otra vez en la cocina, la cara de María dejó la sonrisa. Se acercó a las puertas corredizas y miró detenidamente afuera en la noche. Sé que ella tiene pastel de chocolate y nueces recién hecho allí y si busco realmente puede que encuentre un poco de helado para acompañarlo". La mirada de completo placer en la cara de Rose trajo una sonrisa a la suya. De modo que no sería una mala cosa. Ya regreso". Recogió los platos vacíos y salió del cuarto. Reasumió su suave rascar. Levantó a Tabitha sobre su pecho y frotó su nariz en la suave piel. Escuchó el suave ronronear por un minuto, tomando comodidad en sostener su precioso gatito. Estoy agradecida pero no lo entiendo". Cada mano sostenía un plato de postre con un gran pedazo de pastel de chocolate y nueces y una copa de helado de vainilla perforado con una cucharita mientras que una camisa de dormir café claro colgaba sobre su hombro. Dejó los platos abajo en el escritorio y dio la camisa de dormir a Rose. Conseguí mi licenciatura allí y mi maestría en Stanford", Ronnie dijo mientras le daba un plato a Rose. Mi padre murió menos de tres años después de que me gradué y entonces tomé el control de las riendas". Sabes, es curioso, no importaba lo ocupado que él estaba, encontró siempre el tiempo de asistir a cada conferencia de padres y profesores, cada juego, incluso asistió a todos los juegos de mi pequeña liga. No muchos hombres en su posición harían eso". Era el infierno criarme y estaba siempre intentando mantenerme fuera de problemas". Ronnie dejó su plato abajo y se recargó en su sillón de piel. Sonrió ante el recuerdo. Resbalaba de esa barandilla allí afuera y me caí. Me fracturé el brazo. Todas ellas viven en una comunidad de retiro cerca. Pensó que si estaba pasando todo su tiempo allí por qué no solo vivía allí, así que le compramos un condominio y asumí el control de la casa de la familia. Tiene sentido, sin embargo. Soy la mayor. Es cómo funciona en nuestra familia. Rose entregó el ahora vacío plato. Si no la hubiera tomado, probablemente habríamos puesto el lugar a la venta". Apiló los dos platos y giró alrededor en su silla para hacer frente a la gran pantalla de televisión. Esa siesta de antes ayudó". Rose se movió e inhaló agudamente. Encuentra algo para que veamos". Ronnie se había ido a la cama una media hora antes, dejando a la joven mujer sola con sus pensamientos. Le sorprendió a Rose darse cuenta justo como decepcionada estaba cuando su amiga anunció que se iba a la cama. Un incorrecto movimiento envió el atroz dolor a través de ella e inmediatamente Ronnie había estado allí. Ronnie, la sostuvo fuertemente, le susurraba consoladoras palabras, que tiernamente la acunó. Rose deseó que el abrazo no terminara nunca. Cuando Rose finalmente la soltó, fue con gran reticencia y un sentimiento de pérdida. Arriba, Ronnie estaba mirando fijamente su propio techo. Nada de eso le interesó. Lo que estaba escuchando era por el suave, melódico sonido de la voz de Rose llamarla. Con la puerta de la oficina abierta permitiendo a Tabitha entrar y salir en caso de que necesitara la caja de arena, no había seguramente manera que pasara por alto oír a Rose. Sí, era por eso que tenía que estar cerca de ella Agarrando las almohadas y la manta, Ronnie salió de su dormitorio y se dirigió abajo. Regresó las ropas de cama a su habitación y se cambió a su ropa de entrenamiento antes de entrar en la oficina para checar a Rose. Así que cuando uno de mis amigos posteó un link en Facebook sobre Kyonyuu Naito -traducción literal "noche de senos enormes"- me pareció una buena excusa para cambiarle a mi usual dieta directa de house y techno con algo un poco menos ortodoxo. Para especificar, me arriesgaría a decir que kyonyuu se refiere a lo que sea mayor a una copa D. Pero el siempre colorido lenguaje del japonés tiene varios términos diferentes para describir a mujeres bien dotadas, incluyendo oppai, que se refiere a todo tipo de senos, y el bastante perturbador bakunyuu, que se traduce como senos a reventar. Pero suficiente con la lección de japonés. El punto es que estoy usando Noche de Tetas Grandes como el título de la noche, y me apego a él -ya saben, licencia de traductor y todo eso. La fiesta, que no sólo estaba atascado de, sino a cargo de DJs mujeres con pechos de constituciones astronómicas, arrancó de manera oficial a las 5 p..

Luego pudo darse cuenta de que seguía allí por un tiempo anormal, hasta que Bikini adolescente accidental flash tetas espantarla. Estaba muerta, había escogido el zapato para morirse. Ya no podía calcular el tiempo que llevaba fumando los Pielroja aplastados entre sus dedos o contra el cenicero, o abriendo latas de Bikini adolescente accidental flash tetas o haciéndose ese Nescafé fuerte que le dejaba un sabor pesado en la lengua y el paladar.

Y ahora, cómo era su voz, uno se puede pasar horas enteras tratando de recordar un rostro y puede llegar, pero una voz, téngase duro, cómo la subía a ratos o cómo se desgreñaba cuando venían los momentos de rabia sucedidos de silencios de impotencia. Y ahí seguía el clarinete en un rincón del cuarto, fuera de su estuche.

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Levantó a Tabitha sobre su pecho y frotó su nariz en la suave piel. Escuchó el suave ronronear por un minuto, tomando comodidad en sostener su precioso gatito. Estoy agradecida pero no lo entiendo". Cada mano sostenía un plato de postre con un gran pedazo de pastel de chocolate y nueces y una copa de helado de vainilla perforado con una cucharita mientras que una camisa de dormir café claro colgaba sobre su hombro. Dejó los platos abajo en el escritorio y dio la camisa de dormir a Rose. Conseguí mi licenciatura allí y mi maestría en Stanford", Ronnie dijo mientras le daba un plato a Rose. Mi padre murió menos de tres años después de que me gradué y entonces tomé el control de las riendas". Sabes, es curioso, no importaba lo ocupado que él estaba, encontró siempre el tiempo de asistir a cada conferencia de padres y profesores, cada juego, incluso asistió a todos los juegos de mi pequeña liga. No muchos hombres en su posición harían eso". Era el infierno criarme y estaba siempre intentando mantenerme fuera de problemas". Ronnie dejó su plato abajo y se recargó en su sillón de piel. Sonrió ante el recuerdo. Resbalaba de esa barandilla allí afuera y me caí. Me fracturé el brazo. Todas ellas viven en una comunidad de retiro cerca. Pensó que si estaba pasando todo su tiempo allí por qué no solo vivía allí, así que le compramos un condominio y asumí el control de la casa de la familia. Tiene sentido, sin embargo. Soy la mayor. Es cómo funciona en nuestra familia. Rose entregó el ahora vacío plato. Si no la hubiera tomado, probablemente habríamos puesto el lugar a la venta". Apiló los dos platos y giró alrededor en su silla para hacer frente a la gran pantalla de televisión. Esa siesta de antes ayudó". Rose se movió e inhaló agudamente. Encuentra algo para que veamos". Ronnie se había ido a la cama una media hora antes, dejando a la joven mujer sola con sus pensamientos. Le sorprendió a Rose darse cuenta justo como decepcionada estaba cuando su amiga anunció que se iba a la cama. Un incorrecto movimiento envió el atroz dolor a través de ella e inmediatamente Ronnie había estado allí. Ronnie, la sostuvo fuertemente, le susurraba consoladoras palabras, que tiernamente la acunó. Rose deseó que el abrazo no terminara nunca. Cuando Rose finalmente la soltó, fue con gran reticencia y un sentimiento de pérdida. Arriba, Ronnie estaba mirando fijamente su propio techo. Nada de eso le interesó. Lo que estaba escuchando era por el suave, melódico sonido de la voz de Rose llamarla. Con la puerta de la oficina abierta permitiendo a Tabitha entrar y salir en caso de que necesitara la caja de arena, no había seguramente manera que pasara por alto oír a Rose. Sí, era por eso que tenía que estar cerca de ella Agarrando las almohadas y la manta, Ronnie salió de su dormitorio y se dirigió abajo. Regresó las ropas de cama a su habitación y se cambió a su ropa de entrenamiento antes de entrar en la oficina para checar a Rose. La joven mujer estaba todavía durmiendo profundamente así que se sintió segura para dirigirse abajo para introducirse en su entrenamiento. No había señales de María que tenía los fines de semana libre. Esto hizo que Ronnie resolviera que hacer para que ella y Rose desayunaran. Los ojos de Ronnie volaron abriéndose y bajó la mirada para descubrir su jabonosa mano acariciando su propio pecho izquierdo. Rose se despertó por el sonido de Ronnie entrando al cuarto, un plato lleno de hot cakes y tocino en cada mano. Dejó su plato en el escritorio y el plato de Rose en la bandeja antes de colocarla en el regazo de la joven mujer. Si no pienso y meneo mis dedos del pie es incluso peor, no mencionar la cosa entera del cómodo". Sus mejillas se ruborizaron levemente con vergüenza. Ronnie no sabía qué decir a ese comentario, sabiendo que si los papeles estuvieran invertidos no estaría probablemente tan bien sobre la completa situación. Ni una palabra fue dicha cuando el cuenco fue deslizado debajo de ella, hizo su deber, y Ronnie lo llevó al cuarto de baño contiguo. Bien por lo menos no tengo mi período, Rose pensó para sí misma, temiendo al hecho de que era solo en una semana o algo así. No tenía idea cómo iba a manejar eso cuando se encontrara. Quiero decir, yo sé que la doctora Barnes quisiera que las tomara para el dolor pero odio sentirme tan atontada todo el tiempo". Seré tan gentil como pueda", prometió. Rose se inclinó y se quitó la camisa de dormir de Dartmouth y se la puso delante de sus pechos. Firmes dedos bajo la jabonosa toallita trabajaban de un lado a otro de su espalda, sacando un inesperado gemido de sus labios. Supongo que me duele mi espalda de pasar tanto tiempo en esto". Mi compañera de cuarto era estupenda en los masajes". La mente de Ronnie pensó brevemente de nuevo a algunas de las otras cosas que Christine era buena. Parecía que cada dolor, cada nudo en su espalda desaparecía bajo el tacto de Ronnie. Debes haber sido una masajista". Había terminado y acaba de tirar de la camisa sobre su cabeza cuando la mujer de azules ojos volvió. Ésa fue una de las cosas que echaba de menos desde que puso su propio gimnasio privado. Cuando había estado yendo al gimnasio local, había muchas mujeres guapas que andaban por el vestidor en varias etapas de desnudo. Ronnie dejó salir un suspiro de desilusión en lo que nunca podría tener otra vez. Su experiencia en Stanford había asegurado eso. Entró para encontrar al cuerpo superior de la mujer postrada en cama cubierto por la camisa de dormir de Dartmouth, su cuerpo inferior oculto debajo de las mantas. No pensé". Estoy segura que has visto a mujeres medio desnudas antes". Ronnie miraba la pequeña bandeja. Estoy segura que si tenemos cuidado nosotras podremos hacerlo". No quiero lastimarte", Ronnie dijo con indecisión. Levantó la mirada en los penetrantes azules ojos y sonrió. Afortunadamente, las renovaciones que Ronnie había hecho cuando tomó posesión de la casa incluían una puerta bastante ancha. Con excepción de la parte del desnivel de la sala, no había lugar al Rose no pudiera ir en el primer piso. Un antiguo perchero situado cerca de la puerta junto con un soporte para paraguas que se miraba demasiado elegante para sostener un paraguas. A veces tenemos que hacer reuniones aquí y estoy segura que el Monet es examinado mucho mejor que un Witherspoon". Observó la falta de respuesta de la joven mujer. Tengo algunos de sus trabajos colgando en el cuarto de juego". Tiene una mesa de billar, un bar, tiro al blanco, esa clase de cosas. Es aquí. Te lo mostraré". No había estado aquí adentro desde hace tiempo, hasta hoy en que vine a buscar el juego Trivial Pursuit. María incluso no se molesta en limpiar aquí porque nunca se utiliza, así que no te preocupes de algo de polvo que es posible que veas". Ronnie paró de empujar la silla, caminó adelante, y abrió la puerta. Había apenas unas motas de polvo en el cuarto, a pesar de la advertencia. En la lejana pared izquierda estaba ubicado un bar completamente abastecido. En el centro del cuarto de entretenimiento una mesa de billar con el verde fieltro y al extremo derecho del cuarto había algunas pequeñas mesas con ceniceros. Aprendí a jugar billar justo en esta mesa". Recorrió sus dedos a través del fieltro en memoria. Caminó a la pared lejana y señaló una pequeña campana. Estiró su mano y recorrió las yemas de sus dedos a lo largo del suave costado de la madera de la mesa de billar. Parece un maravilloso cuarto". Ronnie agarró las manijas otra vez. La mesa hacía juego con los armarios de porcelana China construido en cada esquina así como el carro de servicio, una mesa de madera con ruedas y plegables aletas sobre los lados. Nunca lo utilizo a excepción de que la familia consiga reunirse. Yo como generalmente en la cocina o delante de la computadora. Vamos, no has visto nada todavía". Su siguiente parada fue la cocina. Ronnie empujó a Rose en el centro del cuarto para que pudiera ver todo en un solo vistazo. Es justo como esas cocinas que tu ves en las revistas", Rose dijo. El colosal refrigerador lucía paneles de roble claro en el frente, combinando con el resto de la decoración de la cocina. Una división de lujosas artes de cocina justo en el centro del cuarto y estaba completada con una cocina y. Sobre sus cabezas estaba una barra de hierro forjado sosteniendo pulidas ollas y cacerolas de cobre. Es nada excitante, nunca voy allí". Quiero decir, si no es demasiado problema". Ellas se dirigieron al cuarto de tamaño mediano. Llamarlo un cuarto de lavado era un poco una subestimación. Si viviera aquí, nunca desearía irme". Sus ojos se ensancharon en la manera en que su declaración pudiera ser tomada. Extendió el brazo y apagó la luz. Entonces regresaron a la oficina en donde miraron un maratón de las cintas de la Juez Judy que Ronnie había guardado pero había estado demasiado ocupada para mirarlos. Ronnie fingió trabajar en la computadora pero en verdad estaba solo esperando que la joven mujer se quedara dormida. Cuando oyó los suaves, tranquilos ronquidos, se alejó del escritorio de la computadora y se arrodilló junto a la cama. Estaba oscuro afuera pero con los cortos días del invierno, no podría decir si eran las cinco o las ocho. Suspiró en el pensamiento de tener que pedir a Ronnie ayudarle otra vez con la tarea. Sus ojos cayeron en el cómodo, colocado en la pequeña mesa junto a la cama. Estaba dentro del alcance de su mano Ronnie estaba cortando champiñones cuando oyó el desgarrador grito. El cuchillo golpeó el piso cuando corrió de la cocina a la oficina mientras los gritos continuaban. La joven mujer había conseguido rodar sobre su costado intentando conseguir el cómodo debajo de sí misma pero en el proceso su pierna izquierda cayó sobre la derecha y la torció, enviando intensas oleadas de dolor a través de su tobillo. Sus palabras interrumpieron en sollozos cuando ella lloró desamparadamente. Ronnie la levantó sobre la cama y tiró de Rose contra sí con un brazo mientras alcanzaba la botella de Percocet con el otro. El tapón de la botella salió volando bajo la fuerza de su pulgar. Rose tomó la pastilla completa en su boca, seguida por algunos tragos de agua para conseguir bajarla. Los sollozos disminuyeron un poco, pero sus brazos seguían envueltos firmemente alrededor del cuello de Ronnie. Dejé la puerta abierta para así poder oírte". Te he entiendo", la arrulló. Pasaron unos buenos diez minutos antes de que lograra que Rose se tranquilizara para conseguir el cómodo bajo sus caderas. Abrazó a Rose otra vez. Eran casi las dos de la mañana para el momento en que regresaron de la sala de emergencias. La cena terminó no siendo el elegante banquete que había planeado solo calentó las sobras en el microondas debido a lo tarde de la hora. Ronnie consiguió poner a Rose nuevamente en su cama y le dio una severa advertencia sobre intentar un truco así otra vez antes de meterla. Esas palabras trajeron a la mujer de cabello oscuro nuevamente a la cabecera. Ronnie dejó la taza vacía abajo sobre el escritorio y suspiró. Los contratistas fueron pagados, los recibos fueron presentados, todo parecía un negocio como de costumbre. Cayó nuevamente en su sillón y tomó el informe otra vez. La respuesta tenía que estar allí. Pero en vez de volver al mundo de los libros mayores y entradas, los ojos de Ronnie vagaron a la cama, donde el brillante sol proyectaba un resplandor alrededor de la dormida forma. Sus azules ojos comenzaron en la parte superior, observando el suave cabello color miel que enmarcaba la querubica cara. La mirada fija de Ronnie continuó descendiendo, pasando la camisa de dormir de gran tamaño y abajo a donde las curvas pararon. Con una mezcla de culpabilidad y pesar, Ronnie giró su sillón de nuevo de cara al escritorio y se metió de lleno en su trabajo. El crujido del cubrecama acompañado por un gemido de dolor anunció que la joven mujer estaba despertando. Nunca había mucho, así que extras como pedir comida para llevar era imposible". Se movió y echó un vistazo en la ventana. Llamaré para la entrega y puedes decirme todo acerca de Rose Grayson". Ciertamente nada particularmente interesante". Rose bajó la mirada a la manta por un momento, pesando sus opciones y miedos. Se sentía tan segura, tan cuidada aquí. Tenía casi dos años de edad cuando mis padres murieron en un accidente automovilístico. Se encogió de hombros. Eso es todo". Peso y Senji. Mike, el autor izquierda y Nonoko derecha. Senji izquierda and Nonoko derecha. Kensuke left and Nonoko right. DJ Underwear. La historia de la perforación del clítoris. Una de las clientas femeninas, una consejera escolar de 24 años llamada Miki, se estaba divirtiendo tanto que casi no dejaba de tocar a las DJs, agarrando cualquier parte de piel expuesta con la gracia de un participante de uno de esos concursos de "agarra todo lo que puedas en 1 minuto". Después de tener las manos llenas con las tetas de Nonoko, le pedí su opinión. Aquellos que no estaban platicando con alguna de las DJs traían el celular en mano, comparando fotos de sus "ídolas" favoritas bien dotadas. O se quedaban atarantados viendo la proyección de Oppai Volleyball -la alentadora historia de una maestra cuyas monumentales tetas inspiran a un equipo colegial a ganar el campeonato. La atmósfera me recordó a la clase de pintura de naturaleza muerta en la escuela, solo que en lugar de adolescentes privados de sexo, eran un montón de hombres que deberían saber mejor que eso. Hacia el final de la velada, no sabía exactamente cómo debía sentirme. El respeto, lo comprendía ahora, no era otra cosa que miedo a sus reacciones. Me acerqué a su cama y, tratando de leer, decidí dejar la luz encendida: los hermanos, pues todos dormíamos en el mismo cuarto, le dieron la espalda a la luz, tal vez cerrando los ojos para evadirla. Él me miró y volvió a embutir la cabeza entre la almohada. Al rato se levantó y fue hasta el inodoro. Comprendí entonces que se abría a la conversación. Dejé que fuera él quien tomara la iniciativa. Yo traté de estimular la conversación y no le pregunté por qué. Alberto tenía once años y para mí era agradable saber que tenía a otro hermano de mi parte. Habían llegado panfletos a mi poder y yo los leía en voz alta, distraído, para que ellos escucharan. Insisto: me respetaban y cada día, en secreto, veía la transformación de ellos a pesar de que en casa se insistía en el mismo ritmo de respeto. Le había agarrado el muslo, sin-ton-ni-son, inesperadamente, le había mandado la mano al sexo, narró el hermano. Sentí que recordarla me producía la misma sensación de gozo, mezclada con la sensación de culpa, aumentada y agravada por la ausencia de varios días. Antes de apagar la luz, pensé que un día de estos contaría lo de mi hermano Alberto en la clase del padre Maldonado, para ver qué cara ponía. Mira luego a Efraín, su amigo de infancia, tal vez de la misma edad suya y calcula que tal vez esté pensando las mismas cosas o, por lo menos, algo relacionado con el pasado que ahora los une en esta ceremonia. Por la extraña pero explicable razón de ese cuerpo muerto y esa atmósfera de luto que los arroja al respetuoso recogimiento de ahora. Y mira a Efraín. Ahora, en la posición de su cuerpo, en su muerte misma, hay algo que se levanta del polvo, algo que nos aclara el pasado, como si nuestra presencia allí no fuera otra distinta a la fidelidad a recuerdos comunes. Evoco, piensa, el primer día, cuando entramos por primera vez a la tienda. Tienen que ser sus familiares, piensa Efraín y eso es suficiente para pronunciar aquella frase-fórmula inmodificable. Alberto y Efraín se limitan a estar juntos y cada uno a pensar a su manera en don Pacho. Poco les importa pensar cosas distintas en ese momento, aunque podían recordarlas juntos y encontrarles semejanzas. Por ejemplo: las disputas en el colegio, el barrio en donde vivían, los padres que tenían, cosas que bien podían conformar un mundo que precisamente era el que se escapaba de la memoria en aquellos momentos. No puede dejar de pensar en el silencio de su amigo. Pero ni Efraín ni Alberto ni nadie podían resistir. Estaban allí por voluntad propia y por la misma recompensa. Alberto pensó en resistir alguna vez, pero fue sólo un instante, como el ruido de algo que cae para morir luego en una nada sin huellas. De la simple, vaga impresión, pasa a la impresión casi física: es como si algo físico irrumpiera de pronto. La sensación de una mano que empieza a bajar por el vientre, la voz que dice incoherencias. Es la mano de don Pacho alcanzando la bragueta del pantalón y desabrochando los botones con una habilidad que hablaba del ejercicio y la repetición del mismo acto. Es como si aquel cuerpo estuviera produciendo un santo-y-seña capaz de mover cuerdas-móviles-extrañas de la memoria. Usted restituye episodios de una vida que podríamos haber olvidado, piensa Alberto. Es como si lo viera vivo: su cara, a pesar de los cuarenta años, sin una sola arruga. Su rostro fuerte y cuidado. Su cuerpo, efectivamente gordo, como si el estómago hubiese corrido la suerte de sus abusos. Sus manos cuidadas y hasta algo esmaltadas las uñas. Pero sus ropas de colores oscuros y a veces camisas descuidadas. Todo el vecindario menciona su nombre y no sé, de estar vivo, si podría acordarse de nosotros. Alberto mueve la cabeza y dice algo, generalmente monosílabos. La primera frase larga que le escuchó a Efraín fue en el momento en que llegó una mujer gorda, vestida de negro. Era la mujer que le aseaba la tienda, recuerda. No envejece. Efraín sonríe. O como un profesor le dijera, con su voz afectada: magnífico, Alberto, magnífico, deje su trabajo en mi mesa cuando salga, tiene cinco. Alberto mira, escucha las voces vecinas. Le suenan vacías. Piensa: había que verlo cuando se entregaba a la oración, no faltaba a una misa y un tipo tan ocupado como él siempre estaba listo para confesarse y comulgar los primeros viernes. O como cuando daba los billetes metiéndolos discretamente en el bolsillo de la camisa del muchacho, plata que luego servía para pagar el cine matinal, pues entonces daban Invasión a Mongo , Sansón y Dalila y las películas de Resortes y Emilio Tuero. Por medio de este programa hacemos llegar a sus familiares y allegados nuestra sincera voz de condolencia. Y ahora, estimados radioyentes, sigan gozando de esta tarde sabatina con la guapachosa Sonora Matanceraaaaa. Y hablaba como lo hacen aquí en el velorio, sin descanso, las mujeres distribuidas en la sala de velación, sentadas en los rincones, dando a la atmósfera un olor particular de ropas amontonadas y secadas por el tiempo, de ropas desordenadas y desodoradas con alguna loción. Has abusado de tu cuerpo —recuerda la voz del padre Ruiz en el confesionario— y debes arrepentirte, hijo mío. Evita toda tentación: la oración fortalece. Esos hombres son gentes puestas al servicio del demonio para servir a sus propósitos y tentar a las criaturas de Dios. Reza diez avemarías y diez padrenuestros como penitencia, resuena el eco. Mira a Efraín, que parece dormido, pero de pronto ve el sobresalto de su cuerpo ocasionado por el coro que responde a una oración. Iguales a las nuestras, piensa Alberto, pero alguien hace callar a los niños de la calle porque perturban la paz. Qué duro es ver morir a la gente buena y honrada: Dios lo tenga en su sagrado reino, dice la mujer gorda a la hermana del difunto y se santigua varias veces. Y entonces, la ciudad, afuera, parece detenerse, parece, mejor, detenida. Se despiden de la hermana y esta los conduce hasta la puerta del salón. Los mira. Son distintos, debe de haber pensado. Ya se hicieron mayores, los ha visto crecer pero no sabe los nombres de los muchachos que visitaban al hermano muerto. Muerto que se olvida. Sangre que se pierde. Oración que se agota. Nombre que se oxida. Era como haberse desprendido de algo a lo cual se ha estado sujeto durante tiempos inmemoriales. Quieres aceptar que todo marcha como lo deseas. Vuelves al sillón y miras una revista, apenas sin voluntad, o te paseas o te arrojas pesadamente sobre la cama y miras los papeles amontonados en el escritorio o piensas, piense que piense, tratando de fijar la atención en cada momento lleno de una riqueza capaz de sostenerte fortalecida. Dudas, y no quieres que así sea: significa volver, vacilar, darte a la tarea del remordimiento. Los meses se han contado y las horas medido y las experiencias seccionado y fraccionado para constatar si ha sido, verdaderamente, la gran decisión de tu vida. Es como si te estuvieras desprendiendo de las mejores cosas entrañables y tuyas. No descubres en ti sino una especie de frialdad resignada: antes te acercabas mimosa a él, ahora permaneces horas enteras aislada, inmóvil, escrutando no se sabe qué cosas, viviendo en el vacío. Ahora las miradas se esquivan con temor, te pierdes, te refugias en el rechazo que significa aceptar —siempre aceptar sin elegir— y entonces él siente que las cosas han dejado de marchar, que han torcido su rumbo. Él empieza a comprender el significado de tu sufrimiento. Andas por la calle y al encuentro con amigas se te enrojece el rostro o esquivas el encuentro, inventas una excusa para cambiar de acera. Vas al teléfono, miras en el directorio, tratas de comunicarte con gente a quien parecías haber olvidado. Te detienes en las vitrinas y vuelves otra vez la mirada infantil del deseo que no puede satisfacerse. Tus ojos se esconden, mencionas a gentes que él no ha conocido y los sitios recorridos antes se han olvidado. Se transforma todo: hablas, regañas, objetas, miras a un futuro y te ves sola. Duermes y es como si realmente vivieras en el sueño lo que quieres eludir despierta. Te rebelas contra tu indiferencia y ahora es otra la forma de responder y rechazar que él tiene que aceptar por temor de perderte. Algunos días te encierras en el cuarto y cuando él se acuesta finges dormir y, de espaldas, sientes mortificante la presencia de su cuerpo. Sí, has escuchado ya esa voz y sientes que algo muy pesado se va de ti. Y ahora sí la madre sintió miedo de decirlo y se sonrió como quien quiere y no quiere la cosa, mordiéndose los labios. Las calles, casi desoladas, tenían un ambiente como de ceremonia por comenzar. El anuncio se propagó por todo el barrio. Cachito se rio: en su casa tenían el radio prendido a todo volumen y se oía a la Sonora Matancera tocando una guaracha, con la voz inconfundible de Daniel Santos. Tosía, siempre tosía con el cigarrillo en la boca. Hablaba del eclipse y decía que debíamos prender las velas temprano y no salir de la casa y rezar para que no durara. El padre Maldonado cobra de-a-peso por cada vela bendita. Puso otra en la cocina. Las manos golpeaban sobre latas y botellas y, entonces, el grupo se convertía en una orquesta de verdad. Siempre lo veía leyendo su periódico o escuchando el noticiero de la radio. Me quedé dormido y desperté al mediodía, cuando todo el mundo hablaba de lo que habían hecho mientras esperaban el eclipse. El padre Maldonado dijo que se había aplazado para otro día. Toda la tarde estuvo sonando y muchos hombres y mujeres empezaron a salir borrachos a las calles, cantando, celebrando porque el eclipse no había llegado. Tres días después, todavía las tiendas seguían oliendo a cerveza derramada y algunos borrachos caminaban zigzagueando, temblorosos, con botellas en las manos. Otros se habían dormido en plena calle. El padre Maldonado pasaba cerca de ellos, los miraba asqueado y seguía con la vista bien alta, musitando una oración. Los borrachos trataban de decirle algo ofensivo a su paso, pero él se hacía el que no los oía. Iban a declarar día cívico en acción de gracias, pero fue imposible reunir a la gente, pues la mayor parte de los hombres seguían borrachos. Pajizo, jejejeje, caballero. Pa-ji-zo con pe. Cambió a los muchachos y se paró en la puerta y dijo:. Fue cuando oí un ruido que venía de afuera y me sobresalté. Un día regresó a mi casa y agaché la cabeza al verla. Y me dio rabia. Desde lejos se olía el incienso que subía y lo envolvía todo. Yo estaba estrenando pantalones largos y al arrodillarme puse un pedazo de papel que había traído para no ensuciarlos, pensando en el polvo del suelo. Y ella, muy seria, preguntó si había confesado todos los pecados. Ella no pudo contener un grito, una desgarrada y feliz exclamación. Yo estaba entonces muy chiquito cuando él se fue. Me dio un ataque de tos que no paró sino al rato. Me imaginaba a mucha gente pendiente de los relojes, midiendo el transcurso de los minutos, esperando la medianoche. No sé en qué momento pasó, pero me empecé a dormir. Al abrir los ojos pude ver la claridad que entraba por una de las ventanas, apenas cubierta por una tela blanca. Al despertar —recuerdo— estaba realmente mojado. Me quedé parado y mudo. Miré al negro y vi que estaba con una capa brillante que dejaba escurrir el agua a montones y su cara relucía brillante y grasosa. Sus ojos se veían blancos, a veces amarillos, dos pepas enormes, blancas-amarillas. El primer impulso, la primera ocurrencia, fue correr. Sentía perder las fuerzas. Esa noche, a punto ya de caer en las manos del negro, y él de caerme encima con su cuerpote y sus botas de gigante y su capa brillante y mojada, desperté. Ella había cogido la costumbre de burlarse de mis sueños y eso también me molestaba. Yo le dije que había soñado con un negro que me perseguía. Recordé lo que él había dicho cuando llegamos al puerto, yo apenas con ocho años. En esos días entré a la escuela. Pero no pude obedecerle: en la escuela casi todos eran negros. Todos se echaron a reír. En el recreo estuve con rabia. Apenas se calmó le dije lo que me había pasado. Estaba tan disgustado que se paró de la silla y prendió un cigarrillo y se metió a su cuarto. Yo también me metí al mío. No dije nada. Me desperté asustado y comí sin ganas. Algo debe pasarle. Y no respondí nada. Prefería tragarme las cosas del sueño así como me tragaba los pedazos de pan. Yo sentí que se me iba la luz, que, como en las películas de vaqueros, también veía estrellas con el primer puñetazo. Pensé que al día siguiente todos me iban a preguntar que cómo había sido y que, seguramente, empezarían a respetarme. Luego, sonriendo para sí, me había mandado a estudiar. También me acordaba de las cajas de cartón en que venían envueltas nuestras cosas, del pito del primer tren y del sudor de la gente por todas partes, de los brazos desnudos y de los niños que andaban con sus barrigas como infladas, también desnudos, sentados o parados en las puertas de las casas de madera. Me gustaba comprar helados, los mordía. Me fastidiaba que dijera sí o no para todo. Me dio miedo, entonces. Iniciaron la pedida del juego. Wilfrido, el muchacho al que había privado en la pelea, insistió en que jugara en su equipo. Todos insistieron. Me dio pena. Pero tuve que hacerlo. Ellos se rieron cuando me vieron sin pantalones. Claro, se reían del color. Me reí, nerviosamente, pero con rabia, y me tapé con las manos. Jugamos toda la tarde, hasta que se vino la lluvia y la marea empezó a subir y a inundar el campo de juego, a penetrar por los manglares cercanos. No podía hablar: sabía que si abría la boca sería peor, estallaría inmediatamente. Todavía seguía, como suspendida, una escena del partido, cuando había tapado un penalti. Y yo contenía el llanto, no quería llorar aunque me matara, aunque empezara a echar sangre por todas partes y todo el sueño y el cuarto y la casa y la calle y la ciudad se inundaran con mi sangre. Mañana sería domingo y la idea de no salir me ponía triste. Solo, sentado en la cama, sin poder contener el llanto, lo maldije una y mil veces, pensando que lo que me había hecho no se lo perdonaría nunca. Al rato fue pasando el llanto. Me dio envidia de Alberto. Sabía que en matiné darían una con Johnny Weismüller y que a la salida todos los muchachos se meterían a la tienda a comentarla. Eché saliva a la punta de la camisa y traté de quitarlas presionando fuerte. Tenía fiebre. Me daba fiebre siempre. Ya es de día, dice Trabuco y la claridad empieza a aparecer sobre el cerro de Monserrate, mezclada con la bruma y el destello de los avisos luminosos. Ya es de día, dice Trabuco, y Pichita también bosteza y Rolo dice que las tripas ya formaron su orquesta, mientras se acuerda del sueño de anoche: estaba sentado al lado del Papa y levantaba la sotana. Se metía dentro de ella y empezaba a rascarle los muslos, a hacerle cosquillas en la entrepierna. El Papa decía chino malcriado, chino grosero, te vas a ir derechito al infierno y se reía. No paraba de reírse, el Papa riéndose papalmente y él perdido en sus interiores de seda. Zas, zas, empezaba entonces a darle golpecitos y el Papa: je, je, je, trataba de acomodarse en su trono, de poner orden en sus ropas, de volver a estar en condiciones de una bendición papal. Y Rolo aprueba. No era de aquí, de eso estaba segura. Y alzabas la vista sobre mis hombros para verlo. Y yo, silenciosa, empezaba a adivinar que un día vendría a nuestra puerta de la casona de Getsemaní, dejaría su maleta en la acera, llamaría y nos hablaría, así no lo comprendiéramos. Y no era otra cosa que tus celos, tus emperrados celos: querías para ti toda la ventana, el espacio cómplice de nuestra afiebrada curiosidad: querías que mis ojos fueran tus ojos para verlo y desearlo a tu antojo. Siempre habías dicho que preferías morir con el cuerpo lleno de telarañas antes que darte a un mugroso cualquiera. Porque él se lo ha llevado todo. Por estas manos ya no puede pasar nada sagrado, por estos labios ya no caben oraciones. No, Alfonsina: te he dicho que nadie es culpable o lo somos las dos al mismo tiempo. Por lo menos de edredón deberías cambiar. Decían que empezó a enloquecerse porque su padre, su propio padre, le hizo los dos hijos que hoy vienen a la hora del almuerzo con latas vacías que les llenan con sobras, desde la puerta apenas entreabierta, con recelo, con el temor de que penetren y se apoderen de cuanto les pertenece. Antes andaban tímidos, con el temor de ser despedidos en la acera. Ahora cumplen con un horario inflexible: los he visto, como si vinieran al diario rito de la mendicidad. Pero yo no le paro bolas a lo que se hace y dice en este barrio: nada me extraña. Porque nosotras, hermana, también somos este barrio y su historia. Yo de ti cerraría esa ventana, por lo menos para que sepan que nos queda vergüenza. Si fuéramos jóvenes podríamos esperar que otro y otro y otros hombres vinieran a llenar sitios vacíos, a llenarnos con su aliento. Has regresado, Gino. No hables. No susurres. Esta loba rabiosa puede oírnos, puede venir a robarte de mi lado. Gino, Gino. No te has ido. Han vuelto a la tranquilidad y aquí donde te tengo y me sostienes empiezo a contarte una historia triste:. Soy esa niña resentida que no sale del marco de la ventana y que los domingos entra a la misa, arropada, desprotegida, con el temor de que la rocen a su paso,. Trato de oírte, de sentir la voz que alguna vez trataba de comprender y que prefería en sus incoherencias. Por favor, no te muevas, Gino, no abras la puerta, no traspases el corredor, va a sentirte, va a llevarte a su lado, a consumirte, Gino. No salgas. Vienes a sobresaltarme: este sol y estos pasos, los reconozco, alguna vez los he sentido. Anda por la casa como un animal atolondrado y a duras penas me mira. Ahora ladra en su cuarto, como cualquier perra triste. Y leía las noticias de nuestros degollamientos, riéndose, como si esta sólo fuese una divertida historia de niños comparada con el infierno que él mismo decía haber sufrido. Y lo veíamos sonreír. Yo empezaba a desabrocharle la camisa y Alfonsina me miraba como si consultase la desnudez próxima que ella ya estaba adivinando y gozando. Diez años tal vez no sea nada en su vida, pero en la nuestra son algo irrecuperable. Ahora se ha ido y esto es lo que nos ha dejado. Yo, mirando por el balcón hacia la bahía, esperando una milagrosa aparición, con rabia, con un rencor que crece con mi respiración. Pensé que su fetichismo se había vuelto delirio, demencia por pequeñas cosas que él había abandonado. A mí, en cambio, empieza a importarme poco el recuerdo de collares que nunca me colgué, de pulseras que miraba con indiferencia, de anillos y prendedores que hacía años seguían guardados y olvidados. Esas cosas habían dejado de pertenecerme, Alfonsina: no eran mías, hasta podría decir que a ti tampoco te importaban: eran de nadie; las habíamos olvidado. Y el olvido, hermana, es una forma de expropiación. No llores, Alfonsina, que tus llantos van a oírse en el vecindario y nadie va a detener la ignominia de las murmuraciones. Y yo he recordado el sueño de niña, después de tantos años de haberlo soñado:. El asedio, el hambre y la peste esparciéndose por las calles y la ciudad estremeciéndose con cada estallido, agrandando los gritos de los moribundos, toda la ciudad convertida en un siniestro hospital de condenados a muerte. Nada podemos hacer como no sea la inmolación del pasado, y el pasado —hermana—, el pasado somos nosotras. Decidimos encerrarnos: el mundo que crecía a nuestro alrededor estaba lejos del que moría dentro de nosotras. Encerrarnos era protegernos. Es la loca del frente que llora. Los vecinos son, por naturaleza, torpes. Hacen daño o causan beneficios irrisorios sin llegar a ser inofensivos. Los vecinos, siempre lo dije, no pueden llegar a sospechar del momento en que muera abatido por doce disparos de pistola, ahogado en mi propia sangre y en mis gritos. Como es evidente, la figura de la víctima se va desarrollando a medida que se desarrolla el concepto de culpa. La culpa colectiva es por lo general y en estos casos, la ilusión de sentimientos —así sea parcialmente— verdugos. Y toda imagen, por imaginada que fuese, desaparecía. Al contrario. Los torturaba. Hablar del país era hablar del hijo malogrado, volver a las historias de amor adolescente, a los mismos acontecimientos que aquí se repetían en la memoria. Ellos, al menos, vivían una ficción, la creían, iban desenvolviéndola con autenticidad, la vivían endemoniadamente en esa zona que describe la imaginación cuando desplaza todo razonamiento coherente. Sí: vendría la primavera, hasta se podría andar sin abrigo, el día siguiente no sería una descarga de temblores en los huesos. Había una cama, agua caliente en el lavamanos como para desnudarme y echar cantidades sobre la cara y el tórax y la seguridad de no estar interrumpiendo el rito de violencia o ternura de Ernesto y Margarita. Sí: ya sabía que les hacía falta: iba a verlos y querían retenerme: nunca lo dijeron pero lo veía en sus gestos, en las conversaciones que se prolongaban. Leíamos en voz alta trozos de Cien años de soledad y de Rayuela , y yo iba resultando para ellos el país consciente. Veía cómo iban desapareciendo en el remolino de agua y excrementos dentro del cabinet. Podría darme risa la frase, era para que se entumecieran de risa los cojones. Esto se iba pareciendo mejor a un rito descocado, a una ceremonia tortuosa de aniquilamiento. Se estaba mejor, era cierto. Se estaba olvidando de nuestro hijo, decía Margarita. Nunca había existido pero se estaba olvidando de él. Y yo prefería callarme, no hacía comentarios: nunca hicieron falta. Seguían encerrados en su juguete, su tierna y cruel matrioshka convertida en carne y huesos averiados de un sueño: eso bastaba, tal vez. No podía concebir que apenas conocieran la ciudad. Podía envidiarlos si no pensara que en esta incapacidad de entendimiento había una sensación de frustración que los obligaba al encierro. Seguían siendo auténticos, a pesar de todo, porque no existía en ellos un espacio que los constriñera, una geografía que los tiranizara e inhibiera, este espacio era igual a otro, bien podría ser el Congo, Argelia, la Martinica o la ensimismada Suiza que desconocían. Yo no podría vivir las cosas en ese estado de inocencia después de haber bebido sus Descartes, sus razones, sus dudas metódicas, sus productos exportados, su surrealismo afiebrado, sus Malraux, sus Giraudoux, sus salaud dispersos por el mundo y todo esto se vivía como conflicto, un intento de borrón y cuenta nueva. Es posible que sólo a mí me pareciese repetida y que ellos la estuviesen viviendo como nueva en cada repetición. Eso pasa, no hay por qué negarlo. Suele pasar, a veces, cuando las cosas dejan de ser algo comprensible por todos y se cargan de un contenido especial que sólo nosotros podemos desentrañar con el lenguaje de las claves, latidos extraños que sólo nosotros podemos producir, el código cerrado de toda destrucción. Es una correspondencia especial entre nosotros y el mecanismo invisible que mueven ciertas cosas, ciertos episodios de nuestra vida, el hijo que no se tuvo y se posee y arrulla diariamente, viviendo a nuestro lado, en nuestra misma cama, los amores que no han desaparecido con sus cartas quemadas. Era posible que a ellos les estuviese pasando igual. Pero para mí era el retorno tedioso al mismo punto de partida, el retorno a un lugar ya recorrido. Y me daba pena tener que dejar de ser el testigo de un amor casto, de un amor que no podía llamar impotente y estéril porque ellos se poseían con una rabia extraña, ilocalizable, tan de ellos, ese amor morboso que me llevó al límite de la exasperación, hasta la insospechada participación. No sé, no lo podría decir, pero a veces creía estar participando con esta parte que carecían, ser una pieza imprescindible en un rito de borracheras, llantos, leyendas y ternura arrancada de la tormenta. Después de todo, ahora, yo soy el irreconocible. Sin embargo, no sólo era yo quien se lo preguntaba. Hacerme la pregunta, después de todo, era abrir el temblor de una respuesta que no acabaría en la confortable seguridad del regreso. También esta imagen me golpeaba, me sacudía los riñones: trataba de componerla, de armarla a cualquier precio y sólo podía pensar en los encierros que escogían, en esa revuelta silenciosa, en ese rechazo estéril de todo orden, una rebelión que los inmunizaba, secreta salvación de toda culpabilidad. Yo, al menos, quisiera morirme así. No saber qué van a decir los médicos que salen y se secretean, que te miran como si en media hora, pobre muchacho, fueras a convertirte en un cuerpo mutilado o un paralítico condenado a una silla, una absurda y siniestra verdad. Barcelona: Editorial Lumen, Anoche mismo había pensado que sería miserable cargar con esa culpa, dejarse abrumar tanto tiempo por los remordimientos. Lo había decidido. Una semana había sido suficiente y anoche, antes de acostarse, estuvo a punto de llorar. Primero, fue el ardor en los ojos. Recordó la escena y el escalofrío llenó parte de su cuerpo, un malestar descomponiendo sus nervios. Y en ese momento no pudo responder. Tenemos cientos de casos cada semana —pensó que se le respondería. Pero no, lo había oído en una película, no reía que en una ciudad tan pequeña pasasen cosas de película, debía cuidarse de caer en las trampas de su imaginación. Esa era la expresión. Testigo presencial de los hechos —concluyó satisfecho. La presencia física influye en estos casos —se dijo. Prefería vestirse correctamente y con modesta elegancia. Así que, una vez hubo terminado con el vestido, fue a mirarse al espejo. Tal vez debiese borrar la teatralidad de su aspecto, la impostada severidad que le daba. Volvió a dar vueltas por el cuarto y repasó el comienzo y final de los hechos: fue a la ventana y calculó. Veinte metros. No, treinta. Treinta metros desde la ventana del segundo piso a la acera opuesta. Con la hora no tenía problemas: eran las diez en punto, acababa de llegar del cine y de este al apartamento, caminando, eran veinticinco minutos. Habían obligado al muchacho a alzar las manos y recostarse contra la pared, de espaldas, mientras iniciaban la requisa. En esta parte dudó. Sólo un empujón —recordó. Un fuerte empujón —corrigió. Tenía que evitar el patetismo que suele darse a la narración de estos hechos. Pero, también, evitar las palabras y frases vacilantes, demostrarse seguro y aplomado en el recuerdo y en la exposición. Falsos testimonios —precisó. Evitar cualquier sospecha que lo colocase en la penosa situación de quien profiere falsos testimonios. Recordó que la expresión provenía de alguna vieja lección del catecismo, pero que —estaba seguro— esa era, sin duda, la figura jurídica. Hasta aquí se imaginó una narración coherente, como si recordase la primera escena de un film. El relato exigía una continuidad de tiempo acorde con las secuencias del hecho. Podría evitarse esos espere, déjeme recordar, creo que olvidé decirle, interrupciones dudosas del hilo narrativo, cortes arbitrarios del tiempo y su lenguaje. Nada de retrocesos una vez expuesto un fragmento del episodio. El funcionario de Policía, interesado en el transcurso del relato, iba a mostrarse fastidiado por las comparaciones literarias. Ya era bastante haber aceptado oírlo, darle la vacilante confianza que le demostraba al acomodarse en la silla, como si estuviese disponiendo cuerpo y alma para la narración. Una verdadera avalancha de golpes asestados por los cuatro hombres, entregados de lleno a la tarea de acabarlo de una vez por todas. Tarea de acabarlo de una vez por todas —repasó. Aunque la evidencia de esta disposición había sido inmediata, pensó que estaba aportando una cuota de subjetividad un tanto exagerada. Cabía la posibilidad —él no la descartaba— de que los cuatro hombres no tuviesen esa siniestra intención. El relato tendría que eludir, pues, las conclusiones: estas no eran sino una consecuencia final —no previa— de los hechos. Era entonces cuando el muchacho parecía restablecerse y se erguía con dificultad y decía algo seamos sinceros ininteligible. Comprenda usted —diría—, a treinta metros cualquier voz es inaudible, a menos que se trate de un grito, cosa que no hizo el infeliz, de pies, con el cuerpo doblado, las manos protegiendo los testículos y —por momentos— el rostro ensangrentado. Hace dos días tuvo una idea, después descartada: dirigirse a la acera y marcar con una tiza, el lugar del accidente. Así, de presentarse una inspección ocular conocía esta expresión desde la adolescencia y sólo hoy recobraba su exacta significación iría sin vacilaciones: eso demostraría su interés previo a la confesión, les haría comprender que no era un testigo improvisado sino la envidiable responsabilidad hecha carne. Pero no hacía falta —pensó: recordaba con exactitud la ubicación de ese espacio y, como detalle complementario, estaba la ventana baja, enmarcada por una reja de hierro pintada de un gris plomizo. Había sido contra la reja a donde había ido a golpearse la cabeza del desgraciado muchacho, cuando una nueva tanda de golpes caía sobre su cuerpo. Su desconcierto, aquella noche, no le había permitido hubiera sido el colmo de la frialdad cronometrar la duración del episodio. Los registros de muertes eran abundantes y en cada uno de ellos las circunstancias y motivos estaban claramente expuestos, cosas habituales, aquel aborrecible tono de espectacularidad, riñas callejeras, venganzas retroactivas, rencores imprevistos, crónica roja, simple y cotidiano testimonio de la normalidad social, carne de todos los días, la mediocre muerte rondando como siempre sobre esos seres carentes de fortuna, víctimas indefensas del azar —se dijo. Esa misma noche le atacó un insomnio invencible y, por primera vez, se sintió miserable. Esta sospecha era inconfesable, pero no por ello dejaba de convertirse en certeza. Incluso, podría pensarse en un desmayo provocado por los frecuentes rodillazos en el bajo vientre, o por esos secos y sincronizados golpes, con los puños cerrados, en plena oreja, o lo que para él resultó cabeza sangrante. Recordaba una masa inmóvil, ultrajada absurda y viciosamente. Habiendo dirigido una fugaz mirada hacia el jeep , se había dado cuenta de que un hombre esperaba en el volante y —para mayor precisión— aquel hombre estaba fumando, volteando la vista hacia la acera, fría expectativa de un ser anodino. Pensó que su memoria, ejercitada en el recuerdo del episodio, era de una endiablada frescura: nada parecía escaparse y, al contrario, nuevos elementos convergían por asociación. Si estaba decidido a ser un testigo de incorruptible honradez, era ineludible. En ese caso, que las variantes o alternativas fuesen dadas por los investigadores. Entonces diría, con objetividad, que el conductor del vehículo, con matrícula oficial, llevaba algo que podría ser un uniforme, mientras que los cuatro restantes, en el momento de arrojar el cuerpo al interior del jeep , vestían de paisano. Ropas convencionales —dijo para sí. No se trataba de llegar el primero a una oficina: entre las nueve y media o diez podría ser la mejor hora. Al salir y enfrentarse al aire fresco de la mañana, pasó por la acera, observó la ventana con rejas de hierro el gris plomizo se desprendía con una ligera presión de las uñas y las laminillas caían al suelo con facilidad , y por una sola ocasión en toda esta semana estuvo a punto de balbucir, porque lo estaba pensando, la palabra asesinato, término que en el momento de su confesión no estaba dispuesto a pronunciar. Pero en esta recreación, morosa y mórbida, la víctima recobra una dudosa inocencia y nadie se atreve a suponer tensiones entre ella y su hipotético asesino, provocaciones, aburrimiento, la guardia abajo aquella noche. Al contrario: es menester que la víctima posea todas las virtudes y el asesino exhiba sus execrables vicios. En el jardín del hotel, cauteloso y atrevido, intentó hablarle. La adolescente, a quien el intenso calor de julio hacía sudar copiosamente y aligerar sus ropas, de por sí ligeras, no opuso resistencia: había aprendido en tres meses un aceptable español con abrupto acento cubano, y aprovechando el ocio de estas vacaciones trataba de iniciarse en el portugués, igualmente hablado en los pasillos de los grandes hoteles internacionales. Aunque a veces se sentía asediada por las calenturas de la adolescente que dejaba de ser y acosada por la mujer que vivía en un cuerpo apetecible, puso a prueba una indeclinable moralidad, secundada por el miedo al embarazo, el temor de ser abandonada y el prejuicio de que con los latinoamericanos no podía asumir otra conducta que no fuese la de una extrema cautela. Dejó que el tiempo se encargara de reducir a blandas cenizas el irrisorio fuego encendido y sólo bastó una semana para que, en una tarde de malhumor e intolerancia, dijera a la eslovaca que era una solemne tontería continuar una relación que no tendría porvenir y que, al contrario, estaba a punto de producirle graves trastornos emocionales, cuenta aparte las debilidades políticas de una relación tan frívola como infantil. Nunca, a pesar de haberse intentado con todas las sutilezas de la diplomacia, las dos chicas cruzaron palabra. Cuando la praguense quería fastidiar a la atemorizada adolescente de Bratislava, se envolvía en un delicioso refinamiento de varios idiomas y esta, con la rabia que le producía tal exhibicionismo cosmopolita de la compatriota que no era de su propia patria, prefería darle la espalda y hacer mutis por el lobby del Hotel Nacional. Pero el azar, que suele jugar sus malas pasadas, permitió que la checa se enterase del contraataque inesperado de su rival y se propuso defender sus posesiones pasando a la ofensiva, ampliando la osadía de sus favores. Hizo cuanto estuvo a su alcance por divulgar la consumación de este excitante sacrificio; se valió de la complicidad de las camareras, que habían visto la entrada del brasileño a su cuarto y habían escuchado los exagerados gritos de gozo del acoplamiento y —sin ser preguntada— les confesó que amaba perdidamente a ese muchacho y que lo seguiría amando hasta lo imposible. El rumor de este enconado enfrentamiento tomaba cuerpo y entre los huéspedes menos rígidos del hotel se tejían nuevas y pícaras versiones que no escaparon, dada la continuidad de este tema, de las especulaciones históricas, políticas y étnicas: sobre el desencanto de una pasión escamoteada trató de elaborarse una irrefutable antropología. Tres días después, no causó sorpresa alguna verlos en el jardín del hotel en un exagerado besuqueo. Era esa semana que Rose había comprado los cinco dólares y el cambio de comestibles, el registro mostraba una negativa cantidad de dos dólares y quince centavos después de esa entrada. Cerró la chequera y la dejó sobre la mesa del café. La joven mujer dijo que no había nadie para contactar, así que esa persona Bickering no podía ser un pariente. Verónica se dio vuelta, perturbando al durmiente gato. Su brazo salió y torpemente lo dejó caer sobre la mesa del café por el molesto teléfono. Estaré allí tan pronto como pueda". Golpeó el botón de apagado en el teléfono y lo tiró en la cama cuando se dirigió hacia a su baño. Dijo mientras tomaba su asiento al final de la larga mesa rectangular. Sentada justo a la derecha de su hermana mayor, la jefa de seguros Cartwright nunca podría confundirse con Verónica. Susan tenía, gracias a las horas con un estilista, el llamativo cabello rojo permanentemente en un gran ensortijado que era un enjambre sobre su cabeza y hasta sus hombros. Abrió su portafolio y sacó el primer informe. Su mente estaba a varios kilómetros,. Eran cuarto para las doce cuando las puertas se abrieron para revelar a un hombre de cabello rubio oscuro, que estaba despeinado y arrugado. Los varios primos y parientes que rodeaban la mesa miraban de la mujer de cabello oscuro a Tommy y de regreso otra vez, completamente esperando una batalla. El hombre joven, sin embargo, fingió no notar el comentario de su hermana mayor. Diez pares de ojos volaron de nuevo a Verónica. Verónica no pasó por alto los enrojecidos ojos o la manera en que Tommy mantenía su mirada en su reloj. Pero la semana pasada, solamente veinte estaban terminadas. El silencio llenó el cuarto cuando todo el mundo esperaba la reacción de Verónica. En lugar de eso giró su atención a Frank. Tommy salió en cuanto la reunión terminó, sólo añadiéndose a las especulaciones y a los comentarios de los parientes. Echó un vistazo en su reloj. Susan contestó despreocupadamente. Tiene que ser hecho enseguida. Y no se te olvide de posfecharlo al principio del mes. Es muy importante". Realmente, Ronnie, piensas que ésta es una situación de vida o muerte". Envíame por fax las confirmaciones a casa". Verónica salió hacía el elegante vestíbulo y presionó el botón para el elevador. La Navidad es solo en veinte días". No te preocupes sobre eso. Vamos, Susan. Necesito conseguir salir de aquí". Lo prometiste". Verónica recordó su promesa de traer un juego de Trivial Pursuit con ella pero las oscurecidas nubes y lo tarde de la hora hicieron que decidiera renunciar a un viaje para el centro comercial para escoger uno, prefiriendo llegar al hospital antes de que se hiciera demasiado tarde. Fue a la silla en la cercana esquina y se sentó para esperar el regreso de la joven mujer. Los dos celadores tenían tanto cuidado como podían con su paciente pero Rose todavía gritó de dolor cuando la cambiaron de la camilla de nuevo a su cama. Rose forzó una sonrisa en su cara en la vista de la mujer de cabello oscuro. Su cara traicionó su dolor cuando se movió y frotó su cadera. Si no te gusta, Rose, solo déjamelo saber. Te traeré otro doctor". Esperaba que su explicación no sonara tan pobre para Rose como lo hizo para sí misma. Quiero decir, no puede ayudarme si tengo dolor. No pienso que ellos hagan algo bastante fuerte para calmar el dolor. Es solo que duele tanto todo el tiempo. Incluso cuando estoy durmiendo, me muevo y el dolor es tan fuerte que me despierta". Bajó la mirada desanimada en sus fracturadas piernas y tobillos. Todo lo que pide siempre es alimento y atención". Los ojos verdes adquirieron una mirada triste. Levantó la mirada a las esculpidas facciones de su generosa benefactora. Una vez que estés de nuevo sobre tus pies, te la traeré, lo prometo". Incluso no tengo un lugar para vivir". Cuando salgas de aquí Rose, no voy a dejar que te rindas así que no vas a estar rindiéndote tu misma. Sé que eres una sobreviviente. No dejaré que te sea quitado". Ya hace cinco días. Él me advirtió que nunca me atrasara con la renta. No es espacio para que un ser humano viva ahí e indudablemente no tu. Después de eso me aseguraré que consigas un lugar decente para vivir". Respiró hondo antes de continuar. Por favor déjame ser ese alguien". El cuarto quedó silencioso durante un minuto Rose bajó la mirada en su regazo, mordiendo su labio inferior. Supongo que no tengo mucha elección ahora". Su cara traicionó sus sensación de fracaso y la desesperación de su situación. Prefiero pasar privaciones que recibir caridad". Verónica encontró duro creer que fuera tan difícil para Rose aceptar la ayuda que le era ofrecida cuando las alternativas eran tan claras, pero cuando hizo una pausa para considerar la historia que la chequera decía, tuvo el sentido perfecto. Antes de que Verónica pudiera contestar, otra explosión de intenso dolor se disparó a través de la joven mujer, causando que su cara se arrugara con agonía. No importaba. Nada importaba excepto intentar ayudar a que la increíblemente valiente joven mujer lograra atravesar esto. Te tengo", murmuró en el dorado cabello mientras que su mano suavemente frotaba arriba y abajo la desnuda espalda expuesta por la bata del hospital. Los fuertes brazos le envolvieron alrededor ofreciendo consuelo, algo que casi nunca había sido ofrecido a la joven mujer antes, y Rose lo aceptó agradecida. Continuó haciendo tranquilizadores ruidos y sostuvo a Rose mientras los sollozos continuaron. Verónica permaneció por bastante rato, mirando a Rose dormir y deseando que hubiera algo, cualquier cosa que pudiera hacer para quitar el dolor que le había causado a la valiente joven mujer. Presionó el botón de llamada para la enfermera. Cartwright se fue? Le dejó una nota". Eso fue entonces lo que vio Rose el papel color crema doblado por la mitad colocado en su bandeja de la cama. Quiso alcanzarlo pero su brazo no era suficientemente largo. La enfermera se lo dio antes de. Rose dejó la nota sobre su pecho hasta que la enfermera terminara, prefiriendo leerlo en privado. Su presión es buena y su temperatura es normal. La enfermera quitó el apretado puño de velcro e hizo una anotación en la tabla. Una vez que la enfermera salió Rose tomó la nota y la desdobló. Allí en el papel membretado Cartwright estaba una nota de Verónica. Rose, Tuve que volver a la oficina para ocuparme de algunas cosas. Estaré de regreso con tiempo para Jeopardy. Deja espacio después de la cena. Espero que te guste la comida china. Ronnie Los dedos de la joven mujer se deslizaron sobre la textura del papel. Mientras que su propia caligrafía era pequeña y ordenada, la de Verónica estaba llena de florituras y estilo. Sonrió en el comentario sobre dejar espacio después de la cena. Eso significaba menos de una hora antes de que Verónica volviera. Pensó sobre la manera en que había llorado tan duro antes y lo bien que se sintió ser sostenida por Verónica. En sus brazos, se sentía segura, cuidada, confortada. De manera extraña, Rose se encontró deseando esa sensación otra vez, ser sostenida en esos fuertes brazos, para oler la ligera fragancia de perfume en el bronceado cuello de la alta mujer, para sentir la compasión y la ternura dentro de su tacto y voz. Rose todavía no entendía por qué Verónica la había elegido para ser su amiga pero estaba agradecida que lo hiciera. La rueda de la fortuna estaba sobre la mitad cuando a Rose le fue regalada la vista de Verónica entrando en el cuarto, un bolso pequeño por completo de comida que olía deliciosamente en una mano, el siempre presente maletín en la otra. Sus piernas palpitaban pero el dolor de alguna manera parecía estar disminuyendo por la presencia de su nueva amiga. Su tenedor estaba dirigiéndose ya para la caja. Es realmente bueno". Retiró un tenedor de chow mein y lo puso dentro de su boca, atrayendo el aire adentro al mismo tiempo para probar y contrarrestar la ardiente temperatura caliente de la comida. Incluso hemos conseguido las galletas de la fortuna para el postre". Puesto que a Rose no se le ocurrió nada para hablar con el alimento en su boca, Verónica se relajó e hizo lo mismo. Esto es delicioso", Rose dijo. Jalo de la caja de chow mein cerca de su boca y extrajo un tenedor de vegetales y camarón. Siento haberme ido pero tenía algunos asuntos de que ocuparme en la oficina". Dejó su tenedor y dio un educado eructo. Había olvidado lo sabrosa que es la comida china". Giró para capturar los profundos azules ojos de la mujer mayor. La enfermera regresó interrumpiendo su picnic. Dio una mirada en las dos vacías cajas y las miradas culpables en las caras de las mujeres y frunció el ceño. Le pedí que ella trajera esto", Rose dijo, intentando tomar la culpa. Él no tomó la oficina en febrero, él la tomó en abril". El anfitrión confirmó que la respuesta de Rose era correcta con las fechas en que ocurrió la sucesión presidencial. La enfermera miró a las dos mujeres concentradas en la televisión y cejó en su intento de explicar por qué la comida china no era tan buena para un paciente como la comida del hospital. Salió del cuarto sabiendo de lleno a donde iba a ir en su descanso a cenar. Justo cuando el tema musical estaba finalizando el aviso vino en los altavoces que la hora de visita había acabado. Se levantó y tomó su chaqueta. Metió la mano en el bolsillo y sacó una tarjeta de visita y una pluma. Estoy normalmente levantada hasta las once". Alisó una arruga imaginaria en la manta antes de ponerse su cazadora. Te veré mañana". Estaré por aquí vez después del desayuno. Recuerde lo que dije. Buenas noches, Verónica". Todos mis amigos lo hacen", dijo con una sonrisa. Buenas noches, conduce con cuidado". Espero que no esté llamando demasiado tarde. Se incorporó, mucho para el descontento de Tabitha. Ella parece pensar que dondequiera que yo esté es un buen lugar para ella estar". Sin esperar una respuesta puso el teléfono cerca del gato. Lo sostuvo allí por algunos segundos antes de poner el receptor de nuevo en su oído. Ronnie podía sentir la sonrisa a través del teléfono y en vuelta sonrió misma. Estaré probablemente allí alrededor de las diez. Tendré que parar en la oficina de correos y pondré una dirección a la que reexpidan la correspondencia para ti antes que ese idiota de Cecil comience a sabotear tu correo". Yo no sé a dónde podrías reexpedirlo". Pero yeah, daré una vuelta por ahí mañana y veré si tienes algo". Te veré en la mañana". Esperó algunos segundos antes de presionar el botón de apagado en el teléfono y ponerlo de nuevo en el cargador sobre su mesita de noche. Tabitha avanzó lentamente sobre su pecho y comenzó a intentar imprimir marcar sus patas en los órganos internos de Ronnie. Es una enorme cama. Hay demasiado espacio sin que tengas que estar justo encima de mí". La alarma saltó a las seis como de costumbre, anunciando que el día de Ronnie empezaba. Con los ojos medio cerrados, caminó fatigosamente a su baño. Su objetivo fue consumado con el gimnasio privado. El cuarto estaba decorado con brillantes elevadas luces fluorescentes y realzadas por las paredes de espejos. Agarró una fresca toalla del estante, encendió el estéreo, y se dirigió a la escaladora para calentar. Duran Duran retumbó a través de las bocinas colocados a lo largo del gran cuarto mientras Ronnie empujaba sus pantorrillas y muslos a los límites en la escaladora. Se enorgullecía de la forma y fuerza de su propio cuerpo pero ambos requerían constante mantenimiento. Comprobó la cantidad de pesos en la barra antes de acomodarse abajo en el banco, quitó la barra de su apoyo, y la trajo abajo a su pecho. Lanzó la empapada toalla en el cesto cerca de la puerta y se dirigió de regreso a su dormitorio donde se desnudó la piel cubierta de sudor expandido por su cuerpo y entró en el baño. La ducha sobre su cabeza enviaba los pulsos de agua caliente contra su cuerpo, masajeando mientras limpiaba. Diez minutos con el secador de pelo y Ronnie estaba fresca y lista para hacerle frente a lo que sea que el día le ofreciera. La nieve había caído durante la noche, cubriendo la ciudad con una capa ligera de blanco. Encontró un espacio para estacionarse en Morris Street y cuidadosamente se dirigió a las escaleras para recuperar el correo de Rose. Lo recogió, planeando en dejar la propaganda postal para que Cecil le hiciera frente cuando un pequeño sobre atrapó su atención. Lo metió en el bolsillo interior de su cazadora y volvió al calor de su vehículo deportivo. Solo entonces lo sacó y examinó el remite. Bickering, RR 3 Box , Cobleskill. Ronnie empujó la carta nuevamente dentro de su bolsillo y puso el jeep en marcha, determinada a llegar al hospital y entregar la carta a Rose antes de que el impulso de ir a casa y con el vapor abrir el sobre consiguieran lo mejor de ella. Desesperadamente quería saber cómo entraba el misterioso Delores Bickering en la vida de Rose y por qué la joven mujer sin dinero estaba expidiendo cheques a esta persona. Ronnie llegó justo cuando la enfermera terminaba de comprobar los signos vitales de Rose. Como esperaba, la cara de la joven mujer mostraba el dolor que las drogas no podían completamente borrar. Se incorporó e hizo varias anotaciones en la tabla de Rose. Todo terminó por ahora"..

Después, cuando la sala había quedado vacía, él sentía que no era la gente la que se iba; era él quien quedaba solo y el sueño lo Bikini adolescente accidental flash tetas y no había otra alternativa que sentarse ahí mismo y dormir. Y se dormía. Qué iba a saber ella lo Bikini adolescente accidental flash tetas era eso de tocar en seco, con la garganta hecha fuego, con los labios sin saliva o sin ese olor que se detenía entre su boca y el instrumento, como un narcotizante.

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Todas las noches y en las madrugadas, antes de dormirme o al despertarme sorpresivamente, escuchaba la gritería de los matarifes, sus abiertas obscenidades. Imaginaba el tumulto, las vacas degolladas, las piezas pendientes de los ganchos, todavía sangrantes.

No sé qué extraño sabor de aventura había en las historias que al día siguiente se referían en la escuela pero, para nosotros, niños de ocho a diez años, los matarifes Bikini adolescente accidental flash tetas fueron héroes implacables y desafío infranqueable. Hacía falta escuchar las referencias de sus peleas, el dramatismo de sus lances, la honda repercusión de su promiscuidad, recrearlas, ese espacio en el que después de la medianoche se movían go here desplazaban como sobre un territorio inaccesible.

No sé por qué razón la Madre supo que los desayunos serían menos flacos e irrisorios. No era tanto la posibilidad de un almuerzo, la perspectiva de una penosa comida, sino la oportunidad de un flaco negocio.

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Pussy snap Watch Porn Movies Jojobabie nude. The subcategory of Spanish Resources includes eight books on human rights in Cuba. The Socialism subcategory includes sources discussing the changing political environment in Cuba since the Cold War and the impact of the instability of Cuba's socialist system. Time, Inc. Consultado el 2 de junio de Chicago Review Press. Archivado desde el original el 9 de octubre de Consultado el 22 de septiembre de The LID embraced a largely socialist orientation toward democratic governance; the organization was initially called the Intercollegiate Socialist Society before changing its name in American Political Science Association. Archivado desde el original el 20 de julio de Salon Media Group. The Harvard Crimson, Inc. Their request was refused. When asked to leave, they remained in their seats. Their passive resistance and peaceful sit-down demand helped ignite a youth-led movement to challenge racial inequality throughout the South. Archivado desde el original el 3 de abril de Students in the SCLC had wished, for some time, for a student-led organization. Students wanted leadership opportunities and had different strategies than the SCLC leadership, which they believed moved toward progress at a glacial speed. At the Shaw meeting, students also expressed a fear that a strong centralized organization even if student-led would be a foe of democracy. Therefore, Baker and others established SNCC as a decentralized organization, with the national headquarters providing support and literature, including a newspaper, but not the strategy and leadership. The U-2 Affair Bantam, edición. Archivado desde el original el 12 de diciembre de Consultado el 26 de noviembre de Within two years, 1. Looking back, Americans credit—or blame—the pill with unleashing the sexual revolution of the s and s. The pill is widely believed to have loosened sexual mores, including the double standard that sanctioned premarital sex for men but not for women. But, according to historian Elaine Tyler May, this idea is largely a myth. As May explained to a Stanford audience, the pill's impact on the sexual revolution is unclear. What is clear is that the drug had a far greater impact within marriage itself. San Francisco Chronicle. Barbara Toby Stack. Consultado el 12 de junio de The Making of the President First edición. New York: Atheneum House. Eisenhower's Farewell Address : On January 17, , in this farewell address, President Dwight Eisenhower warned against the establishment of a "military-industrial complex. Transcription as posted by University of California, Santa Barbara. Consultado el 16 de octubre de Bombers of the West. New York: Scribner. United Nations Office on Drugs and Crime. New York: Hawthorn Books. John F. Kennedy was briefed on a plan by the Central Intelligence Agency CIA developed during the Eisenhower administration to train Cuban exiles for an invasion of their homeland. The plan anticipated that the Cuban people and elements of the Cuban military would support the invasion. The ultimate goal was the overthrow of Castro and the establishment of a non-communist government friendly to the United States. Pfeiffer September Military Bookshop. These tactics became known as the "Freedom Rides". The first Freedom Ride took place on May 4, when seven blacks and six whites left Washington, D. They intended to test the Supreme Court's ruling in Boynton v. Virginia , which declared segregation in interstate bus and rail stations unconstitutional. In the first few days, the riders encountered only minor hostility, but in the second week the riders were severely beaten. Outside Anniston, Alabama, one of their buses was burned, and in Birmingham several dozen whites attacked the riders only two blocks from the sheriff's office. With the intervention of the U. CORE Leaders decided that letting violence end the trip would send the wrong signal to the country. They reinforced the pair of remaining riders with volunteers, and the trip continued. The group traveled from Birmingham to Montgomery without incident, but on their arrival in Montgomery they were savagely attacked by a mob of more than whites. The extreme violence and the indifference of local police prompted a national outcry of support for the riders, putting pressure on President Kennedy to end the violence. The riders continued to Mississippi, where they endured further brutality and jail terms but generated more publicity and inspired dozens more Freedom Rides. By the end of the summer, the protests had spread to train stations and airports across the South, and in November, the Interstate Commerce Commission issued rules prohibiting segregated transportation facilities. Archivado desde el original el 3 de diciembre de Rather than submit to such pressure, President John F. Kennedy replied that it would be a "cold winter. On July 25 he announced plans to meet the Soviet challenge in Berlin, including a dramatic buildup of American conventional forces and drawing the line on interference with Allied access to West Berlin. This warning, in fact, contained the basis for resolving the crisis. Although the citizens of Berlin reacted to the wall with outrage, many in the West--certainly within the Kennedy administration--reacted with relief. The wall interfered with the personal lives of the people but not with the political position of the Allies in Berlin. The result was a "satisfactory" stalemate--the Soviets did not challenge the legality of Allied rights, and the Allies did not challenge the reality of Soviet power. Archivado desde el original el 15 de marzo de We will at all times be ready to talk, if talk will help. But we must also be ready to resist with force, if force is used upon us. Either alone would fail. Together, they can serve the cause of freedom and peace. Governing Mayor of Berlin - Senate Chancellery. Archivado desde el original el 2 de abril de Consultado el 13 de mayo de Collins January Jewish Women's Archive. The organization was composed primarily of mothers who feared the effects of nuclear proliferation on the short- and long-term health of their children. They were particularly concerned with levels of irradiation in milk and the increase in nuclear testing. By pushing the organization to incorporate legislative lobbying into its efforts, she helped it to become an effective political force. By , the emphasis of Women Strike for Peace had shifted to focus as much on the Vietnam War as on disarmament, protesting against the draft and the war's effects on Vietnamese children. Abzug remained active in WSP until she was elected to Congress in By the mid s the focus of the organization shifted to working against the Vietnam war. Her photographs show the women behind WSP who wanted to protect their families from nuclear testing and a male-dominated militarism. Air University Review. Archivado desde el original el 22 de febrero de AP via Schenectady Gazette. Consultado el 3 de junio de Archivado desde el original el 6 de septiembre de University of Michigan Department of History. Archivado desde el original el 29 de noviembre de Having only a few hundred members across the country at the time the Statement was drafted, SDS drew tens of thousands of students into its ranks as the movement against the Vietnam War grew—before a deep factional split destroyed the organization in During SDS's history of activism, 60, copies of the Statement were distributed. It has become a historical landmark of American leftwing radicalism and a widely influential discourse on the meaning of democracy in modern society. It suffices to recall, in this regard, the famous case of Marilyn Monroe, on whose death certificate it clearly states "acute poisoning by overdose of barbiturates" Figure 7. The lethal effect of these compounds was such that a mixture of barbiturates with other substances was even employed in some USA states for the execution of prisoners sentenced to death. Furthermore, there are classic reports of fatal overdose due to the "automatism phenomenon", whereby the patient would take his or her dose, only to forget that he or she had already taken it, given the amnesic effect of the drug, and take it again, this process being repeated several times Richards Figure 8 shows the evolution of number of deaths accidental or suicide by barbiturate overdose in England and Wales for the period — In this regard, and in the city of New York alone, in the period —, there were cases of barbiturate overdose, with deaths Sharpless , whilst in the United Kingdom, between and , there were 12 deaths attributed directly to barbiturates Barraclough These data should not surprise us, since in a period of just one year , In view of these data, the Advisory Council Campaign in Britain took measures restricting the prescription of these drugs. Meanwhile, the prescription of prolonged-acting sedative barbiturates was strongly opposed through citizens' action campaigns such as CURB Campaign on the Use and Restrictions of Barbiturates , especially active during the s. Consultado el 25 de septiembre de FBI Director J. Edgar Hoover tried to prove that the man on a secret FBI sex tape of Monroe was Kennedy, but he lacked definitive proof. Others claim Kennedy was involved in her death. Needless to say, the rumors are even less substantiated than the affair itself. Simon and Schuster. Consultado el 20 de junio de President John F. Kennedy warned that any attempt by the Soviet Union to place nuclear weapons in Cuba would be seen as a threat to the United States. The Brookings Institution. Archivado desde el original el 14 de julio de Consultado el 13 de julio de Kennedy, who in the fall of began thinking about proposing antipoverty legislation. 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Archivado desde el original el 26 de julio de Consultado el 22 de julio de Tucker 20 de mayo de Louis Post-Dispatch. Sue Blackmore. Consultado el 6 de febrero de Reuters via New York Times. Oakland Museum of California. Hudson 28 de diciembre de Harvard University Library. Consultado el 13 de agosto de Connecticut legalized contraception for married couples. The Sixties Documentary Series. Consultado el 19 de junio de Syndicated column via The Montreal Gazette. Consultado el 10 de julio de Historical Dictionary of African-American Television. Alvermann Adolescents and Literacies in a Digital World. Peter Lang. University of Richmond Digital Scholarship Lab. Consultado el 26 de julio de All the years of old men from bygone eras had to pave way to Roger Daltry's generation, for the young men and women of the Western world were finally speaking up and letting their voices be heard. Rolling Stone Magazine. Archivado desde el original el 16 de abril de Backbeat Books. But the pages chronicling the years leading up to it reveal the world of a man who had gone from being a hustler to being one of history's most controversial civil rights icons. And in early March '65, they cancel the contract. That's why the book is published at the end of the year by Grove, not Doubleday. It was the most disastrous decision in corporate publishing history. They lost millions of dollars on this. Unsafe at Any Speed. New York: Grossman Publishers. ISBN , p. McConnell 14 de mayo de The Counterculture Movement of the s. Greenhaven Press. Farrar, Straus and Giroux. Serge Denisoff 1 de enero de Yale Book of Quotations. Yale University Press. La fiesta, que no sólo estaba atascado de, sino a cargo de DJs mujeres con pechos de constituciones astronómicas, arrancó de manera oficial a las 5 p. No me aparecí por Koenji -el barrio mejor conocido como el lugar para experimentar las escenas clandestinas de noise y punk de Tokyo- hasta las 7 p. El dueño, de mediana edad, observaba el reloj fijamente entre orden y orden. Pensé en invitarlo a unirse al plan, pero toda una vida de moldear hamburguesas probablemente habría arruinado cualquier atractivo que nos guardaba la noche, de cualquier manera. Eventualmente apareció James y subimos las escaleras hacia el venue, Yakushu Bar. Esperaba algo parecido a un Hooters -un tanto kitsch y libre de culpa. En realidad, no fue ninguna de las dos. Te levantas, recoges los trastos, regresas a la mesa y la sacudes. Lo ves salir. Lo miras. Sales poco a la calle. Habitualmente al mercado y cuando es necesario al parque con los muchachos. Este encierro, estar-estar-siempre-en-la-bóveda-de-la-casa es tu mundo, se ha convertido en la película cuya proyección ya no es necesaria para que opere su reconocimiento, escena por escena, secuencia-a-secuencia, gesto-a-gesto: no tiene colores. Es el blanco y negro de una cinta triste, de un largometraje extraordinariamente triste. Recuerdas lo de las camisas, lo de los calcetines rotos, recuerdas el deseo que te sorprendió en la mesa y de la imagen lejana de él poseyéndote casualmente, del minuto que se perdió en la identificación de la siguiente secuencia. Esta mañana, al salir a la esquina había una cartelera enorme en el teatro, una cartelera nueva que nada te dijo, que apenas repasaste leyendo accidentalmente, pues sólo podías soportar las películas de vaqueros, cuando ibas al cine, seguramente una vez al mes. Tenía viva la imagen del pequeño barco, de la tempestad en Cabocorrientes y esa sensación prematura de mareo al subir y sentirse en medio de un balanceo débil pero permanente. Esta frase, repetida muchas veces, la enfriaba y sentía que ahí acababa toda conversación, que ya estaba desarmada frente a él. Ya la espera se estaba prolongando y dos meses eran un tiempo muy largo como para que toda la población dejara de pensar que, al marchar las cosas tan mal, se trataba de una nueva calamidad. Vicente Cabranes, por su parte, no abrió la boca para comentar la demora del barco. Sin embargo, por las mañanas de todos los días, lo primero que hacía al levantarse era ir al patio de la casa y mirar hacia la bahía, utilizando una mano de visera. Alguien, detenido con la vista hacia la bahía, era motivo suficiente para producir esa especie de manifestación expectante. Entonces, cientos de ojos se detenían en ese punto blanco o en la apariencia de visión del hilo de humo que, al final, resultaba ser una gaviota o el agua del mar levantada al estrellarse contra los acantilados. También había pasado noches enteras asomado a la ventana, siguiendo una luz en el espacio, hasta que en su fugacidad acababa por convertirse en visión demente de muchas luces y cuerpos misteriosos. Vicente Cabranes se quedó sentado, fumando. Sintió un calor excesivo y no sólo fue el calor de un sol aturdidor sino una fiebre honda e inexplicable. Lo llevó luego a sus axilas. Lo vio llorar silenciosamente. Luego, vio salir el barco y se contempló en la playa balbuceando palabras en inglés, palabras de agradecimiento por el regalo que sostenía en sus dos manos. Su marido había tomado todas las películas , las había amontonado en el patio y les había prendido fuego. Hasta Míster Brown se rio de esas cuando las vieron en la Misión. Trataba de imaginarlo en sus sueños: creía verlo esperando un barco en la playa, con ese gesto cansado y afiebrado que parecía haberse petrificado en su rostro: una mano improvisando una visera, los ojos como arrugados, la cara echada hacia adelante. Se imaginaba su inmovilidad en la sala, dando la vista hacia la bahía que de noche era una inconmensurable bóveda negra, apenas iluminada por las intermitencias de luz de las boyas y los faros distantes. Lo imaginaba en incoherentes monólogos o en arranques improvisados de furia, luchando solo contra enemigos imaginarios o contra objetos inexistentes. Lo sentía salir a medianoche, llegar al patio, caminar débilmente y, en la cerrada oscuridad, mirar hacia la bahía en busca de un punto blanco o la silueta del barco esperado. Las narraciones de su marido venían acompañadas de un tono triste, melancólico, muchas veces exasperado. También las narraciones estaban intercaladas con el recuerdo de otras hazañas, las de su padre Celestino Cabranes, en la Guerra de los Mil Días. Aquella tarde, la mujer estuvo en el corredor de la casa de madera viendo a su marido, hasta que se hizo de noche y su figura encorvada, casi a punto de deshacerse, se transformó en un punto blanco e informe en medio de la cerrada oscuridad de noviembre. En tres meses largos fue la primera vez que durmió a su lado: trató en vano de enlazar sus piernas a las de él. Una vez dormido empezó a removerse en la cama, como si estuviese viviendo pesadillas horrorosas, arrastrado por fantasmas que lo hacían estremecerse y emitir balbuceos ininteligibles. Había acabado la tormenta y quedaba en el ambiente una débil llovizna y un viento frío que le hizo erizar la piel. Detenía los dedos en la rugosidad de la madera y sus ojos, fijos en ella, se brotaban intensos. Él lo bebió, mirando con los ojos llenos de humedad al rostro de su mujer. Luego, la claridad se hizo mayor: todo se fue limpiando. Alistado, en el marco de la puerta, Vicente Cabranes se había vestido con el pantalón blanco de lino que había heredado de su padre. Y al explicarlo recordó que con ese mismo pantalón y una chaqueta perdida, su padre había estado por primera vez en la capital. La pulmonía lo había estado acabando: un día dejó de respirar, después de haber dicho que por todos los santos no le trajeran esos embelecos de curas, ni esas vagabunderías de extremaunciones. Le pareció irreconocible: quedaba flotando todavía la escena de la noche anterior, de toda esa interminable madrugada. Se encerró en el cuarto: esa sequedad permanente de sus ojos se rompió y, cosa que no había ocurrido en muchos años, sintió que se le mojaban las mejillas y el rostro antecediendo al sollozo que se vino luego: largo, profundo, preparado remotamente en su vida. Lo triste era que, al decirlo, daba la impresión de haberse acabado o anulado, por extrañas razones que hoy no quería recordar. Su inmovilidad y abulia, esa especie de abandono repentino, quedaban dentro de él, sin explicaciones. La luz entraba escasamente, los pocos objetos existentes parecían no tener ninguna consistencia. Por otra parte, para él casi no existían: no estaba ahí realmente. En la habitación y en la cama se estaba bien, las cobijas calentaban y sólo había que hacer el esfuerzo de estirarlas cuando rodaban por el suelo. Ya había estado toda una mañana contemplando una rata que se había metido en uno de sus zapatos, abandonados al pie de la cama. Sólo le preocupó, entonces, la idea de que —de un momento a otro— saltase y se acomodase a su lado. Cuando vio que la rata se quedaba en el zapato, cómodamente instalada como en su propia casa, qué se va a hacer, para qué molestarla. Se durmió luego y tuvo la impresión, al despertar al mediodía, de que el animal había saltado y reposaba en su cama, pero la verdad es que seguía en el zapato. Luego pudo darse cuenta de que seguía allí por un tiempo anormal, hasta que decidió espantarla. Estaba muerta, había escogido el zapato para morirse. Ya no podía calcular el tiempo que llevaba fumando los Pielroja aplastados entre sus dedos o contra el cenicero, o abriendo latas de sardinas o haciéndose ese Nescafé fuerte que le dejaba un sabor pesado en la lengua y el paladar. Y ahora, cómo era su voz, uno se puede pasar horas enteras tratando de recordar un rostro y puede llegar, pero una voz, téngase duro, cómo la subía a ratos o cómo se desgreñaba cuando venían los momentos de rabia sucedidos de silencios de impotencia. Y ahí seguía el clarinete en un rincón del cuarto, fuera de su estuche. Después, cuando la sala había quedado vacía, él sentía que no era la gente la que se iba; era él quien quedaba solo y el sueño lo agarraba y no había otra alternativa que sentarse ahí mismo y dormir. Y se dormía. Qué iba a saber ella lo que era eso de tocar en seco, con la garganta hecha fuego, con los labios sin saliva o sin ese olor que se detenía entre su boca y el instrumento, como un narcotizante. Y ahora qué, si se va a caer todo, que se caiga. Y empezó entonces a buscar en el armario sus cosas, a tirarlas por el suelo, y después a acomodarlas en la maleta. No se había ido del todo, lo había abandonado pero no se había ido del todo. La invitaba a quedarse, tal vez cambiaran las cosas. Abrió la cortina y la luz fue opaca. Todas las noches y en las madrugadas, antes de dormirme o al despertarme sorpresivamente, escuchaba la gritería de los matarifes, sus abiertas obscenidades. Imaginaba el tumulto, las vacas degolladas, las piezas pendientes de los ganchos, todavía sangrantes. No sé qué extraño sabor de aventura había en las historias que al día siguiente se referían en la escuela pero, para nosotros, niños de ocho a diez años, los matarifes siempre fueron héroes implacables y desafío infranqueable. Hacía falta escuchar las referencias de sus peleas, el dramatismo de sus lances, la honda repercusión de su promiscuidad, recrearlas, ese espacio en el que después de la medianoche se movían y desplazaban como sobre un territorio inaccesible. No sé por qué razón la Madre supo que los desayunos serían menos flacos e irrisorios. No era tanto la posibilidad de un almuerzo, la perspectiva de una penosa comida, sino la oportunidad de un flaco negocio. En las mañanas, las piltrafas se venderían en el vecindario, era el alboroto, y qué decir de las ofertas y las aglomeraciones porque, en verdad, eran tiempos difíciles. El muchacho trató de defenderse con el brazo desnudo: un chorro de sangre salió de la nueva herida. Los matarifes miraban: el Manco le mandaba la mano a las nalgas de la negra. Esta devolvía el gesto con una caricia en la verga del Manco. El desayuno no sería menos irrisorio. Nunca llegaron a ser verdaderas pesadillas ni el sueño acabó en las reiteraciones circulares de los sueños que van camino de la pesadilla. Yo mismo empecé a creer que pertenecían a acontecimientos insignificantes. La Madre, en la cocina, sudaba. Siempre fue una mujer silenciosa, como si en el papel que le asignaron todo fuese una larga y penosa acotación. Los Hermanos, afuera, correteaban: jugaban a tipos y bandidos. El inspector Warren, haciendo los preparativos de la captura, ante un enorme mapa de la ciudad, desplegado. El otro hermano juega al póquer en un cuchitril lleno de humo y pistolas, chalecos, terror en el silencio que aguarda el primer movimiento falso para iniciar la balacera. El hermano menor o inspector Warren irrumpe intempestivamente en la guarida de hampones y estos arrojan las cartas, voltean la mesa, apagan las luces de un balazo. El inspector Warren es herido en un brazo. Otro hermano, el buscado Jerry Newman, cae desplomado, sin ninguna lamentación. Saldo final: la cuadrilla eliminada, dos policías asesinados y el hermano menor —inspector Warren—, lamentablemente muerto por un sobreviviente, en ejercicio de sus funciones. Yo retiraba los ojos del libro y oía los gritos del Padre, esta vez encolerizado. La Madre se lavaba las manos y regresaba a la sala. Ya habíamos escuchado varios truenos repetidos en la tarde y el toque de tambores de los negros del barrio. Pero ese tum-tum nos agradaba. Y no abundaba en preguntas. Por un momento el Padre dejó el periódico y sentí que fijaba su atención en mi lectura. Pude saber que la seguía. Nadie, nadie lo había dicho. Era un libro prohibido. El Padre. Entonces, no sabía por qué nos traía a este barrio, a esta ciudad de negros. En la soberbia del Padre nunca estuvo esta reflexión. Yo soñaba ese odio: se convertía en pesadilla. Como soñaba, de nuevo, que un muchacho negro era sacrificado y engarzado en los ganchos del matadero, luego desprendido y paseado en una procesión, con plañideras y deudos enlutados: llevaban como rosario las vísceras descompuestas de las vacas sacrificadas en la madrugada y de reliquia el corazón sangrante de la víctima. Siempre encendía la radio a la hora de las noticias. Esta imagen, por lo trivial, no carece de importancia: hay cierta febrilidad en el gesto de encender la radio, en los desplazamientos del dial, en la sintonía definitiva de las noticias, como si aguardara de ellas algo esperado desde siempre. Escuchaba con atención. Luego, enmudecía. Yo también escuchaba la noticia y sentí que lo decía: apenas vi el movimiento de sus labios. Subió el volumen. Se hablaba de su huida de Palacio y de la creación de una Junta Militar. Era mayo de mil novecientos cincuenta y siete. Su malestar, en cambio, no duró mucho. Aquella noche, ante el alboroto de todo el vecindario, el Padre enterró su malestar: se fue a dormir. En su cara quedaban unas ojeras amplias y en sus ojos adiviné un ardor insoportable. Desayunó en silencio. Me sentí tentado a preguntarle sobre el significado de las noticias, pero sabía que no iba a hallar respuesta. Tomaba de nuevo mi libro de Renan y lo confundía entre los textos escolares. A las nalgas de un Rubens añadía flechas, exclamaciones y falos imperfectos y monumentales. Y leía a Renan o, a veces, ese Voltaire que llevaba entre mis cuadernos. A Goya le dedicaba mi asombro y una risa de incomprensión cuando recorría sus dibujos, ese diabólico sueño de la razón vomitando monstruos: quería desnudar a La maja vestida y ponerle bikinis a la desnuda. Esos Modigliani eran asociados con las mujeres tuberculosas del barrio, tomando el sol a las diez de la mañana, a sólo dos cuadras de nuestra casa. El Bosco me movía a una incontenible hilaridad: esa cadena de monstruos y ficciones en colores era el verdadero sueño de mi razón: formaban una danza de espectros aterrados por el infierno. Volvía con la escoba y sacudía el polvo: lo amontonaba y arrojaba a la calle. Tomaba el trapeador y secaba los orines del hermano recién nacido, acostado sobre el petate. Sentía que el sol arreciaba y su rostro se volvía, de nuevo, esa congelada expresión de la resignación. En la sala, mis libros. No: eso era entregarse y de la peor forma. La caca de su ternura. Entonces arrastré a Sonia del brazo hacia nuestro cuarto y allí la hice reposar. Al mirarla, vi sus ojos humedecidos y la comprendí perfectamente. No era una muchacha que pudiese soportar tanto desconcierto. Fueron las palabras de siempre. Nada podía decirle y ahora no cabían las preguntas. Sonia no era la muchacha dócil que entendiera, de pronto, las razones inconfesables de una tía, su tramposa miseria, la precariedad filistea de sus quejas. Se sentía burlada. Envidio a veces al difunto Javier, de no ser porque ha de estar pudriéndose en los infiernos. Pensar que una carta era suficiente para decidir nuestro regreso. Después de todo, habían sido las privaciones, las trampas a sus acreedores, su capacidad de reservarse las mismas sobras de la mesa para recalentarlas al día siguiente. Nosotras sentíamos ahora su falta de dignidad, el descaro de su fraude un poco de sinceridad hubiese bastado, una simple explicación y hubiésemos comprendido el límite de sus ambiciones , esa zancadilla que nos daba sin el menor asomo de pudor. Hasta muy tarde la sentí despierta. Después, empezar sin balbuceos, como si la noche entera hubiese sido un aprendizaje riguroso, libreto en mano, correcciones oportunas. Cualquier encabezamiento era suficiente. Y no pensaba exactamente en él, apenas era la sensación de estarlo pensando, pues me quedaba la impresión, sólo la impresión, de haber visto su figura en un sueño, tener la idea de haberlo conocido cuando sólo había cruzado algunas frases con él, un ligero tropezón por las mañanas, un extraño llevado en procesión al cementerio. Y ahora era junio y había dejado de llover, sorpresivamente. Esa era su vida y esa era la vida que evocaba a medida que la visión de la calle convertía en silueta lejana la marcha del funeral. No tenía sino una lejana conciencia del momento en que comencé a verlo desde mi ventana, andando por la estación, timbrazos de teléfono, pitos e hilos prolongados en el humo de la vía. Y después volvimos a encerrarnos en el mismo silencio. En la vía nadie puede dormir con esos pitos: son tristes como si el muerto pasara en un tren solitario —había agregado cuando le pregunté por la aplastante letanía que solía oírse ciertos días frente a mi ventana, dentro de mi cuarto. La escolta lo rodeó: todos llevaron sus manos a la cintura. Ahí estaban las pistolas ametralladoras. Un piquete de policías cubrió la retaguardia. La cabeza del presidente sudaba debajo de su sombrero inglés: traje oscuro, corbata vinotinto, camisa blanca, chaleco. El discreto corte de una generación. Con mesura, sustituyeron el corbatín por la corbata, el sombrero de copa y el paraguas fueron desapareciendo como símbolos de elegancia. Este hombre de sesenta años sabe lo que hace. Y que nadie se venga a cagar en la patria ni en sus partidos. Con temple, con una gallardía propia de su generación: a su turno, también ellos conspiraron. Crearon sus células y alrededor de ellas el rojo legendario de un partido perseguido, masacrado en la legalidad. Hoy, los tiempos han cambiado: ahora ellos son la legalidad y es lo que, hoy, entrando a la universidad, tiene presente el presidente. Este aire frío de siempre. Esta ciudad gris de siempre. Estos discretos hombres del poder; estos hijos de puta de siempre. Sufran, palidezcan con estas incontables derivaciones de la luz. Chóquense las manos, frótense los labios, masajéense los vientres cuando en los solarios se abran las puertas para las diversiones decadentes. No es el momento —decían—: almuercen a las dos de la tarde con aperitivos españoles, afinen ese verso, denle estructura unitaria a la novela, esqueleto y apoyatura a ese lindo cuento que terminan, como si nada pasara. Recuerden la nostalgia: todas las nostalgias acumuladas. Olviden el pasado, las querellas, los enfrentamientos, las vísceras maltrechas, las dormidas precipitadas, los rencores, las amarguras insensatas: volvamos a ser Uno y felices. Pero antes de seguirle contando, yo sí le digo que a mí nadie me ha venido nunca con vainas ni con pendejadas ni con carajadas de esas. Porque usté sabe, me quedó la costumbre de cuando era boxeador: nada de tragos, había que cuidarse bien, y las mujeres apenas tasaditas. Y él con eso de empezar a patearme el asiento, a darle golpecitos para que me resbalara. Y el mocoso seguía pateando mi asiento y yo aguantando porque ya estoy harto de broncas, que hartas tuve en ese mismo lugar cuando venían a sacarnos a patadas los matones de Marianospina Pérez en los tiempos de la violencia, usté se acuerda. Entonces todos se espantaron porque ya el mocoso estaba en la lona, digo, en el piso, boqueando sangre. Pero el tipo viene a mi mesa de nuevo, echando sangre por la jeta partida, cuando yo ya había pedido por mi cuenta un doble de anisado, y le mando un gancho al estómago y luego me empujo mi trago y lo veo dar vueltas en su cuerpo y doblarse como una hojita. Siempre dijo que el colmo de un militar era dejarse ver desnudo, con las prendas en la mano y ahora no estaban siquiera en las manos: rodaban por el suelo en un sitio grosero y desprovisto de solemnidad, así estuviese tapizado y recubierto por porcelanas relucientes, con una flor discretamente colocada esa mañana por su mujer, siempre de buen gusto y delicada su mujer, que el colmo de un oficial era dejarse ver desnudo en una situación como esta, indefenso y grotesco. Después, el triste espacio reduciéndose a nada. Y esta vez ella sí ríe, y él no se incomoda, de cierta manera es la mejor forma de defensa que ella tiene contra sus imposiciones. Por fin tiene la certeza de haber salido del infierno y le hubiera gustado verse modificado en el espejo, recobrando de nuevo su verdadero rostro, con el uniforme poco a poco en su sitio, ajustado a su cuerpo. Pichita le dice que eso es por haber bebido tanta gasolina, que era como la marihuana, y Trabuco le corrige diciendo: la gasolina es mejor que la marihuana, pruébela para que vea y Rolo seguía encogiéndose y castañeteando los dientes. Rolo dice dejen la vaina, quién sabe si es santo. Y todos ríen. Santo el Enmascarado de Plata, dice Trabuco. Qué santo va a ser, eso es por joder. Y Pichita dice que el domingo cumple nueve años, hay que robarse un pastel, una orquesta y una casa y mil velas para llegar a viejo, para apagarlas con gasolina. Y Trabuco ni se mueve, no le hacía gracia el chiste. Y Rolo dice: a mí sí no me agarran ni porque llegue el Putas, y Trabuco corrige: ni porque llegue el Papa, y Carasucia, algo acongojado, se echa sobre el rincón, vuelve a bostezar, cierra los ojos y trata de dormirse. Ya es de día, dice Trabuco y la claridad empieza a aparecer sobre el cerro de Monserrate, mezclada con la bruma y el destello de los avisos luminosos. Ya es de día, dice Trabuco, y Pichita también bosteza y Rolo dice que las tripas ya formaron su orquesta, mientras se acuerda del sueño de anoche: estaba sentado al lado del Papa y levantaba la sotana. Se metía dentro de ella y empezaba a rascarle los muslos, a hacerle cosquillas en la entrepierna. El Papa decía chino malcriado, chino grosero, te vas a ir derechito al infierno y se reía. No paraba de reírse, el Papa riéndose papalmente y él perdido en sus interiores de seda. Zas, zas, empezaba entonces a darle golpecitos y el Papa: je, je, je, trataba de acomodarse en su trono, de poner orden en sus ropas, de volver a estar en condiciones de una bendición papal. Y Rolo aprueba. No era de aquí, de eso estaba segura. Y alzabas la vista sobre mis hombros para verlo. Y yo, silenciosa, empezaba a adivinar que un día vendría a nuestra puerta de la casona de Getsemaní, dejaría su maleta en la acera, llamaría y nos hablaría, así no lo comprendiéramos. Y no era otra cosa que tus celos, tus emperrados celos: querías para ti toda la ventana, el espacio cómplice de nuestra afiebrada curiosidad: querías que mis ojos fueran tus ojos para verlo y desearlo a tu antojo. Siempre habías dicho que preferías morir con el cuerpo lleno de telarañas antes que darte a un mugroso cualquiera. Porque él se lo ha llevado todo. Por estas manos ya no puede pasar nada sagrado, por estos labios ya no caben oraciones. No, Alfonsina: te he dicho que nadie es culpable o lo somos las dos al mismo tiempo. Por lo menos de edredón deberías cambiar. Decían que empezó a enloquecerse porque su padre, su propio padre, le hizo los dos hijos que hoy vienen a la hora del almuerzo con latas vacías que les llenan con sobras, desde la puerta apenas entreabierta, con recelo, con el temor de que penetren y se apoderen de cuanto les pertenece. Antes andaban tímidos, con el temor de ser despedidos en la acera. Parecía una cosa natural para hacer cuando venía para Rose. Cartwright", la doctora corrigió, sin impresionarse con el nombre de la alta mujer. Le haré una prescripción para el dolor y debe volver el próximo viernes para retirar las puntadas de su cara. Al mismo tiempo miraré sus piernas y tobillo entonces veremos adónde vamos de allí". Yo no Deja que me ocupe de esto. Confía en mi". Habló suavemente, como si calmara a un pequeño niño. Mantuvo su mirada, dejando que el intenso azul buscara y calmara al verde, intentando silenciosamente transmitirle que todo estaría bien. Finalmente la joven mujer dejó salir una pesada respiración y asintió, poniendo su vida en las manos de la mujer que parecía tan dispuesta a ayudarla. Tan asustada como la perspectiva parecía, había un confort en saber que Ronnie estaba allí para ella. Sugiero que consiga para su casa a un asistente de la salud o una enfermera privada si puede permitírselo". Ese comentario ganó un levantamiento de cejas de la mujer que había donado seis cifras al hospital el año pasado. Hizo otra anotación en la tabla. Era un inesperado giro en los acontecimientos, pero uno que podría manejar. En alguna parte en el curso de intentar compensar su error, a Verónica Cartwright había comenzado a importarle. Firmaré los papeles de la alta antes de que comience el resto de mis rondas". Giró la mirada en su paciente. Grayson, he oído que se encariñó bastante con nuestra comida". Su intento de bromear no fue recibido tan bien como esperaba, ganando solamente una débil sonrisa de la rubia. Quiero dar una mirada a esas piernas también". Su teléfono celular estaba constantemente encendido, agotando la batería bastante que la ejecutiva tuvo que recurrir a usar el teléfono de la habitación de Rose para terminar sus preparativos. Pero no importó cómo duramente intento, Ronnie no podía conseguir que entregaran la cama ese día. En la frustración les dijo que solo entregaran los otros artículos y llamó a varias mueblerías hasta que encontró una que vendía camas ajustables. Incluso eso tomó un poco de trabajo para convencerlos que enviaran un camión con ésta ese día. Entonces tuvo que llamar a María para dejarle saber lo que ocurría. Explicó al ama de llaves de su confianza que habitación iban a ocupar y qué artículos necesitaban ser movidos para hacer espacio para el mobiliario nuevo. La llamada siguiente había sido a un servicio privado de ambulancias para arreglar el traslado del hospital a su casa para Rose. Colgó el teléfono y se sentó en el borde de la cama. Ahora solo esperaremos que la ambulancia llegue". Prometí que cuidaría de ti". Capítulo 3 Tanto como Ronnie quería viajar en la ambulancia con Rose para proporcionarle comodidad, estaba el jeep para considerar y la idea de dejarlo en Albany de noche era un desagradable pensamiento. No había pasado cerca del Porsche desde el accidente, aunque observó que Hans había estado durante el día anterior para comenzar las reparaciones. Eso la dejó sin ninguno de los vehículos que estuviera bien en la nieve o su preciado Mustang para sacarlo y el Mustang nunca vería el salado invierno de las calles de Albany si podía evitarlo. El conducir de Albany a Loudonville donde la casa de Ronnie se encontraba, normalmente tomaba menos de quince minutos. A menudo era considerado un suburbio rico de Albany incluso aunque era una entidad completamente separada. La gente que vivía en el prestigioso pueblo dejaba en claro que no eran residentes de Albany de ninguna manera, forma o modo. Sabiendo que cada bache significaba dolor para Rose, Verónica gruñó cuando la ambulancia golpeó un bache particularmente grande justo cuando estaban saliendo de Albany y cruzando para entrar a Loudonville. La verde y blanca ambulancia rebotó y se sacudió sobre la irregular calle, convirtiendo a Ronnie en un manojo de nervios antes de que finalmente llegaran a las lisas calles de su ciudad natal y giraran sobre la entrada Cartwright. María abrió la puerta y salió justo cuando la ambulancia subió por el camino de entrada, seguido de cerca por el jeep azul brillante. Giró su cabeza y sus ojos se ensancharon en las vistas. Cuando sintió el cambio en la altura se dio cuenta que una parte de la sala estaba hundida, algo que había visto en revistas en la biblioteca pero nunca había visto realmente en el hogar de alguien. La alfombra de pared a pared era el mismo color crema que el techo, espesa y lujosa sin una sola muestra de decolorado o desgaste. Grandes armarios de madera oscura alineaban una pared; Rose supuso que serían cerezo o caoba. Un conjunto de escaleras ocupaba otra pared. Le recordaron las escaleras del programa de televisión The Brady Bunch, excepto que en vez de tener un reducido rellano, estas escaleras curvaban alrededor en el fondo. El barandal era también del mismo intenso color que los armarios y las vigas del techo. Escuchó a Ronnie maldiciendo en alguna parte en el fondo pero no podía localizarla, no importaba como volteara su cabeza. Entonces la vio salir de una habitación en el extremo y correr arriba de las escaleras. María caminó en su línea de visión y Rose consiguió el primer vistazo real del ama de llaves. Extendió su mano. Oh, aquí viene Ronnie. Lo siento", Mike dijo. La lanzó al compañero de Mike. Ronnie repasaba atareada las instrucciones decómoo operar la cama nueva. Regresaré pronto. Puedo esperar hasta la cena". Bien, reconozco que necesito una taza de café. Solo presiona estos botones si quieres encenderlo. Éstos controlan los pies y la cabecera de la cama". Ronnie volvió pocos minutos después con un par de gruesos calcetines blancos y un ronroneador montón de pelusa anaranjada y blanca. Hace una semana no habría creído que podría significar tanto tener a alguien que se ocupara de su mascota pero ahora Ronnie entendía justo lo importante que el felino era para Rose. Se trasladó al extremo de la cama, todavía mirando la llorosa reunión entre Rose y Tabitha. Reunió el tejido de algodón en sus dedos y lo deslizó cuidadosamente sobre los dedos del pequeño pie de Rose, después sobre el pie y el tobillo cubiertos por el molde. Con el talón en el lugar, parte de la punta de los calcetines caía, claramente mostrando la diferencia en el tamaño de los pies de las dos mujeres. Te conseguiré algunos calcetines que te queden mañana". Rose no sabía si lo haría o no pero no estaría diciéndole a Ronnie que no podría hacer su trabajo en su propia oficina en su propia casa. Tabitha parecía bastante satisfecha tumbada en la climatizada cama y pronto se quedó dormida. Aunque la esculpida cara tenía la mirada desviada de ella, Rose no tenía ninguna duda de que la cabeza de Cartwright Corporation fruncía el ceño. Ronnie se levantó y se acercó a los archiveros, sacando un fajo de informes generados en computadora. Varias veces Ronnie se reclinó en su sillón de piel y dejaba salir frustrados suspiros. Eran esas veces que Rose. La joven finalmente se quedó dormida deseando poder hacer algo para disminuir los problemas de Ronnie de la forma en que la compasiva mujer había disminuido los suyos. El anaranjado y blanco felino estaba ajetreado limpiando sus patas e incluso no se molestó en levantar la mirada cuando la ejecutiva salió del cuarto. La despertaré para cuando la cena esté lista". Alcanzó un vaso del armario antes de sacar una cerveza del refrigerador. Va a permanecer aquí hasta que esté curada totalmente y no necesito que mi madre y hermana sepan sobre esto", Ronnie advirtió, deseando evitar cualquier discusión familiar. Tomó un trago de cerveza y olfateó en el horno. Incluso no pienses acercarte allí y tomar algo". María recordó que en el pasado muchas veces cuando los tenedores para la cena desaparecían los encontraba en el momento en que los sacaba del horno. Suena rico". Los ojos de Ronnie se iluminaron. Tomó otro trago de cerveza y echó un vistazo en las hileras de gabinetes. A diferencia de ti, conozco mi camino alrededor de la cocina". Encontré la cerveza sin problemas". Ronnie sonrió. Si necesitas ayuda solo dame un grito". Una vez que estuvo sola otra vez en la cocina, la cara de María dejó la sonrisa. Se acercó a las puertas corredizas y miró detenidamente afuera en la noche. Sé que ella tiene pastel de chocolate y nueces recién hecho allí y si busco realmente puede que encuentre un poco de helado para acompañarlo". La mirada de completo placer en la cara de Rose trajo una sonrisa a la suya. De modo que no sería una mala cosa. Ya regreso". Recogió los platos vacíos y salió del cuarto. Reasumió su suave rascar. Levantó a Tabitha sobre su pecho y frotó su nariz en la suave piel. Escuchó el suave ronronear por un minuto, tomando comodidad en sostener su precioso gatito. Estoy agradecida pero no lo entiendo". Cada mano sostenía un plato de postre con un gran pedazo de pastel de chocolate y nueces y una copa de helado de vainilla perforado con una cucharita mientras que una camisa de dormir café claro colgaba sobre su hombro. Dejó los platos abajo en el escritorio y dio la camisa de dormir a Rose. Conseguí mi licenciatura allí y mi maestría en Stanford", Ronnie dijo mientras le daba un plato a Rose. Mi padre murió menos de tres años después de que me gradué y entonces tomé el control de las riendas". Sabes, es curioso, no importaba lo ocupado que él estaba, encontró siempre el tiempo de asistir a cada conferencia de padres y profesores, cada juego, incluso asistió a todos los juegos de mi pequeña liga. No muchos hombres en su posición harían eso". Era el infierno criarme y estaba siempre intentando mantenerme fuera de problemas". Ronnie dejó su plato abajo y se recargó en su sillón de piel. Sonrió ante el recuerdo. Resbalaba de esa barandilla allí afuera y me caí. Me fracturé el brazo. Todas ellas viven en una comunidad de retiro cerca. Pensó que si estaba pasando todo su tiempo allí por qué no solo vivía allí, así que le compramos un condominio y asumí el control de la casa de la familia. Tiene sentido, sin embargo. Soy la mayor. Es cómo funciona en nuestra familia. Rose entregó el ahora vacío plato. Si no la hubiera tomado, probablemente habríamos puesto el lugar a la venta". Apiló los dos platos y giró alrededor en su silla para hacer frente a la gran pantalla de televisión. Esa siesta de antes ayudó". Rose se movió e inhaló agudamente. Encuentra algo para que veamos". Ronnie se había ido a la cama una media hora antes, dejando a la joven mujer sola con sus pensamientos. Le sorprendió a Rose darse cuenta justo como decepcionada estaba cuando su amiga anunció que se iba a la cama. Un incorrecto movimiento envió el atroz dolor a través de ella e inmediatamente Ronnie había estado allí. Ronnie, la sostuvo fuertemente, le susurraba consoladoras palabras, que tiernamente la acunó. Rose deseó que el abrazo no terminara nunca. Cuando Rose finalmente la soltó, fue con gran reticencia y un sentimiento de pérdida. Arriba, Ronnie estaba mirando fijamente su propio techo. Nada de eso le interesó. Lo que estaba escuchando era por el suave, melódico sonido de la voz de Rose llamarla. Con la puerta de la oficina abierta permitiendo a Tabitha entrar y salir en caso de que necesitara la caja de arena, no había seguramente manera que pasara por alto oír a Rose. Sí, era por eso que tenía que estar cerca de ella Agarrando las almohadas y la manta, Ronnie salió de su dormitorio y se dirigió abajo. Regresó las ropas de cama a su habitación y se cambió a su ropa de entrenamiento antes de entrar en la oficina para checar a Rose. La joven mujer estaba todavía durmiendo profundamente así que se sintió segura para dirigirse abajo para introducirse en su entrenamiento. No había señales de María que tenía los fines de semana libre. Esto hizo que Ronnie resolviera que hacer para que ella y Rose desayunaran. Los ojos de Ronnie volaron abriéndose y bajó la mirada para descubrir su jabonosa mano acariciando su propio pecho izquierdo. Rose se despertó por el sonido de Ronnie entrando al cuarto, un plato lleno de hot cakes y tocino en cada mano. Dejó su plato en el escritorio y el plato de Rose en la bandeja antes de colocarla en el regazo de la joven mujer. Si no pienso y meneo mis dedos del pie es incluso peor, no mencionar la cosa entera del cómodo". Sus mejillas se ruborizaron levemente con vergüenza. Ronnie no sabía qué decir a ese comentario, sabiendo que si los papeles estuvieran invertidos no estaría probablemente tan bien sobre la completa situación. Ni una palabra fue dicha cuando el cuenco fue deslizado debajo de ella, hizo su deber, y Ronnie lo llevó al cuarto de baño contiguo. Bien por lo menos no tengo mi período, Rose pensó para sí misma, temiendo al hecho de que era solo en una semana o algo así. No tenía idea cómo iba a manejar eso cuando se encontrara. Quiero decir, yo sé que la doctora Barnes quisiera que las tomara para el dolor pero odio sentirme tan atontada todo el tiempo". Seré tan gentil como pueda", prometió. Rose se inclinó y se quitó la camisa de dormir de Dartmouth y se la puso delante de sus pechos. Firmes dedos bajo la jabonosa toallita trabajaban de un lado a otro de su espalda, sacando un inesperado gemido de sus labios. Supongo que me duele mi espalda de pasar tanto tiempo en esto". Mi compañera de cuarto era estupenda en los masajes". La mente de Ronnie pensó brevemente de nuevo a algunas de las otras cosas que Christine era buena. Parecía que cada dolor, cada nudo en su espalda desaparecía bajo el tacto de Ronnie. Debes haber sido una masajista". Había terminado y acaba de tirar de la camisa sobre su cabeza cuando la mujer de azules ojos volvió. Ésa fue una de las cosas que echaba de menos desde que puso su propio gimnasio privado. Cuando había estado yendo al gimnasio local, había muchas mujeres guapas que andaban por el vestidor en varias etapas de desnudo. Ronnie dejó salir un suspiro de desilusión en lo que nunca podría tener otra vez. Su experiencia en Stanford había asegurado eso. Entró para encontrar al cuerpo superior de la mujer postrada en cama cubierto por la camisa de dormir de Dartmouth, su cuerpo inferior oculto debajo de las mantas. No pensé". Estoy segura que has visto a mujeres medio desnudas antes". Ronnie miraba la pequeña bandeja. Estoy segura que si tenemos cuidado nosotras podremos hacerlo". No quiero lastimarte", Ronnie dijo con indecisión. Levantó la mirada en los penetrantes azules ojos y sonrió. Afortunadamente, las renovaciones que Ronnie había hecho cuando tomó posesión de la casa incluían una puerta bastante ancha. Con excepción de la parte del desnivel de la sala, no había lugar al Rose no pudiera ir en el primer piso. Un antiguo perchero situado cerca de la puerta junto con un soporte para paraguas que se miraba demasiado elegante para sostener un paraguas. A veces tenemos que hacer reuniones aquí y estoy segura que el Monet es examinado mucho mejor que un Witherspoon". Observó la falta de respuesta de la joven mujer. Tengo algunos de sus trabajos colgando en el cuarto de juego". Tiene una mesa de billar, un bar, tiro al blanco, esa clase de cosas. Es aquí. Te lo mostraré". No había estado aquí adentro desde hace tiempo, hasta hoy en que vine a buscar el juego Trivial Pursuit. María incluso no se molesta en limpiar aquí porque nunca se utiliza, así que no te preocupes de algo de polvo que es posible que veas". Ronnie paró de empujar la silla, caminó adelante, y abrió la puerta. Había apenas unas motas de polvo en el cuarto, a pesar de la advertencia. En la lejana pared izquierda estaba ubicado un bar completamente abastecido. En el centro del cuarto de entretenimiento una mesa de billar con el verde fieltro y al extremo derecho del cuarto había algunas pequeñas mesas con ceniceros. Aprendí a jugar billar justo en esta mesa". Recorrió sus dedos a través del fieltro en memoria. Caminó a la pared lejana y señaló una pequeña campana. Estiró su mano y recorrió las yemas de sus dedos a lo largo del suave costado de la madera de la mesa de billar. Parece un maravilloso cuarto". Ronnie agarró las manijas otra vez. La mesa hacía juego con los armarios de porcelana China construido en cada esquina así como el carro de servicio, una mesa de madera con ruedas y plegables aletas sobre los lados. Nunca lo utilizo a excepción de que la familia consiga reunirse. Yo como generalmente en la cocina o delante de la computadora. Vamos, no has visto nada todavía". Su siguiente parada fue la cocina. Ronnie empujó a Rose en el centro del cuarto para que pudiera ver todo en un solo vistazo. Es justo como esas cocinas que tu ves en las revistas", Rose dijo. El colosal refrigerador lucía paneles de roble claro en el frente, combinando con el resto de la decoración de la cocina. Una división de lujosas artes de cocina justo en el centro del cuarto y estaba completada con una cocina y. Sobre sus cabezas estaba una barra de hierro forjado sosteniendo pulidas ollas y cacerolas de cobre. Es nada excitante, nunca voy allí". Quiero decir, si no es demasiado problema". Ellas se dirigieron al cuarto de tamaño mediano. Etiquetas: pantalones, mezclilla, granero, alt, niña, mujer, modelo, fijar, culo, botín, país, granja, pantalones cortos. Pantalones rasgados Blusa De PhoenixXstorm. 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Yo mismo empecé a creer que pertenecían a acontecimientos insignificantes. La Madre, en la cocina, sudaba. Siempre fue una mujer silenciosa, como si en el papel que le asignaron todo fuese una larga y penosa acotación. Https://wiki-q.tesou.site/blog-05-09-2020.php Hermanos, afuera, correteaban: Bikini adolescente accidental flash tetas a tipos y bandidos.

El inspector Warren, haciendo los preparativos de la captura, ante un enorme mapa de la ciudad, desplegado. El otro hermano juega al póquer en un cuchitril lleno de humo y pistolas, chalecos, terror en el silencio que aguarda el primer movimiento falso para iniciar la balacera.

El hermano menor o inspector Warren irrumpe intempestivamente en la guarida de hampones y estos arrojan las cartas, voltean la mesa, apagan las luces de un balazo. El inspector Bikini adolescente accidental flash tetas es herido en un brazo. Otro hermano, el buscado Jerry Newman, cae desplomado, sin ninguna lamentación. Saldo final: la cuadrilla eliminada, dos policías asesinados y el hermano menor —inspector Warren—, lamentablemente muerto por un sobreviviente, en ejercicio de sus funciones.

Yo retiraba los ojos del libro y oía los gritos del Padre, esta vez encolerizado. La Madre se lavaba las manos y regresaba a la sala. Ya habíamos escuchado varios truenos repetidos en la tarde y el toque de tambores de Bikini adolescente accidental flash tetas negros del barrio.

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Pero ese tum-tum nos agradaba. Y no abundaba en preguntas. Por un momento el Padre dejó el periódico y sentí que fijaba su atención en mi lectura. Pude saber que la seguía. Nadie, nadie lo había dicho. Era un libro prohibido. El Padre. Entonces, no sabía por qué nos traía a este barrio, a esta ciudad de negros. En la Bikini adolescente accidental flash tetas del Padre nunca estuvo Bikini adolescente accidental flash tetas reflexión.

Yo soñaba ese odio: se convertía en pesadilla. Como soñaba, de nuevo, que un muchacho negro era sacrificado y engarzado en los ganchos del matadero, luego desprendido y paseado en una procesión, con plañideras y deudos enlutados: llevaban como rosario las vísceras descompuestas de las vacas sacrificadas en la madrugada y de reliquia el corazón sangrante de la víctima. Link encendía la radio a la hora de las noticias.

Esta imagen, por lo trivial, no carece de importancia: hay cierta febrilidad en el gesto de encender la radio, en los desplazamientos del dial, en la sintonía definitiva de las noticias, como si aguardara de ellas algo esperado desde siempre.

Escuchaba con atención. Luego, enmudecía. Yo también escuchaba la noticia y sentí que lo decía: apenas vi el movimiento de sus labios. Subió el volumen. Se hablaba de su huida de Palacio y de la creación de una Junta Militar. Era mayo de mil novecientos cincuenta y siete. This web page malestar, en cambio, no duró mucho. Aquella noche, ante el alboroto de todo el vecindario, el Padre enterró su malestar: se fue a dormir.

En su cara quedaban unas ojeras amplias y en sus ojos adiviné un ardor insoportable. Desayunó en silencio. Me sentí tentado a preguntarle sobre el significado de las noticias, pero sabía que no iba a hallar respuesta. Tomaba de nuevo mi libro de Renan y lo confundía entre los textos escolares. A las nalgas de un Rubens añadía flechas, exclamaciones Bikini adolescente accidental flash tetas falos imperfectos y monumentales.

Y leía a Renan o, a veces, ese Voltaire que llevaba entre mis cuadernos. A Goya le dedicaba mi asombro y una risa de incomprensión cuando recorría sus dibujos, doble d chica tira diabólico sueño de la razón vomitando monstruos: quería desnudar a La maja vestida y ponerle bikinis a la desnuda.

Esos Modigliani eran asociados Bikini adolescente accidental flash tetas las mujeres tuberculosas del barrio, tomando el sol a las diez de la Bikini adolescente accidental flash tetas, a sólo dos cuadras de nuestra casa. El Bosco me movía a una incontenible hilaridad: esa cadena de monstruos y ficciones en colores era el Bikini adolescente accidental flash tetas sueño de mi razón: formaban una danza de espectros aterrados por el infierno.

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No: eso era entregarse y de la peor forma. La caca de su ternura. Entonces arrastré a Sonia del brazo hacia nuestro cuarto y allí la hice reposar. Al mirarla, vi sus ojos humedecidos y la comprendí perfectamente. No era una muchacha que pudiese soportar tanto desconcierto. Fueron las palabras de siempre. Nada podía decirle y ahora no cabían las preguntas. Sonia no era la muchacha dócil que entendiera, de pronto, las razones inconfesables de Bikini adolescente accidental flash tetas tía, su tramposa miseria, la precariedad filistea de sus quejas.

Se sentía burlada. Envidio a veces al difunto Javier, de no ser porque ha de estar pudriéndose en los infiernos. Pensar que una carta era suficiente para decidir nuestro regreso.

Después de todo, habían sido las privaciones, las trampas a sus acreedores, su capacidad de reservarse las mismas sobras de la mesa para recalentarlas source día siguiente. Nosotras sentíamos ahora su falta de dignidad, el descaro de su fraude un poco de sinceridad hubiese bastado, una simple explicación y hubiésemos comprendido el límite de sus ambicionesesa zancadilla que nos daba sin el menor asomo de pudor.

Hasta muy tarde la sentí despierta. Después, empezar sin balbuceos, como si la noche entera hubiese sido un aprendizaje riguroso, https://info-y.tesou.site/pdf-2020-08-19.php en mano, correcciones oportunas. Cualquier encabezamiento era suficiente. Y no pensaba exactamente en él, apenas era la sensación de estarlo pensando, pues me quedaba la impresión, sólo la impresión, de haber visto su figura en un sueño, tener la idea de haberlo conocido cuando sólo había cruzado algunas frases con él, un ligero tropezón por las mañanas, un extraño llevado en procesión al cementerio.

Y ahora era junio y había dejado de llover, sorpresivamente. Esa era su vida y esa era la vida que evocaba a medida que la visión de la calle convertía en silueta lejana la marcha del funeral. No tenía sino una lejana conciencia del momento en que comencé a verlo desde mi ventana, andando por la estación, timbrazos de teléfono, pitos e hilos prolongados en el humo de la vía. Y después volvimos a encerrarnos en el mismo silencio. En la vía nadie puede dormir con esos pitos: son tristes como si el muerto pasara en un tren solitario —había agregado cuando le pregunté por la aplastante letanía Bikini adolescente accidental flash tetas solía oírse ciertos días frente a mi ventana, dentro de mi cuarto.

La escolta lo rodeó: todos llevaron sus manos a la cintura. Ahí estaban las pistolas ametralladoras. Un piquete de policías cubrió la retaguardia. La cabeza del presidente sudaba debajo de su sombrero inglés: traje oscuro, corbata vinotinto, camisa blanca, chaleco. El discreto corte de una generación. Con mesura, sustituyeron el corbatín por la corbata, el sombrero de copa y el paraguas fueron desapareciendo como símbolos de elegancia.

Este hombre de sesenta años sabe lo que hace. Y que nadie se venga Bikini adolescente accidental flash tetas cagar en la patria ni en sus partidos. Con temple, con una gallardía propia de su generación: a su turno, también ellos conspiraron. Crearon sus células y alrededor de ellas el rojo legendario de un partido perseguido, masacrado en la legalidad. Hoy, los tiempos han cambiado: ahora ellos son la legalidad y es lo que, hoy, entrando a la universidad, tiene presente el presidente.

Este aire frío de siempre. Esta ciudad gris de siempre. Estos discretos hombres del poder; estos hijos de puta de siempre. Sufran, palidezcan con estas incontables derivaciones de la luz. Chóquense las manos, frótense los labios, masajéense los vientres cuando en los solarios se abran las puertas para las diversiones decadentes. No es el momento —decían—: almuercen a las dos de la tarde con aperitivos españoles, afinen ese verso, denle estructura unitaria a la novela, esqueleto y apoyatura a ese lindo cuento que terminan, como si nada pasara.

Recuerden la nostalgia: Bikini adolescente accidental flash tetas las nostalgias acumuladas. Olviden el pasado, las querellas, los enfrentamientos, las vísceras maltrechas, las dormidas precipitadas, los rencores, las amarguras insensatas: volvamos a ser Uno y felices.

Pero antes de seguirle contando, yo sí le digo que a mí nadie Bikini adolescente accidental flash tetas ha venido nunca con vainas ni con pendejadas ni con carajadas de esas. Porque usté sabe, me quedó la costumbre de cuando era boxeador: nada de Bikini adolescente accidental flash tetas, había que cuidarse bien, y las mujeres apenas tasaditas.

Y él con eso de empezar a patearme el asiento, a darle golpecitos para que me resbalara. Y el mocoso seguía pateando mi asiento y yo aguantando porque ya estoy harto de broncas, que hartas tuve en ese mismo lugar cuando venían a sacarnos a patadas los matones de Marianospina Pérez en los tiempos de la violencia, usté se acuerda. Entonces todos se espantaron porque ya el mocoso estaba en la lona, digo, en el piso, boqueando sangre.

Pero el tipo viene a mi mesa de nuevo, echando sangre por la jeta partida, cuando yo ya había pedido por mi cuenta un doble de anisado, y le mando un gancho al estómago y luego me empujo mi trago y lo veo dar vueltas en su cuerpo y doblarse como una hojita. Siempre dijo que el colmo de un militar era dejarse ver desnudo, con las prendas en la mano y ahora no estaban siquiera en las manos: rodaban por el suelo en un sitio grosero y desprovisto de solemnidad, así estuviese tapizado y recubierto por porcelanas relucientes, con una flor discretamente colocada esa mañana por su mujer, siempre de buen gusto y delicada su Bikini adolescente accidental flash tetas, que el colmo de un oficial era dejarse ver desnudo en una situación como esta, indefenso y grotesco.

Después, el triste espacio reduciéndose a nada. Puedes sufrir quemaduras. Bikini adolescente accidental flash tetas colocar la lengua entre los dientes superiores y el labio para que la superficie Bikini adolescente accidental flash tetas contacto aumente. Las Lumea de Philips tienen un accesorio específico. Porque su vello es muy Bikini adolescente accidental flash tetas al de las mujeres. El vello de la barba quedaría a parches porque la luz pulsada solo es efectiva cuando el pelo se encuentra en fase de crecimiento.

No, la piel es Bikini adolescente accidental flash tetas fina y sensible en esa zona y se ha comprobado que no es seguro el tratamiento. Las manchas de nacimiento se pueden deber a un desarrollo anormal de las células pigmentarias y pueden tener un color oscuro o color café. En este caso nunca se debe aplicar pulsos de luz sobre esa zona de la piel. El herpes labial es una infección de los labios, la boca o las encías que se debe al virus del herpes simple.

No utilices la luz pulsada para depilarte la zona de la cara porque cualquier tratamiento que irrite la piel podría hacer que el herpes vuelva a reaparecer. Bikini adolescente accidental flash tetas mejor en estos casos en consultar a un médico.

Nunca se debe aplicar la luz pulsada cerca o por encima de materiales artificiales como los implantes mamarios. Ten cuenta que si lo usan dos personas es preferible que la depiladora tenga muchos pulsos de luz.

Bikini adolescente accidental flash tetas debes tener la precaución de tener en cuenta el tono de tu piel. Deberías parar el tratamiento y afeitar la zona antes de seguir. Es una zona muy sensible y expuesta en la que no debes correr riesgos. No es lo mismo que te quede roja una zona del tobillo a que lo haga la mejilla o Bikini adolescente accidental flash tetas del labio superior.

Una excepción son los modelos compactos que se pueden usar tanto en la cara como en el cuerpo. El primero, ya comentado, es que no se emite el pulso si no existe un contacto directo con la piel. Así se evita que un pulso accidentalmente te dañe la vista. La segunda es un sensor de tono de piel que bloquea el disparo si detecta que la piel no es idónea. La tercera es la posibilidad de regular la intensidad a niveles muy bajos que te permite comprobar si el tratamiento es cómodo.

Léete el manual antes de empezar. Es difícil indicar un modelo. Entre estas, hay modelos que lo miden el tono de piel al principio de la sesión y ocasionalmente durante el tratamiento.

No debes preocuparte. Ve subiendo la intensidad hasta que veas que no te resulta cómoda. Si el tono es homogéneo y el grosor del vello también, no debes tener problema. Es preferible que te esperes a que termines de dar el pecho a tu hijo. No se han hecho pruebas o test que lo aconsejen.

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En cualquier manual lo puedes ver. El motivo parece ser por los cambios hormonales que pueden afectar a la sensibilidad de la piel. Antes del tratamiento es recomendable que elimines cualquier producto químico que haya sobre la piel, como el desodorante. Debes consultar a tu médico.

Si utilizas niveles de energía demasiado bajos el tratamiento puede ser muy cómodo, pero muy poco efectivo porque llega muy Bikini adolescente accidental flash tetas energía a la base del vello.

En este caso mi recomendación es que te esperes hasta que estés segura de que tu hija ha completado el desarrollo. En una etapa de fuertes cambios hormonales no es el mejor momento para tratarse el vello con luz pulsada.

Es una adaptación de la tecnología que se usa en los centros para que la puedas usar de manera cómoda y segura en casa sin la ayuda de nadie. Lógicamente, no todas las depiladoras de luz pulsada son iguales, porque cada marca y Bikini adolescente accidental flash tetas modelo tiene diferentes características diferenciales que debes tener en cuenta para elegir una.

Pornhub sc Watch Porn Movies Sexhuge Ga. El tiempo que te puede durar depende de lo que la uses. Se supone que a partir de los Cuando se agota, se agota también la depiladora. Lei en una de las preguntas que no se puede utilozar en la cara usando brackets, en la parte del bozo tampoco?? Agradeceria su respuesta. Para salir de dudas es mejor que consultes a tu médico. Hola Anita, No tengo noticias de que eso haya ocurrido alguna vez. En los manuales no especifican que haya que tener cuidado con los rayos X. Compre la braun silk expert 3 ipl y recién ayer me hice la primera secion. Leí el manual pero no entendí cada cuanto se debe usar. Tu sabes la frecuencia de uso? Cada semana te aplicas una sesión. Mientras veas que el vello sigue saliendo, sigues con el mismo ritmo cada 7 días. Si vieras que el vello, por ejemplo a la quinta semana deja de salir, debes para el tratamiento ahí. Se supone que una vez al mes, aunque si te sale el vello a las dos semanas pues también debes aplicar pulsos. Si en la fase de mantenimiento no te sale vello durante dos meses, no debes hacer nada. De momento aplica una sesión cada semana y cuando lleves varias, si tienes dudas, me dejas un comentario. Hola Maripaz, no tienen por qué salir. Puede que sea una simple casualidad. De todos modos, si tienes varices es mejor que consultes con tu médico. Es mejor que las vea y te diga si te puedes hacer la depilación con luz pulsada en esa zona. Tengo algunos lunares en la piel de las zona del cuerpo que quiero depilar. No sé si el modelo que he comprado sirve para depilación facial. Muchas gracias de antemano. Evita a toda costa pulsos en esas zonas. No se trata de qué intensidad seleccionar. Puedes ver el procedimiento aquí. Si, usa un perfilador blanco. No, no es apta para la depilación del vello facial. Yo no te recomiendo que lo hagas ni aunque la tengas clara. Es una zona muy delicada y te podría provocar alguna reacción en la piel que estéticamente sería muy visible. María, tu depiladora no tienen sensor de tono de piel. Este sensor lo que hace es bloquear el pulso cuando el tono de piel es demasiado oscuro. Llevo tres meses usando Philips lumea y el vello sigue apareciendo… No se elimina del todo, no sé si estaré haciendo lo correcto pero siento que no es del todo efectivo. Piensa que no todos los modelos tienen la misma fluencia lumínica. Este es un dato clave, ya que te indica la cantidad de energía que llega a la base del pelo. No todo el mundo responde igual al tratamiento ni siquiera empleando el mismo ajuste de energía. Si la dejas a medias, puede que la batería vaya perdiendo capacidad. Si quieres contar tu experiencia, te animo a que lo hagas. Hola Lore, no hace falta que lo uses. Lo importante es que selecciones la intensidad de energía adecuada para tu sensibilidad y tono de piel. En el manual te lo explican, aunque si tienes alguna duda me comentas. Hola, tengo una lumea essential, cuando voy a realizar el tratamiento la luz de carga no deja de parpadear en color amarillo y no dispara a que se debe? Esther, mejor que le expliques el problema al servicio técnico de Philips. Hola queria saber a que se refiere con ejemplo O Con una depiladora de Cuando se acaban, la depiladora deja de funcionar. Tengo la Philips Lumea Advanced, con accesorio corporal y facial. Entonces empecé a depilarme la cara con el accesorio corporal, primero en intensidad 4, después 5 y así empecé a notar cambios, ya casi no me queda vello facial. Porque hasta el momento no he tenido quemaduras ni irritaciones, y cuando salgo uso una crema Vichy con SPF Letizia, no es lo que se recomienda. Pero si ya lo has hecho y no notas efectos secundarios quiere decir que en tu caso no pasa nada. Entonces he estado depilandome por 6 meses, siempre cada 14 días pero el día que me iba a depilar, me rasuraba en la ducha tipo 10 de la mañana, y a las 11 empezaba a usar la Lumea. Y es suficientemente largo como para que la luz pulsada llegue a la base del pelo. Si te rasuras días antes y el vello te crece, deberías volver a rasurarte, así que es no es necesario. Depende de cada persona y de lo que le crezca el vello. Y después de aplicar el tratamiento.. Muchas gracias! Soy Valeria, de Argentina. Las depiladoras que se venden aquí en España no necesitan usar gel. Para aliviar la piel después del tratamiento puedes aplicarte cualquier crema hidratante neutra sin aromas. Consulta cómo debo depilarme el labio superior sino puedo usar crema depilatoria o la cera no es efectiva para luego pasarme la Depiladora. No creo que afeitarme sea una solución. Espero que me ayuden!! Puedes usar cera. Ya voy por la tercer sesión tengo la Philips LumeaSC y no noto resultados, y la verdad que me estoy enloqueciendo con la picazon despues del razurado. Pude ser normal que demore tanto los resultados? Si te duele cuando aplicas el pulso de luz no debes aumentar el nivel de energía. En cambio, si tu piel es clara y no te duele, una posible solución sería aumentar al ajuste al siguiente nivel. Siempre consulta la tabla del manual de la depiladora. Sin embargo, es mejor que consultes con tu médico de cabecera para que pueda evaluar tu caso concreto. Hola estuve mirando por ebay y hay unas depiladora chinas a la mitad del precio de las de marca! Sirven también? Vienen completas con los tonos de piel y para adaptar ala rostro! Tengo mi duda si podrías ayudarme. Sí puedes, hay todo tipo de vello entre las mujeres que usan las depiladora de luz pulsada para depilarse en casa. Lo que influye es el color. Si es muy claro, no es efectivo por la falta de melanina. El punto 60 sobre los implantes dentales, se refiere en el caso que te depiles partes de la cara? Supongo que para axilas y piernas no hay problema no? Hola Joana, exacto, se refiere a la zona de la cara. Muy buen artículo. La duda que sigo teniendo tiene que ver con las diferencias de depilarse en casa y en ir a un centro de estética. Si te depilas en un centro de estetica la depilacion va a ser definitiva? Con la depilacion en casa, si no se hace el mantenimiento, vuelve a crecer vello como si nunca te hubieras tratado? Por el tipo de energía que emiten longitud de onda permiten abarcar un amplio rango de tonos de vello y piel. A la larga, nadie te va a garantizar que el tratamiento es definitivo con ninguna de las dos opciones. Parte de los vellos se pueden activar por cambios hormonales, o simplemente porque en el momento del tratamiento se encontraban en fase de reposo y el tratamiento no resultó eficaz. Cada centro de estética es un mundo. Posteriormente, debes saber elegir una buena clínica estética o la mejor depiladora de luz pulsada para ti. Agarró la pequeña bola con la campana oculta adentro y la sacudió para conseguir la atención del gato. Juguetes aquí, basura allí". Se puso de pie, metiendo la bolsa del arenero bajo un brazo, la caja del gato bajo el otro, y se dirigió a la cocina. Puso la bolsa y la caja en la mesa. El agotamiento le pedía detenerse y descansar pero había ahí justo demasiadas cosas que tenían que ser hechas. Tabitha saltó fuera de la cocina y se subió a su lado. Compré un poste para rasguñar para ti. El anaranjado y blanco felino puso su cuerpo arriba en el muslo de Verónica y comenzó a ronronear. Verónica oyó el sonido del teclado. Necesito que la agregues y presiones para terminar el papeleo". Todos los empleados son agregados una vez que hayan completado su I-9's y W-4's". Es una empleada nueva". Verónica oyó el sonido parar y el chirrido del movimiento de la silla de su hermana. Frotó su frente, sacando una protesta del ronroneante montón de pelusa en su pierna. Mira, la contraté personalmente y le prometí beneficios completos. Por supuesto que puedo. Envíame por fax sus datos y la agregaré a las listas. También necesito que le des a ella el mejor plan médico que tenemos y posfecharlo al primero del mes. Ella siempre pregunta por ti". Hablo con ella". Oímos hace dos semanas que tu la llamaste en su cumpleaños. Raro, eso fue hace un mes". Estaré allí, pero no esperes que me quede después de cenar mientras ella pasa a través del libro de recuerdos e intenta volver a vivir nuestra niñez. Eso la hace feliz". Desearía que me dejaras saber por qué empleaste personalmente a alguien para un trabajo del nivel de entrada". Bueno hablar contigo también, adiós". Ajustó el extremo del cojín y cerró los ojos. Al principio el rítmico ronroneó la molestó pero en pocos minutos Verónica estaba profundamente dormida, como lo estaba una muy satisfecha Tabitha. Los llené lo mejor que pude pero no sabía todas las respuestas". Sacó un fólder color manila del maletín y lo puso sobre la cama. Le tendió la pluma y estaba sorprendida de ver a Rose tomarla con su mano izquierda. Las otras tienen algunos espacios en blanco que tienes que llenar". Rose firmó los formularios silenciosamente antes de darle la pluma de nuevo. Tenemos diferencia de opiniones sobre como debo vivir". Dudó por un momento antes de decidir sacar a colación el tema que estaba tirando en su mente. Quiero decir, me parece extraño que no quisieras que supieran que estabas en el hospital". Verdes ojos se desviaron mirando fijamente en las persianas venecianas que cubrían la ventana. Un accidente automovilístico. Un conductor borracho se pasó la luz de un alto y los golpeó. Eso es todo lo que sé". Se sentía mal por plantear el tema. Supongo que no puedes extrañar lo que nunca tuviste". Rose intentó parecer indiferente sobre eso pero Verónica sospechó que era un acto fingido para su beneficio. Algunas familias adoptivas, pero sobre todo viví en orfanatos dirigidos por el Estado o en hogares. Tan pronto como me gradué de la secundaria conseguí un empleo trabajando como cajera. He estado sola desde entonces". No deseando continuar con el asunto de su pasado, Rose cambió el tema. A ella le gusta ronronear mucho". Esta es la primera vez que tengo uno". Mi padre era alérgico a los gatos y mi madre tenía miedo de que un perro pudiera destrozar la casa. Tomó un largo trago del fresco líquido antes de contestar. Estaba caminando a casa una noche y apareció saliendo de la nada. Solo piel y huesos. Siguiéndome a casa. Ha estado conmigo desde entonces". Una temerosa mirada apareció en sus ojos. Se supone que no tengo ninguna mascota". Una preocupada mirada cubrió la cara de la joven mujer. Soy bastante buena también, aunque no sé si puedo permanecer despierta bastante tiempo". Alcanzó la mano de Verónica. Nadie quiere jugar Trivial Pursuit conmigo". Es un juego tan divertido. Lo jugué una vez en el centro comunitario". Lo traeré mañana para que juguemos y prometo no ganarte demasiado gravemente". El tema musical de Jeopardy atrajo su atención a la televisión. La ejecutiva de cabello oscuro metió suavemente la manta de Rose y apagó la televisión. Se quedó sentada allí por varios minutos mirando el gran molde y las puntadas que formaban una línea en el pómulo de la joven mujer. Tienes comida. Se agachó y recogió al felino, al parecer girando en el botón del ronroneo al mismo tiempo. Sostuvo al feliz gato con un brazo y el maletín en el otro. La oficina de Verónica estaba en el primer piso cerca de las escaleras. Echó un vistazo en su reloj y gimió. Tenía una reunión a primera hora de la mañana y tenía todavía que repasar los informes mensuales. Se arrastró hacia su escritorio y encendió su computadora, teniendo pavor a la idea de pasar las próximas horas fluyendo sobre las hojas de los balances y los informes. Por supuesto, los jefes de cada división harían las mismas cosas con ella mañana pero Verónica se enorgullecía de saber exactamente lo bien o mal que cada departamento estaba haciendo antes de oír la versión lustrada de sus parientes. Un apretón del botón de power y la computadora tarareo a la vida. El logotipo corporativo de Cartwright cubrió la pantalla de veinte pulgadas. Mecanografió su contraseña y el logotipo desapareció, revelando la pantalla principal. Ésta es una cosa humana, nada hay aquí arriba para tu veas", le dijo al ansioso gato que estaba parado sobre sus patas traseras en la expectativa de ser levantado. Tabitha extendió sus garras delanteras en los pantalones grises de Verónica. Ve a jugar con tus juguetes". Giró su atención al primer informe, Cartwright Real Estate. Varios terrenos habían sido comprados a lo largo de la región en anticipación de urbanización para la construcción de viviendas pero estaban seriamente atrasados en sus proyecciones de crecimiento. Suavemente cogió al ronroneador animal en sus brazos y lo dejó en el piso. El reloj abajo en la esquina derecha de la computadora leía a. Salió al cuarto principal para poner la alarma para la noche cuando vio la chequera de vinil azul marino que estaba sobre la mesa de la entrada al lado de los libros de la biblioteca. No había muchas entradas. La pequeña escritura, ordenada detallaba cada depósito, cada cheque. Cuatro retiros estaban enumerados como estando para la renta, cada vez borrada del dinero que había tomado la mayor parte del mes anterior, la acumulaba. Dos entradas existían para la compañía de luz, y varios fueron extendidos a Money Slasher. Cada semana los depósitos de varias exiguas cantidades fueron registradas seguidas por los cheques a la tienda de comestibles. Esos cheques fueron extendidos en cantidades desde cinco a veinticinco dólares, cada uno hacía que quedara poco en la cuenta de la joven mujer después de pagar sus gastos semanales. Esas entradas aparecían justo tan a menudo como los cheques a Money Slasher. El actual balance mostraba unos ciento doce dólares y cambio en la cuenta de la joven mujer, mucho menos que la renta que había estado debiendo. Los ojos de Verónica fueron de nuevo a la entrada para la renta de noviembre. Era esa semana que Rose había comprado los cinco dólares y el cambio de comestibles, el registro mostraba una negativa cantidad de dos dólares y quince centavos después de esa entrada. Cerró la chequera y la dejó sobre la mesa del café. La joven mujer dijo que no había nadie para contactar, así que esa persona Bickering no podía ser un pariente. Verónica se dio vuelta, perturbando al durmiente gato. Su brazo salió y torpemente lo dejó caer sobre la mesa del café por el molesto teléfono. Estaré allí tan pronto como pueda". Golpeó el botón de apagado en el teléfono y lo tiró en la cama cuando se dirigió hacia a su baño. Dijo mientras tomaba su asiento al final de la larga mesa rectangular. Sentada justo a la derecha de su hermana mayor, la jefa de seguros Cartwright nunca podría confundirse con Verónica. Susan tenía, gracias a las horas con un estilista, el llamativo cabello rojo permanentemente en un gran ensortijado que era un enjambre sobre su cabeza y hasta sus hombros. Abrió su portafolio y sacó el primer informe. Su mente estaba a varios kilómetros,. Eran cuarto para las doce cuando las puertas se abrieron para revelar a un hombre de cabello rubio oscuro, que estaba despeinado y arrugado. Los varios primos y parientes que rodeaban la mesa miraban de la mujer de cabello oscuro a Tommy y de regreso otra vez, completamente esperando una batalla. El hombre joven, sin embargo, fingió no notar el comentario de su hermana mayor. Diez pares de ojos volaron de nuevo a Verónica. Verónica no pasó por alto los enrojecidos ojos o la manera en que Tommy mantenía su mirada en su reloj. Pero la semana pasada, solamente veinte estaban terminadas. El silencio llenó el cuarto cuando todo el mundo esperaba la reacción de Verónica. En lugar de eso giró su atención a Frank. Tommy salió en cuanto la reunión terminó, sólo añadiéndose a las especulaciones y a los comentarios de los parientes. Echó un vistazo en su reloj. Susan contestó despreocupadamente. Tiene que ser hecho enseguida. Y no se te olvide de posfecharlo al principio del mes. Es muy importante". Realmente, Ronnie, piensas que ésta es una situación de vida o muerte". Envíame por fax las confirmaciones a casa". Verónica salió hacía el elegante vestíbulo y presionó el botón para el elevador. La Navidad es solo en veinte días". No te preocupes sobre eso. Vamos, Susan. Necesito conseguir salir de aquí". Lo prometiste". Verónica recordó su promesa de traer un juego de Trivial Pursuit con ella pero las oscurecidas nubes y lo tarde de la hora hicieron que decidiera renunciar a un viaje para el centro comercial para escoger uno, prefiriendo llegar al hospital antes de que se hiciera demasiado tarde. Fue a la silla en la cercana esquina y se sentó para esperar el regreso de la joven mujer. Los dos celadores tenían tanto cuidado como podían con su paciente pero Rose todavía gritó de dolor cuando la cambiaron de la camilla de nuevo a su cama. Rose forzó una sonrisa en su cara en la vista de la mujer de cabello oscuro. Su cara traicionó su dolor cuando se movió y frotó su cadera. Si no te gusta, Rose, solo déjamelo saber. Te traeré otro doctor". Esperaba que su explicación no sonara tan pobre para Rose como lo hizo para sí misma. Quiero decir, no puede ayudarme si tengo dolor. No pienso que ellos hagan algo bastante fuerte para calmar el dolor. Es solo que duele tanto todo el tiempo. Incluso cuando estoy durmiendo, me muevo y el dolor es tan fuerte que me despierta". Bajó la mirada desanimada en sus fracturadas piernas y tobillos. Todo lo que pide siempre es alimento y atención". Los ojos verdes adquirieron una mirada triste. Levantó la mirada a las esculpidas facciones de su generosa benefactora. Una vez que estés de nuevo sobre tus pies, te la traeré, lo prometo". Incluso no tengo un lugar para vivir". Cuando salgas de aquí Rose, no voy a dejar que te rindas así que no vas a estar rindiéndote tu misma. Sé que eres una sobreviviente. No dejaré que te sea quitado". Ya hace cinco días. Él me advirtió que nunca me atrasara con la renta. No es espacio para que un ser humano viva ahí e indudablemente no tu. Después de eso me aseguraré que consigas un lugar decente para vivir". Respiró hondo antes de continuar. Por favor déjame ser ese alguien". El cuarto quedó silencioso durante un minuto Rose bajó la mirada en su regazo, mordiendo su labio inferior. Supongo que no tengo mucha elección ahora". Su cara traicionó sus sensación de fracaso y la desesperación de su situación. Prefiero pasar privaciones que recibir caridad". Verónica encontró duro creer que fuera tan difícil para Rose aceptar la ayuda que le era ofrecida cuando las alternativas eran tan claras, pero cuando hizo una pausa para considerar la historia que la chequera decía, tuvo el sentido perfecto. Antes de que Verónica pudiera contestar, otra explosión de intenso dolor se disparó a través de la joven mujer, causando que su cara se arrugara con agonía. No importaba. Nada importaba excepto intentar ayudar a que la increíblemente valiente joven mujer lograra atravesar esto. Te tengo", murmuró en el dorado cabello mientras que su mano suavemente frotaba arriba y abajo la desnuda espalda expuesta por la bata del hospital. Muchas gracias por la información del artículo! Si el vello te sigue creciendo, puede rasurarlo. Por error apliqué IPL sobre un lunar pequeño, qué me podría pasar? Cuales son los riesgos aparte de quemadura? Siendo el lunar pequeño, lo normal es que no vayas a tener problemas. También depende de la intensidad con la que hayas usado la depiladora. Si el ajuste de energía era bajo, por un pulso no te va a pasar nada. Queria hacerles una pregunta. Si del implante a la axila hay unos 4cm de separacion…. Y mejor si consultas a un médico. Hoooola, estoy realizando un trabajo sobre depilación ipl. He leido todo tu post, mil gracias! He visto que hay de nm, de a … pero no se si mas alto quiere decir mas efectivo? De nada sirve una depiladora que emita mucha energía, si esta no llega a la profundidad necesaria. Es como si te compras un coche muy potente pero no lo puedes poner a km por hora porque las normas lo impiden. Muchas gracias de antemano!!! Sien distintas, te puedes hacer un tratamiento completo. No hay ninguna contraindicación en hacerse brazos y piernas el mismo día. Hola buenas tardes! En el manual de la depiladora se dan algunas indicaciones, pero siempre tratan de curarse en salud. Piensa que hay tantos tipos de pieles y tantas formas de tomar el sol que no se puede dar una regla general para todo el mundo. La idea es no sobrecargar la piel con energía lumínica, ya sea del sol o de la depiladora, que a los efectos, es lo mismo. Las indicaciones que se dan sobre las sesiones, son una referencia, pero no hay que tomarlo a rajatabla. Da igual un día antes que después, siempre y cuando observes que no hay efectos secundarios. Buenas tardes Podrían indicarme si la prestige o advance se puede usar en niñas menores de edad? Y esto afecta al tratamiento y a sus resultados. Es mejor esperer a que se termine de desarrollar. Hola, respecto a los tatuajes, no hay forma de utilizarlo en esa zona? Me explico, si tengo todo un costado de la pierna, nunca puedo aplicarme pulsaciones? Muchas gracias por tu post, me lo he leído todo pero sigo sin entender muy bien la frecuencia con la que lo puedo usar y en las instrucciones tampoco lo entiendo. Llevo 5 sesiones y lo hago cada 2 semanas, me sigue creciendo el vello, por clapas, para q te hagas una idea me tengo q rasurar 2 veces entre tratamiento y tratamiento. Puedo seguir cada dos semanas hasta q me salga menos? Mi modelo es la i light de remington Mil gracias por la ayuda. Por tanto, no hay problema en seguir aplicando el tratamiento, siempre y cuando el vello siga creciendo. Hoy me hice la primera sesión, para ello me rasure, cuando me haga la segunda sesión igual me tengo que rasurar???? Siempre que te crezca el vello hay que rasurar antes. Me ha encantando tu post! Gracias por tu información, has resuelto algunas inquietudes que no estaban en mi manual. Hola, me acabo de comprar la Philips lumea prestige. La que recomienda el fabricante de mantenimiento semanas?? Muchas gracias. Tienes que seguir la misma pauta que se aplica en la fase de mantenimiento. Si tienes dudas, en vez de hacerte una sesión completa puedes probar con algunos pulsos de prueba. Se puede utilizar IPL cada 7 días en la misma zona? O es peligroso?? Estoy en fase inicial. Hay modelos que recomiendan cada 15 días y otros cada semana fase inicial. Poder se puede, aunque hay que tomar precauciones y seguir las indicaciones que te den en el manual de instrucciones. Tengo una depiladora IPL en la que puedo combinar cabezal depilatorio y cabezal para fotorejuvenecimiento. Mi duda es sobre cómo combino ambos tratamientos. Por ejemplo, si hoy me depilo la cara, puedo darme también una sesión de fotorejuvenecimiento o debo esperar también una semana mínimo? No sé que modelo de depiladora tienes. Mira en el manual de la depiladora, puede que ahí te lo indiquen. En cualquier caso, no creo que te debas aplicar los tratamientos muy seguidos porque la piel puede sufrir efectos secuindarios al recibir demasiada energía. Yo tb tengo esa, incluso tengo cabeza de para el acné. Sí que puedes hacer depilación de piernas o axilas y después fotorejuvenecimiento, no hay problema. Eso sí, espacia si tb vas a hacer para el acné para que el rostro no reciba demasiada carga. Puedes realizarte el tratamiento cada semanas si ves que sigue saliendo vello. Hola…estoy usando la Silk flash and go y queria saver después o antes del tratamiento puedo usar pinzas para sacar algunos bellos eso sería contraproducente?? Veo q en la barbilla se a tardado o creo q no a hecho nada.. Hola carmen. Esto es normal? Es una silkn. España Tel. Como se puede controlar las pulsaciones que llevo dadas? Cuando llegue al tope como se que ha llegado??? Al pasar las pulsaciones….. Cuando llega al tope deja de funcionar. Cuando se terminen las pulsaciones? Puedo pasarme la depiladora electrica entre las 2 semanas de aplicar la luz pulsada? Hola Mónica, sí puedes. La idea es que lo hagas antes de fotodepilarte para que el vello esté muy corto. Aunque no pasaría nada si te vuelve a crecer para el día que apliques los pulsos. Es mejor que consultes en un centro especializado. Hola, yo tengo la remington ilight , ya llevo 8 sesiones tengo entendido que son cada 2 semanas, ya solo me sale vello en algunas partes mi pregunta es si ahora solo tengo que aplicarla en las partes donde aun me sale vello o repasar en todo por ejemplo las piernas o axilas?? Y cada cuanto tiempo es el mantenimiento?? Hola Juana, sólo donde te salga vello y sólo cuando te salga. El mantenimiento no tienen una regla fija porque depende de cada persona, de cómo le vuelva a crecer el vello. Hola, Ante todo, agradecerles su gran ayuda. Quisiera saber si ello puede afectar a la vista. Un saludo. Hola Pilar, entiendo que te refieres a la luz que rebota sobre la piel cuando disparas un pulso. Si es así, no debes tener miedo ya que no afecta a la vista. Si para depilarte con luz pulsada eliges una habitación bien iluminada te va a resultar menos molesto. Y por qué motivo debería cambiarlo? El tiempo que te puede durar depende de lo que la uses. Se supone que a partir de los Cuando se agota, se agota también la depiladora. Lei en una de las preguntas que no se puede utilozar en la cara usando brackets, en la parte del bozo tampoco?? Agradeceria su respuesta. Lo primero que hice fue hablar con el organizador de la noche, Senji -un empleado de IT de 26 años cuyos ojos escaneaban furtivamente la calle cuando salimos. Eso no importaba, lo que yo quería saber era cómo había logrado convencer a su novia para dejarlo descaradamente comerse con los ojos las tetas de otra viejas. Me acerqué a Satoi y le pedí su opinión de la noche hasta ahora. Era exactamente como se lo esperaba -muchos clientes masculinos, dijo. En cuanto a cómo se sentía sobre todos los "halagos" que su pecho había estado recibiendo, insistió en que "las tetas son algo que deben ser amadas por igual, sin importar el tamaño. Los penes, también. Pudo haber sido el propietario de una lancha para turistas, un vendedor de jugo de nísperos como tantos los hay a la orilla del mar. Pero no sólo escuchó el canto de los narradores y los poetas inmensos, sino también el de los ensayistas sociales y políticos. Óscar fue un escritor culto, bastante diferente de casi todos los actuales. Óscar fue un escritor culto como pocos, un intelectual. Creyó, como todos nosotros, en las utopías. Supuso, como todos nosotros, que el país nos iba a necesitar. Pareciera abrigar el temor de que no le creyésemos que estaba tan lejos y que de aquella lejanía europea había alcanzado ya absoluto dominio. Las calles aparecen con sus nombres exactos, la geografía urbana de la ciudad de la luz se despliega. El pastis para beber, el ricard , el beaujolais. Leer hoy a Shakespeare es emprender una expedición desde la silla mecedora hacia la insondable profundidad de la condición humana. A viajar pues, a leer. Se había suspendido la sintonía de los radios y apagado el ruido de la vitrola. Después de deambular sin rumbo por la casa, se había internado en su cuarto. Dormiría hasta el mediodía. Recordó la Semana Santa del año pasado y deseó ir a todas las programaciones con algunas de las mujeres. Sobre los cuadros y los objetos decorativos del establecimiento habían puesto telas moradas. Se habían impuesto un absoluto silencio durante tres días, como si del fondo de aquella devoción hubiese surgido un dolor inenarrable y antiguo. Y en el encierro de su cuarto, Amalia miraba las postales adheridas en las paredes, detallaba las pocas cosas de su propiedad, la habitación con su gran armario y la mesita de noche y el espacio tan reducido. No había un solo ruido. Todo permanecía inmóvil, en un misterioso encantamiento. La mujer lo había apagado sin protestar y se había internado en su cuarto dando un portazo. El armario caoba oscuro estaba lleno de vestidos, algunos de colores subidos, en un desorden que Amalia misma advirtió cuando lo abrió esa mañana. Sus nalgas, también gordas y bamboleantes, estaban algo flojas, aunque redondeadas y bien dispuestas, sin exageración. Sólo la curva de su espalda se conservaba hermosa. La piel, sin embargo, parecía bastante descuidada. Amalia era irascible. En el fondo, Amalia se reprochaba sus borracheras y hacía todo lo posible por evitarlas. Y estiró los brazos, como sacudiendo el cuerpo de una carga fastidiosa. El cuerpo de su amiga estaba envuelto en una toalla de colores. Sólo algunas veces las interrumpía un ruido molesto o alguna pregunta que se hacían entre ellas. Era una pregunta cortante que ella misma se hacía para frenar toda conversación. Desde muy pequeña se había ido de casa y la imagen de su padre le era totalmente desagradable. Le parecía verlo, como entonces, con el cabello revuelto y la voz incontrolable, gritando y tirando todo por el suelo. La madre le producía ahora un sentimiento de compasión, una compasión llena siempre de cierta ternura. Y eso ayudó a dejarlos de inmediato. Y se acordaba del parto, de los dolores y del esfuerzo tan doloroso y del incidente, el niño nació vivo pero murió a las pocas horas, recordaba. De ahí su cuidado en las relaciones con sus clientes. La luz escasa de las bombillas y el viento que soplaba de la bahía y la gente en multitudes llenando las calles, mujeres enlutadas, aquello adquiría un aspecto de fiesta negra. Había desaparecido el silencio del comienzo: la gente hablaba y gritaba confusamente, los tumultos de jóvenes en las esquinas se repetían en cada cuadra, entonces los muchachos seguían a un grupo de jovencitas, hablaban, gesticulaban y terminaban al rato buscando la oscuridad de una calle para recostarse en parejas e iniciar el besuqueo. Buscó la llave en el bolso: antes de encontrarla ya Joaquín estaba a su lado, con una mano en el bolsillo, esperando que la mujer hallara la llave, con el rostro serio, la frente bastante ancha y la barba bien rasurada pero con un abultamiento de los ojos que revelaba trasnochos acumulados. Era un hombre de brazos y piernas musculosas, que él resaltaba usando camisas de manga corta estrecha y pantalones de dril bastante ajustados. Talco-alcohol derramado. Le dio luego un fuerte golpe en la cara, con el dorso de la mano. Amalia reaccionó, casi instintivamente, cogiendo una navaja abierta del nochero. Joaquín se sonrió nerviosamente y Amalia quedó unos segundos en silencio. Luego, ya en reposo, el hombre trató de acercarse de nuevo. Amalia fue a sentarse en la cama, sin soltar la navaja, con el vestido en la otra mano. Empezó a ponérselo. Desde la cama vio pasar a una mujer, envuelta en una toalla, con el cabello humedecido. No volvió a repetir la propuesta por miedo de encontrar otro rechazo. No era el tipo de hombre que por las mañanas pedía cuentas a su mujer del producto de la noche anterior. Era su hombre en el sentido en que ella no lo trataba como a su cliente. Él, por su parte, era también sincero con ella, lo había sido desde su comienzo, cuando le dijo que tenía esposa e hijos y que por ahora no pensaba dejarlos, aunque se llevaban mal. Amalia le extendió la mano por el hombro —muy suavemente— y recostó la cabeza en la espalda de él. El hombre se estiró y ella empezó a buscarle espinillas en la cara. Amalia se limitó a mirarla. Las mujeres —algunas de negro—, paradas en las puertas de sus casas, hacían corrillos y los hombres remoloneaban ociosos sin atreverse a nada. Joaquín encendió el radio del carro y escuchó también a Haendel. Cambió inmediatamente y escuchó una voz pausada que contaba un episodio religioso. No identificó la emisora. El disco siguiente fue un bolero de Agustín Lara y se acordó de Amalia. Pero también recordó la figura de Agustín Lara su voz temblorosa-trémula , sentado en un piano: seguramente era la imagen de una vieja película mexicana. Prefirió no insistir: con lo sucedido tenía bastante y era mejor no empezar de nuevo. Luego deshizo esa imagen y volvió a acordarse de Amalia. Sintió remordimiento al recordar la cachetada que le había dado y pensó pedir excusas. No había atendido una sola llamada de los clientes en la media hora larga que llevaba dando vueltas por las calles. Se desvistió en silencio: la mujer dormía, pero al subirse a la cama ella despertó, sin decir una palabra. Entonces se examinaba y se veía ridículo y se sentía en su reducción, mientras las otras figuras crecían hasta lo descomunal. Trataba de huir pero se sentía clavado en la tierra. Finalmente, ella desnuda, tendida en el suelo, parecía recibirlos a todos y todos sobre ella en un montón que crecía: se despojaban de sus ropas hasta aparecer en la ridiculez de su desnudez. Joaquín comprendió que soñaba y sintió una satisfacción profunda. Oyó las voces de sus hijos y cerró los ojos. Volvió la imagen de Amalia. Al rato, cuando despertó, oyó a su mujer que hablaba con la vecina sobre el Viernes Santo y la Pasión de Cristo. Se acordó de Amalia y del pretexto para no acostarse con él. Al rato, Joaquín se levantó y encontró el desayuno tapado con un plato, sobre la mesa. No sintió ganas de comer y prefirió tomarse dos vasos de agua, respirando hondo al terminar el segundo. Sin hablar a su mujer, volvió al cuarto y se estiró en la cama. Muy pocas veces salía y cuando lo hacía era al baño o a la puerta de la casa para observar las calles vacías y, en los andenes, a las mujeres ociosas, algunas riendo a carcajadas o a los muchachos que jugaban correteando todo el día en la calle. Volvía a su cuarto y se metía en la cama y empezaba a hojear algunas revistas. Lo necesitaba, era cierto, pero en cualquier momento podría desprenderse de él. Se encontraba a gusto cuando se acostaban pero pensaba que también podría estar a gusto con otros hombres y que sólo bastaba un poco de simpatía y luego algo de confianza y la idea de sentirse suya y de sentirlo también suyo. Esa forma de hacerlo respetar como su hombre, delante de las otras mujeres, era seguramente el medio para hacerse valer como persona capaz de tener algo y de sostenerlo mientras lo quisiera, exclusivamente para ella. Sin embargo, no era así íntimamente: no era una mujer a quien le gustara la violencia. Recordaba su fragilidad de niña y no se explicaba el porqué de sus reacciones cuando se emborrachaba, generalmente hasta dormirse en un sillón o tener que ser conducida desde el asiento del bar hasta su cama. Desaparecería de su vida un día cualquiera. Sabía que Joaquín no era un tipo de insistencias ni alborotos y que —a duras penas— le pediría una aclaración. Y punto! Oyó el tintineo de las botellas al ordenarse en el bar. Afuera, en la sala, se sentaron en los sillones, aunque la puerta de la calle permanecía entornada, no sólo allí, sino en todas las casas del barrio. Se desprendió el negro luctuoso de los cuerpos. Luego ordenó sus cosas y salió de su habitación, apagando la luz de la lamparita de noche. Se hizo el silencio entre las mujeres y luego se escuchó un murmullo de reproche. Amalia salió a la puerta de la calle y miró: las luces de los avisos se habían encendido y las bombillas rojas-verdes-amarillas parpadeaban en las pistas de baile ya enceradas de los bares. Sabía que algunas lo deseaban, no tanto porque fuera un hombre deseable sino porque era su hombre. Volvió el cuerpo hasta darles la espalda y empezó a silbar un rock and roll lento que solían poner los gringos cuando inundaban la casa. Varias veces repasó la letra del tango. Salió a la puerta de la casa sintiendo esta vez que las miradas se asentaban sobre ella, pero sin mirar a las mujeres prefirió simular una serenidad que no tenía. Aquello fue aumentando, como si una cadena de ruidos distantes se fuera enlazando hasta el momento culminante de este gran estruendo. Al instante se levantó un coro por toda la casa. Medellín: Editorial Papel Sobrante, Era como si estuvieran haciendo de mí el blanco de culpas que yo no podía precisar en ese instante del sueño, cuando la sensación no era otra distinta que la de tener un peso indeseable encima de mi cuerpo. Insistí con Alberto en lo de la goleada de su equipo, poniéndole harta pasión, alimentando su entusiasmo, y conseguí que se interesara con frases de aceptación seguidas de sollozos. Opté por el silencio. Allí estuve alrededor de una hora hasta que se interrumpió la transmisión con los acordes del Himno Nacional. Recordé que, de niño, me ponía firme y saludaba militarmente al oír el Himno. Era una amonestación. Muchas veces nos deteníamos a conversar, pero las palabras no fluían, había largos silencios, como si nada hubiera para decirse. Mi silencio era ya una conducta y sólo había palabras escasas para aceptar, sugerir o pedir algo. Sus carnes empezaban a engordar y ablandarse. Los días se sumaban unos tras de otros, monótonos, siempre la repetición de los mismos acontecimientos, de las mismas frases, del mismo sol y del mismo calor-sudor. Miré hacia la mesa y lo vi sentarse pesadamente. Había caído Rojas Pinilla y las emisoras transmitían declaraciones de todo el mundo. Este recuerdo me sedujo por un momento y sentí un deleite grande al fijarlo en mí. Y quedaba otra vez la imagen del día anterior en el desfile. Sólo al rato pude volver al problema de Alberto. Al recordarlo, volvía a tener una especie de culpa por lo de Alberto. Al rato fueron llegando todos los hermanos y empezaron a desvestirse. Comerían y se acostarían, pero esa noche discutían. Solían repetirse en el barrio y siempre había una aglomeración creciente cuando comenzaban las peleas de mujeres contra hombres. No era extraño saber de un hombre rajado a cuchilladas que insistía en pelear hasta el momento mismo del desfallecimiento. El respeto, lo comprendía ahora, no era otra cosa que miedo a sus reacciones. Me acerqué a su cama y, tratando de leer, decidí dejar la luz encendida: los hermanos, pues todos dormíamos en el mismo cuarto, le dieron la espalda a la luz, tal vez cerrando los ojos para evadirla. Él me miró y volvió a embutir la cabeza entre la almohada. Al rato se levantó y fue hasta el inodoro. Comprendí entonces que se abría a la conversación. Dejé que fuera él quien tomara la iniciativa. Yo traté de estimular la conversación y no le pregunté por qué. Alberto tenía once años y para mí era agradable saber que tenía a otro hermano de mi parte. Habían llegado panfletos a mi poder y yo los leía en voz alta, distraído, para que ellos escucharan. Insisto: me respetaban y cada día, en secreto, veía la transformación de ellos a pesar de que en casa se insistía en el mismo ritmo de respeto. Le había agarrado el muslo, sin-ton-ni-son, inesperadamente, le había mandado la mano al sexo, narró el hermano. Sentí que recordarla me producía la misma sensación de gozo, mezclada con la sensación de culpa, aumentada y agravada por la ausencia de varios días. Antes de apagar la luz, pensé que un día de estos contaría lo de mi hermano Alberto en la clase del padre Maldonado, para ver qué cara ponía. Mira luego a Efraín, su amigo de infancia, tal vez de la misma edad suya y calcula que tal vez esté pensando las mismas cosas o, por lo menos, algo relacionado con el pasado que ahora los une en esta ceremonia. Por la extraña pero explicable razón de ese cuerpo muerto y esa atmósfera de luto que los arroja al respetuoso recogimiento de ahora. Y mira a Efraín. Ahora, en la posición de su cuerpo, en su muerte misma, hay algo que se levanta del polvo, algo que nos aclara el pasado, como si nuestra presencia allí no fuera otra distinta a la fidelidad a recuerdos comunes. Evoco, piensa, el primer día, cuando entramos por primera vez a la tienda. Tienen que ser sus familiares, piensa Efraín y eso es suficiente para pronunciar aquella frase-fórmula inmodificable. Alberto y Efraín se limitan a estar juntos y cada uno a pensar a su manera en don Pacho. Poco les importa pensar cosas distintas en ese momento, aunque podían recordarlas juntos y encontrarles semejanzas. Por ejemplo: las disputas en el colegio, el barrio en donde vivían, los padres que tenían, cosas que bien podían conformar un mundo que precisamente era el que se escapaba de la memoria en aquellos momentos. No puede dejar de pensar en el silencio de su amigo. Pero ni Efraín ni Alberto ni nadie podían resistir. Estaban allí por voluntad propia y por la misma recompensa. Alberto pensó en resistir alguna vez, pero fue sólo un instante, como el ruido de algo que cae para morir luego en una nada sin huellas. De la simple, vaga impresión, pasa a la impresión casi física: es como si algo físico irrumpiera de pronto. La sensación de una mano que empieza a bajar por el vientre, la voz que dice incoherencias. Es la mano de don Pacho alcanzando la bragueta del pantalón y desabrochando los botones con una habilidad que hablaba del ejercicio y la repetición del mismo acto. Es como si aquel cuerpo estuviera produciendo un santo-y-seña capaz de mover cuerdas-móviles-extrañas de la memoria. Usted restituye episodios de una vida que podríamos haber olvidado, piensa Alberto. Es como si lo viera vivo: su cara, a pesar de los cuarenta años, sin una sola arruga. Su rostro fuerte y cuidado. Su cuerpo, efectivamente gordo, como si el estómago hubiese corrido la suerte de sus abusos. Sus manos cuidadas y hasta algo esmaltadas las uñas. Pero sus ropas de colores oscuros y a veces camisas descuidadas. Todo el vecindario menciona su nombre y no sé, de estar vivo, si podría acordarse de nosotros. Alberto mueve la cabeza y dice algo, generalmente monosílabos. La primera frase larga que le escuchó a Efraín fue en el momento en que llegó una mujer gorda, vestida de negro. Era la mujer que le aseaba la tienda, recuerda. No envejece. Efraín sonríe. O como un profesor le dijera, con su voz afectada: magnífico, Alberto, magnífico, deje su trabajo en mi mesa cuando salga, tiene cinco. Alberto mira, escucha las voces vecinas. Le suenan vacías. Esperaba algo parecido a un Hooters -un tanto kitsch y libre de culpa. En realidad, no fue ninguna de las dos. La mayoría de los clientes estaban en sus veintes, amigos de las DJs y ahí para divertirse. Había, por supuesto, el siempre presente degenerado que definitivamente disfrutaba la velada de una manera no irónica. Lo primero que hice fue hablar con el organizador de la noche, Senji -un empleado de IT de 26 años cuyos ojos escaneaban furtivamente la calle cuando salimos. Eso no importaba, lo que yo quería saber era cómo había logrado convencer a su novia para dejarlo descaradamente comerse con los ojos las tetas de otra viejas..

Philips Lumeacon una amplia variedad de modelos es una de las primeras opciones que te debes plantear si buscas una depiladora de luz pulsada. Las pueden usar tanto el hombre como la mujer. Bikini adolescente accidental flash tetas hombre nunca la puede usar en la cara ni en el escroto.

También la fluencia lumínica es importante, ya que es una magnitud que mide la cantidad de energía que emite en cada puldo de luz la depiladora. Al margen de que le leas el Bikini adolescente accidental flash tetas sobre las Lumea Guía Bikini adolescente accidental flash tetas elegir una depiladora Philips Lumealas características clave son:.

Una de las ventajas de estas depiladoras es que son polivalentes. Algunos modelos miden el tono de piel al inicio del tratamiento y ocasionalmente durante el mismo. Otros modelo lo hacen con mayor frecuencia. Este tipo de sensor es el que se puede denominar inteligente, ya que no se limita a bloquear el pulso de luz si la piel es muy oscura.

También ajusta el nivel de energía. Sin embargo, algunos modelos que combinan la luz pulsada con la radiofrecuencia sí, como ocurre con la depiladora Me Elos. Busca un modelo que esté bien de precio y que te permita probarlo tanto en el cuerpo como en la cara, axilas o zona del bikini. Las compactas. Por otro las que cuentan con un accesorio especifico como las de tipo pistola de Lumea, las de Remington o cualquier otra marca que cuente con él.

Cada persona es un this web page. Puede que a tu amiga le haya funcionado. Ya es normal que tengan Ambas tienen un formato similar con base. Hay muchos factores que influyen en la rapidez: el tamaño de la ventana de aplicación, la velocidad emitiendo pulsos, que tengan modo deslizamiento…. El tiempo entre pulso y pulso determina la rapidez a la que te puedes depilar, pero ojo! Ten en cuenta que emiten mucha energía en cada pulso de luz y hacerlo de modo continuado no es indiferente.

Los precios de algunos modelos pueden oscilar mucho. En Amazon, suelen aparecer buenas ofertas. A veces hay verdaderos chollos ofertas del día, ofertas flash. También hay que tener en cuenta el tamaño de la ventanilla de aplicación. Las depiladoras suelen venir con un paño que no suelta pelusa para que la limpies sobre todo la ventanilla de aplicación. Basta con humedecerlo y eliminar con cuidado cualquier resto de mancha que haya quedado después de cada tratamiento.

Hay que tener mucho cuidado de no rayar la ventada por donde se aplican los pulsos https://site-k.tesou.site/pub-24-05-2020.php podrías reducir la efectividad de la depiladora. La principal ventaja es la libertad de movimientos que permiten las que no tienen cable, ya que no te va a estorbar durante el tratamiento.

Esto suele ocurrir en la mayoría de los modelos. Depende del modelo. De hecho, no existen cartuchos de recambio que se vendan por separado. Teléfono de atención al cliente Suelen funcionar en un porcentaje muy elevado.

Tener en cuenta las opiniones es importante, aunque no siempre vas a lograr los mismos resultados Bikini adolescente accidental flash tetas la persona que opina, porque tu piel y vello son diferentes.

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Me recomiendas empezar igual: todas las semanas o todos los meses ya que llevo un procedimiento previo. Gracias y un saludo!! Si por ejemplo ves que en la quinta semana no te crece vello en las piernas, debes pasar a la fase de mantenimiento. Hola, antes here nada muchas gracias por el articulo. Nuevamente, gracias. Lo normal es que te diga que no se puede. La luz pulsada tiene otras muchas aplicaciones.

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Lo mejor es seguir lo que especifique le manual. No conozco ninguna que sea una vez al mes en la fase inicial. Son cada 15 días, o semanalmente. Toda la información compartida ha sido de mucha utilidad. Evita con el vello crecido. Mi inquietud es la siguientela uso en inviernoen verano suelo tomar sol, pero no me bronceo muchomi tono no varía. En fin intente empezar un mantenimiento y solo enciende luz rojaen cualquier zona del cuerpo. Aguardo respuesta, gracias.

Hola, estoy usando philips lumea desde marzo, pero no veo resultados en las axilas, sigue creciendo el vello inmediatamente después del tratamiento ya estoy en fase de retoques pero el vello esta demasiado grande y grueso, mi pregunta es si puedo depilarme entre los intervalos de los tratamientos con otro método? Si el tono de piel y la sensibilidad lo permiten, aumentar el ajuste de energía favorece el tratamiento.

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En el nivel mínimo, el nivel dos, me deja la piel quemada. Lo tengo que hacer, debido a que soy muy velluda. Muchas gracias por este espacio de consulta.

Tengo una Remington ipl i-light prestige, ha Bikini adolescente accidental flash tetas bastante bien en piernas, rebaje y axilas. En caso de que no veas que ha disminuido lo suficiente, debes seguir con ese mismo ritmo. No hay unas fechas o plazos a priori. Hola me compre la depiladora philips ipl Bri te comento que soy muy blanca de piel y tengo mucho vello facial en la barbilla y de pelo negro, nunca he realizado un tratamiento y tengo mucho miedo… Tengo varias dudas.

Había leído en una parte que es si es mucho el bello podía ser cada 2 o 3 días… 2- puedo seguir utilizando la pinza?

O solo debo afeitarme? Porque eso me da terror… 3- link meses debería durar el tratamiento?

Es lo que mas preocupada me tiene…. Es un método que extrae el vello de raíz, no lo recorta. Es parecido a la cera. En estos casos lo mejor es esperar a que vuelva a crecer un poco. Philips en su manual recomienda esperar 24 horas después de aplicar la cera apara comenzar Bikini adolescente accidental flash tetas los pulsos de luz. Y cuando digo crecido, es que sea visible, read more que el pelo va creciendo debajo de la piel hasta que se ve.

No te tienes que depilar con pinzas todos los días. No pasa nada si lo haces. Aquí lo importante es que Bikini adolescente accidental flash tetas vello no esté largo el día que vayas a usar la luz pulsada.

Philips recomienda que el tratamiento sea cada dos semanas. Depende del ciclo en el que se encuentre el pelo. Los meses Bikini adolescente accidental flash tetas tratamiento, va a depender de los resultados que vayas teniendo. Puede que 2 meses notes que sólo tienes que hacer alguna sesión de mantenimiento. Hace un mes Bikini adolescente accidental flash tetas la IPL marca Lescolton.

En ella para la fase inicial me recomiendan usar dos veces por semana durante 1 mes. Así he llevado mi tratamiento y le doy principal atención a las axilas ya que tengo demasiado vello negro y grueso. Lo que pasa es que me afeito la zona con cuchilla, uso la maquina a un nivel adecuado, pero al día siguiente ya tengo vello saliendo nuevamente. No noto que se caiga y mucho menos se debilite. La maquina tiene buenas referencias por lo que le adjudico el resultado tardías al grosor de mi vello.

Por lo general aunque el vello sale casi inmediatamente al día siguiente, procuro afeitarme cada 2 días para no irritar mi piel. En todo mi cuerpo, las axilas son la unica zona donde tengo bastante vello y please click for source. En muchas otras zonas el vello es mucho mas debil y fino. Es decir, la potencia de disparo. Dado que soy bastante mala para medir las distancias entre un disparo y otro quisiera saber si es viable marcar las zonas con bolígrafo para guiarme, o esto estaría mal?

Hola me encanto tu post llevo buen rato buscando respuestas. Deberías buscar el manual de instrucciones Bikini adolescente accidental flash tetas ver lo que te dice al respecto. Dudo que estés teniendo un problema con la potencia.

Lo que puedes hacer es ver source te provoca efectos secundarios en la piel. Aplica pulsos de prueba en zonas que no sean muy visibles y deja que pasen un par de días. Hay veces que la luz pulsada puede provocar un poco de dolor, pero no pasa nada.

De lo que hay que asegurarse es de que no provoque reacciones en la piel. Tendrías que mirar lo de la luz roja, ver lo que significa en esa depiladora. No se deben solapar pulsos. Hay que ir moviendo la depiladora cada vez que se emita un Bikini adolescente accidental flash tetas.

Creo que no debes preocuparte porque si la depiladora no ha disparado a un nivel de energía alto, no pasa nada. Y tampoco si no notas Bikini adolescente accidental flash tetas la piel se enrojece o se hincha. Hola queria saber si me puedo seguir afeitando las axilas después de unos días de usar philips lumea. Acabo de comprar la Braun Silk expert Pro 5 y tengo algunas dudas que me quisiera resolver antes de comenzar. Me gustaría saber el por qué no se debe utilizar este sistema de depilación ni en la frente ni cerca de los ojos.

Muchísimas gracias por su atención y sus buenos consejos. En las zonas que rodean los ojos no es bueno porque hay muchas terminaciones nerviosas y podrían ser dañadas con la energía lumínica, que como sabes, no se queda en la superficie, sino que penetra debajo de la piel.

Hola Por que los hombres no pueden usar luz pulsada en la cara o cuello?? Yo tengo lumea y me resultado muy bien! Mi marido quiere usarla en el cuello y mentón. El motivo es que no se garantizan los resultados como en el caso de la mujer. El motivo es por el tipo de vello del hombre. Esto haría que los resultados pudieran ser mas irregulares. Lo que sea que le estaban dando para el dolor también le estaban haciendo sentir los miembros sumamente pesados y no tomó mucho tiempo para que Rose cayera nuevamente dentro de un inquieto sueño.

Para su gran molestia, quitar la llave del encendido no apagó el motor. En su lugar el coche azul continuó chisporroteando y resoplando durante un minuto después finalmente murió. Este no es tiempo para mimos".

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Metió al gato debajo de su brazo y abrió la puerta. Cuando salió del auto con el gato en remolque, Verónica echó un vistazo sobre sus tres autos en el garaje. La puerta estaba medio abierta y a través de la media luna de la ventana vio su Porsche. El gato se retorció en su agarre. Ronnie abrió la puerta deslizable y entró en la cocina. Una vez dentro puso al anaranjado y blanco gatito en el Bikini adolescente accidental flash tetas.

María era una vieja mujer trabajando en su trigésimo año con la familia Cartwright y era cercana y querida al corazón de Verónica. De mediana edad el cabello negro como azabache que tenía hace mucho Bikini adolescente accidental flash tetas le combinaba ahora con canas y se extendía a su regazo perfecto para que cada vez que llegara la joven niña viniera encima. María entró en la cocina.

Desabrochó su chaqueta y la lanzó sobre uno de los taburetes al lado de la plataforma de la cocina. María bajó la mirada a los pies de Verónica para ver al anaranjado y blanco felino frotarse contra ella.

El ama de llaves Bikini adolescente accidental flash tetas agachó y tomó ahora al ronroneador felino. Creo que solamente come alimento seco".

Sería bastante sabroso para ella. Puedo mezclarlos". Supongo que tendremos que conseguirle un poco de alimento". Puedo comenzar a hacer la comida cuando regrese". Limpió sus manos en su delantal y alcanzó sus tirantes. Saldré y traeré un poco de alimento para ella. Supongo que necesitamos una caja también. Verónica protestó. Luego saldré y compraré las cosas que el gato necesita".

Le tomó quince minutos hacer su recorrido alrededor del centro comercial Bikini adolescente accidental flash tetas que encontró la tienda de mascotas. Una vez adentro, caminó hacía las estanterías hasta que encontró los suministros para gatos.

Los percheros y estantes de todo desde falsos ratones y postes para arañar para morder y collares competían por su cartera. Verónica odiaba hacer compras y cuando la joven dependiente se ofreció para ayudarle a this web page las cosas para su nueva mascota, la mujer de cabello oscuro de buena gana aceptó.

El resultado fueron setenta y cinco dólares del valor de la caja, el arenero, juguetes, el alimento, los catnip, y varios otros artículos que la joven chica insistió que eran necesarios para un feliz y sano gato. Después de finalizar sus compras, Verónica fue al hospital para averiguar de Rose.

Ella link estaba para nada preparada para lo que vió. Un intravenoso con varias bolsas colgando desde un lado, dando a la lesionada mujer los fluidos y los medicamentos para el dolor que ella necesitaba. Como si sintiera su presencia, la cabeza rubia rojiza giró y verdes ojos se encontraron con ella. Dijo educadamente, su voz un poco ronca. Juntas consiguieron que la mitad del vaso bajara por la garganta de Rose antes de que Verónica Bikini adolescente accidental flash tetas regresara a la pequeña mesa.

Yo estaba corriendo Es todo lo que recuerdo antes de despertar aquí. Lo siento. Por dentro Verónica suspiró con alivio. Rose no podía recordar qué sucedió. Con un poco de suerte ella podría arreglar esto. Rose asintió. Soy propietaria de Cartwright Corporation. Yo umm Cuando Bikini adolescente accidental flash tetas di cuenta que no tenía seguro, les dije que trabajaba para mí.

Cartwright tiene un excelente paquete de beneficios incluyendo cobertura médica. Pero ellos me dijeron que mi jefa Rose parecía reflexionar la información. Verónica no podía entender por qué alguien que no tenía nada estaba cuestionando una buena cosa cuando le estaba siendo ofrecida. Debo decir que trabajaba medio tiempo. Estoy segura que ellos no conservaran el trabajo para mí hasta que pueda caminar otra vez.

Es un trabajo de nivel de entrada pero Bikini adolescente accidental flash tetas mejor que empacar comestibles. Bajó la mirada a los moldes que cubrían sus piernas. Hasta entonces, solo concéntrate en recuperarte". Verónica no previó eso. Quiero decir, usted no me conoce". Después de una vida de estar braceando abajo metida en el fondo, un acto de tan gran generosidad era demasiado para que ella lo creyera.

Todo tenía un precio fijo. Te vi tirada allí en la calle y reaccioné. Añadirte a la lista no es un gran reparto. Lo siento, yo no tengo una mejor explicación". Bikini adolescente accidental flash tetas déjame hacerlo. Rose dijo reservada, doliéndole la pérdida del trabajo que había trabajado tan duramente para conseguir. Era demasiado para que creyera que le estaba siendo ofrecido un trabajo con una compañía tan grande como Cartwright Corp.

Otra abatida mirada. Para Rose, ésa era su asignación semanal para la tienda de comestibles, casi la mitad de la cual se iba en la comida para gatos. A través de su droga que la llenaba de neblina, un pensamiento llegó a ella.

Lo prometo. Ella puede permanecer conmigo hasta que estés del todo estable". Ahora estaba sentada allí, mintiendo para protegerse ella misma.

No come mucho. Es muy amistosa". Las palabras rodaron fuera de la boca de Rose y no hubo manera de que a la mujer mayor pudiera pasarle por alto la desesperación en su voz. Por favor, quisiera que te concentraras en mejorarte. Vivo sola, estoy segura que disfrutaré la compañía". El corazón de Verónica saltó latiendo en la vista del uniforme azul y la brillante placa. Estoy aquí para tomar un informe sobre el golpe y fuga de ayer por la noche".

Entró y sacó una pequeña libreta del bolsillo de su camisa. Giró su cabeza hacía Verónica.

Bhoshdo Sex Watch SEX Movies Fdia Xxxvbio. Lo que no debes hacer es aumentar los tratamientos y hacerlos una vez a la semana. No sólo no vas a mejorar los resultados el ciclo de crecimiento del vello lo impide , sino que vas a malgastar pulsos de luz a la vez que en tu piel pueden aparecer efectos secundarios enrojecimiento, hinchazón, cambios de pigmentación,…. En este sentido, cada persona es un mundo y una de las claves de los tratamientos en casa con luz pulsada es saber hasta dónde cada uno puede llegar. Hola, mi pregunta es si se puede utilizar si tengo algunas pequeñas arañas vasculares en las piernas, ya que he leído que no se puede utilizar si tienes varices. Y si con el calor pueden empeorar. Gracias por toda la informacion, nos ayudas un monton con ella. Mi pregunta es porque no se puede depilar el escroto con IPL? Y con Elos se puede o tampoco es recomendable? Gracias por anticipado por tu respuesta. No trates con una depiladora de luz pulsada la zona de los testículos. No tiene nada que ver la piel de esa zona con la del resto del cuerpo. Hola, cual seria el procedimiento para la cara, patillas y un poco de mejilla, se puede? Hola Marina, La Philips Lumea cuenta con un accesorio para la cara que es el que debes utilizar. Tienes que ver qué nivel de energía de los 5 posible debes seleccionar en función de tu tono de piel. Te dejo un enlace del manual. Léelo y si tienes alguna duda me dices. Guardar mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Recibir un correo electrónico con los siguientes comentarios a esta entrada. Recibir un correo electrónico con cada nueva entrada. Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios. Preguntas frecuentes Depilación de zonas íntimas. Depiladoras de luz pulsada: todo lo que debes saber para comprar la mejor. Opiniones que debes tener en cuenta antes de comprar. Braun Silk-Expert Pro 5: analisis, precio y opinión de la depiladora de luz pulsada. Philips Lumea Prestige o Advanced. Guía para elegir una depiladora de luz pulsada de Philips Lumea. Comments Hola a todos, muchas gracias por el artículo. Hola Laura, se puede sin problemas. En el fondo, ambos métodos tienen el mismo fundamento. Un saludo! En los pelos encarnados no es aconsejable usar la luz pulsada. Te recomiendo que suspendas el tratamiento y que le consultes a tu médico. Hola María, depende del modelo. Hola Ana, mejor recién afeitada y si lo prefieres dejando que tu piel se calme después del rasurado. Hola Laura, no parece que sea por el tono de piel. Hola Lourdes, puedes hacerlo sin problema. Si no puedes subir de potencia, sigue como vas, y depílate entre sesiones con otro método. Saludos y gracias por tu comentario. Muchas gracias por el artículo, fue de mucha utilidad. Hola Maria Paula, la puedes usar con el accesorio facial. El mantenimiento depende del pelo que te vuelva a crecer. Lo que no debes hacer nunca es aplicar un tratamiento semanal. Primero que nada muchas gracias por este gran articulo. Ha resulto dudas que no lograba aclarar. Hola Alejandra, he estado mirando pero no encuentro la fluencia lumínica de la depiladora. Ese es el dato clave. Realmente no conozco esa depiladora. Así no interfieres en la depilación. Hola Karen, No se deben solapar pulsos. Con el implante, creo que tampoco debes hacerlo. No sin antes consultar a un médico. Muchísimas gracias por responder a mis dudas y por la rapidez. Yo te recomiendo, que primero hagas una prueba y veas al día siguiente los resultados. En algunos manuales te lo indican expresamente. Por efecto secundario se entiende que la piel se haya hinchado, que te duela, etc. Muchas gracias por toda esta informacion! Es muy util el articulo. Muchisimas gracias!! Hola Marina, es una pregunta difícil de responder. Mejor que no utilices la depiladora en esa zona. Hola karinna, para depilarte en casa, puedes ver el artículo sobre las mejores depiladoras de luz pulsada. Hola, He leido todo tu post, mil gracias! Hola Lorena, en la luz pulsada hay que balancear la efectividad del tratamiento con la seguridad. Si hablamos de efectividad, los factores que influyen son: 1 la energía — se mide en julios x centímetro cuadrado 2 La profundidad a la que llega esa energía longitud de onda en nanómetros De nada sirve una depiladora que emita mucha energía, si esta no llega a la profundidad necesaria. Espero haberte aclarado tus dudas. Hola Lara, te puedes hacer varias zonas en una misma sesión. Hola Miriam, no se puede usar ninguna depiladora de luz pulsada. Saludos y gracias por el comentario. Bea, eso deberías consultarlo con un médico. Hola Ana, la clave es que observes el vello que te sale. Agradecería mucho su ayuda. Saludos a tod s!!! Hola Eva, No sé que modelo de depiladora tienes. Gracias por tu comentario! Hola María, puede haber varios motivos por los que no emita el pulso. También cabe la posibilidad de que no esté funcionando correctamente. Es mejor que se lo comentes a ellos: España Tel. Si para depilarte con luz pulsada eliges una habitación bien iluminada te va a resultar menos molesto Saludos. Hola María, Te respondo a tus dudas: 1. Yo no te recomiendo que hagas experimentos en tu propia piel. Hola lanita, la puedes usar de las dos formas. Me alegra mucho poder ayudarte. Hola Nicol, si tienes vello crecido sí. Siempre hay que dejarlo afeitado antes de aplicar los pulsos de luz. Hola Mary, son los pulsos de luz de la depiladora. Espero su respuesta. Hola, leí todos los puntos pero igual quedé con una duda. Hola Valeria, Las depiladoras que se venden aquí en España no necesitan usar gel. Hola Belén Puedes usar cera. Hola Paola, todavía llevas pocas sesiones. Tengo una dwpiladora silkn glide de 1 año y ahora no quiere dar los disparos. Por que? Hola Roxy, es raro que en un año hayas agotado todos los pulsos de luz de la depiladora. Lo mejor es que te pongas en contacto con el vendedor. Gracias, podriar ser por la potencia del enchufe de mi casa? Roxy, comprueba que pones toda la ventanilla en contacto con la piel. Hola Agus, Mira este artículo , vas a encontrar respuesta a tus dudas. Saludos y gracias por tus comentarios. Espero haberte ayudado. Suerte irma, si quieres nos escribes dentro de unas semanas y nos cuentas tu experiencia. Irma, entre seguridad y efectividad del tratamiento, siempre hay que optar por la seguridad. Es mejor que te centres en las zonas que no sientes dolor. Tengo implanted mamarios, puedo usar Lumea en la zona de las axilas? Hola Ana, lo que has leído es cierto. La luz pulsada es totalmente segura, siempre y cuando se use de la forma adecuada. Puede que la puedas usar en ciertas zonas y en otras no. Hola Danny, No trates con una depiladora de luz pulsada la zona de los testículos. Ten cuidado si tienes lunares porque no debes aplicar pulsos de luz sobre ellos. Le tendió la pluma y estaba sorprendida de ver a Rose tomarla con su mano izquierda. Las otras tienen algunos espacios en blanco que tienes que llenar". Rose firmó los formularios silenciosamente antes de darle la pluma de nuevo. Tenemos diferencia de opiniones sobre como debo vivir". Dudó por un momento antes de decidir sacar a colación el tema que estaba tirando en su mente. Quiero decir, me parece extraño que no quisieras que supieran que estabas en el hospital". Verdes ojos se desviaron mirando fijamente en las persianas venecianas que cubrían la ventana. Un accidente automovilístico. Un conductor borracho se pasó la luz de un alto y los golpeó. Eso es todo lo que sé". Se sentía mal por plantear el tema. Supongo que no puedes extrañar lo que nunca tuviste". Rose intentó parecer indiferente sobre eso pero Verónica sospechó que era un acto fingido para su beneficio. Algunas familias adoptivas, pero sobre todo viví en orfanatos dirigidos por el Estado o en hogares. Tan pronto como me gradué de la secundaria conseguí un empleo trabajando como cajera. He estado sola desde entonces". No deseando continuar con el asunto de su pasado, Rose cambió el tema. A ella le gusta ronronear mucho". Esta es la primera vez que tengo uno". Mi padre era alérgico a los gatos y mi madre tenía miedo de que un perro pudiera destrozar la casa. Tomó un largo trago del fresco líquido antes de contestar. Estaba caminando a casa una noche y apareció saliendo de la nada. Solo piel y huesos. Siguiéndome a casa. Ha estado conmigo desde entonces". Una temerosa mirada apareció en sus ojos. Se supone que no tengo ninguna mascota". Una preocupada mirada cubrió la cara de la joven mujer. Soy bastante buena también, aunque no sé si puedo permanecer despierta bastante tiempo". Alcanzó la mano de Verónica. Nadie quiere jugar Trivial Pursuit conmigo". Es un juego tan divertido. Lo jugué una vez en el centro comunitario". Lo traeré mañana para que juguemos y prometo no ganarte demasiado gravemente". El tema musical de Jeopardy atrajo su atención a la televisión. La ejecutiva de cabello oscuro metió suavemente la manta de Rose y apagó la televisión. Se quedó sentada allí por varios minutos mirando el gran molde y las puntadas que formaban una línea en el pómulo de la joven mujer. Tienes comida. Se agachó y recogió al felino, al parecer girando en el botón del ronroneo al mismo tiempo. Sostuvo al feliz gato con un brazo y el maletín en el otro. La oficina de Verónica estaba en el primer piso cerca de las escaleras. Echó un vistazo en su reloj y gimió. Tenía una reunión a primera hora de la mañana y tenía todavía que repasar los informes mensuales. Se arrastró hacia su escritorio y encendió su computadora, teniendo pavor a la idea de pasar las próximas horas fluyendo sobre las hojas de los balances y los informes. Por supuesto, los jefes de cada división harían las mismas cosas con ella mañana pero Verónica se enorgullecía de saber exactamente lo bien o mal que cada departamento estaba haciendo antes de oír la versión lustrada de sus parientes. Un apretón del botón de power y la computadora tarareo a la vida. El logotipo corporativo de Cartwright cubrió la pantalla de veinte pulgadas. Mecanografió su contraseña y el logotipo desapareció, revelando la pantalla principal. Ésta es una cosa humana, nada hay aquí arriba para tu veas", le dijo al ansioso gato que estaba parado sobre sus patas traseras en la expectativa de ser levantado. Tabitha extendió sus garras delanteras en los pantalones grises de Verónica. Ve a jugar con tus juguetes". Giró su atención al primer informe, Cartwright Real Estate. Varios terrenos habían sido comprados a lo largo de la región en anticipación de urbanización para la construcción de viviendas pero estaban seriamente atrasados en sus proyecciones de crecimiento. Suavemente cogió al ronroneador animal en sus brazos y lo dejó en el piso. El reloj abajo en la esquina derecha de la computadora leía a. Salió al cuarto principal para poner la alarma para la noche cuando vio la chequera de vinil azul marino que estaba sobre la mesa de la entrada al lado de los libros de la biblioteca. No había muchas entradas. La pequeña escritura, ordenada detallaba cada depósito, cada cheque. Cuatro retiros estaban enumerados como estando para la renta, cada vez borrada del dinero que había tomado la mayor parte del mes anterior, la acumulaba. Dos entradas existían para la compañía de luz, y varios fueron extendidos a Money Slasher. Cada semana los depósitos de varias exiguas cantidades fueron registradas seguidas por los cheques a la tienda de comestibles. Esos cheques fueron extendidos en cantidades desde cinco a veinticinco dólares, cada uno hacía que quedara poco en la cuenta de la joven mujer después de pagar sus gastos semanales. Esas entradas aparecían justo tan a menudo como los cheques a Money Slasher. El actual balance mostraba unos ciento doce dólares y cambio en la cuenta de la joven mujer, mucho menos que la renta que había estado debiendo. Los ojos de Verónica fueron de nuevo a la entrada para la renta de noviembre. Era esa semana que Rose había comprado los cinco dólares y el cambio de comestibles, el registro mostraba una negativa cantidad de dos dólares y quince centavos después de esa entrada. Cerró la chequera y la dejó sobre la mesa del café. La joven mujer dijo que no había nadie para contactar, así que esa persona Bickering no podía ser un pariente. Verónica se dio vuelta, perturbando al durmiente gato. Su brazo salió y torpemente lo dejó caer sobre la mesa del café por el molesto teléfono. Estaré allí tan pronto como pueda". Golpeó el botón de apagado en el teléfono y lo tiró en la cama cuando se dirigió hacia a su baño. Dijo mientras tomaba su asiento al final de la larga mesa rectangular. Sentada justo a la derecha de su hermana mayor, la jefa de seguros Cartwright nunca podría confundirse con Verónica. Susan tenía, gracias a las horas con un estilista, el llamativo cabello rojo permanentemente en un gran ensortijado que era un enjambre sobre su cabeza y hasta sus hombros. Abrió su portafolio y sacó el primer informe. Su mente estaba a varios kilómetros,. Eran cuarto para las doce cuando las puertas se abrieron para revelar a un hombre de cabello rubio oscuro, que estaba despeinado y arrugado. Los varios primos y parientes que rodeaban la mesa miraban de la mujer de cabello oscuro a Tommy y de regreso otra vez, completamente esperando una batalla. El hombre joven, sin embargo, fingió no notar el comentario de su hermana mayor. Diez pares de ojos volaron de nuevo a Verónica. Verónica no pasó por alto los enrojecidos ojos o la manera en que Tommy mantenía su mirada en su reloj. Pero la semana pasada, solamente veinte estaban terminadas. El silencio llenó el cuarto cuando todo el mundo esperaba la reacción de Verónica. En lugar de eso giró su atención a Frank. Tommy salió en cuanto la reunión terminó, sólo añadiéndose a las especulaciones y a los comentarios de los parientes. Echó un vistazo en su reloj. Susan contestó despreocupadamente. Tiene que ser hecho enseguida. Y no se te olvide de posfecharlo al principio del mes. Es muy importante". Realmente, Ronnie, piensas que ésta es una situación de vida o muerte". Envíame por fax las confirmaciones a casa". Verónica salió hacía el elegante vestíbulo y presionó el botón para el elevador. La Navidad es solo en veinte días". No te preocupes sobre eso. Vamos, Susan. Necesito conseguir salir de aquí". Lo prometiste". Verónica recordó su promesa de traer un juego de Trivial Pursuit con ella pero las oscurecidas nubes y lo tarde de la hora hicieron que decidiera renunciar a un viaje para el centro comercial para escoger uno, prefiriendo llegar al hospital antes de que se hiciera demasiado tarde. Fue a la silla en la cercana esquina y se sentó para esperar el regreso de la joven mujer. Los dos celadores tenían tanto cuidado como podían con su paciente pero Rose todavía gritó de dolor cuando la cambiaron de la camilla de nuevo a su cama. Rose forzó una sonrisa en su cara en la vista de la mujer de cabello oscuro. Su cara traicionó su dolor cuando se movió y frotó su cadera. Si no te gusta, Rose, solo déjamelo saber. Te traeré otro doctor". Esperaba que su explicación no sonara tan pobre para Rose como lo hizo para sí misma. Quiero decir, no puede ayudarme si tengo dolor. No pienso que ellos hagan algo bastante fuerte para calmar el dolor. Es solo que duele tanto todo el tiempo. Incluso cuando estoy durmiendo, me muevo y el dolor es tan fuerte que me despierta". Bajó la mirada desanimada en sus fracturadas piernas y tobillos. Todo lo que pide siempre es alimento y atención". Los ojos verdes adquirieron una mirada triste. Levantó la mirada a las esculpidas facciones de su generosa benefactora. Una vez que estés de nuevo sobre tus pies, te la traeré, lo prometo". Incluso no tengo un lugar para vivir". Cuando salgas de aquí Rose, no voy a dejar que te rindas así que no vas a estar rindiéndote tu misma. Sé que eres una sobreviviente. No dejaré que te sea quitado". Ya hace cinco días. Él me advirtió que nunca me atrasara con la renta. No es espacio para que un ser humano viva ahí e indudablemente no tu. Después de eso me aseguraré que consigas un lugar decente para vivir". Respiró hondo antes de continuar. Por favor déjame ser ese alguien". El cuarto quedó silencioso durante un minuto Rose bajó la mirada en su regazo, mordiendo su labio inferior. Supongo que no tengo mucha elección ahora". Su cara traicionó sus sensación de fracaso y la desesperación de su situación. Prefiero pasar privaciones que recibir caridad". Verónica encontró duro creer que fuera tan difícil para Rose aceptar la ayuda que le era ofrecida cuando las alternativas eran tan claras, pero cuando hizo una pausa para considerar la historia que la chequera decía, tuvo el sentido perfecto. Antes de que Verónica pudiera contestar, otra explosión de intenso dolor se disparó a través de la joven mujer, causando que su cara se arrugara con agonía. No importaba. Nada importaba excepto intentar ayudar a que la increíblemente valiente joven mujer lograra atravesar esto. Te tengo", murmuró en el dorado cabello mientras que su mano suavemente frotaba arriba y abajo la desnuda espalda expuesta por la bata del hospital. Los fuertes brazos le envolvieron alrededor ofreciendo consuelo, algo que casi nunca había sido ofrecido a la joven mujer antes, y Rose lo aceptó agradecida. Continuó haciendo tranquilizadores ruidos y sostuvo a Rose mientras los sollozos continuaron. Verónica permaneció por bastante rato, mirando a Rose dormir y deseando que hubiera algo, cualquier cosa que pudiera hacer para quitar el dolor que le había causado a la valiente joven mujer. Presionó el botón de llamada para la enfermera. Cartwright se fue? Le dejó una nota". Eso fue entonces lo que vio Rose el papel color crema doblado por la mitad colocado en su bandeja de la cama. Quiso alcanzarlo pero su brazo no era suficientemente largo. La enfermera se lo dio antes de. Rose dejó la nota sobre su pecho hasta que la enfermera terminara, prefiriendo leerlo en privado. Su presión es buena y su temperatura es normal. La enfermera quitó el apretado puño de velcro e hizo una anotación en la tabla. Una vez que la enfermera salió Rose tomó la nota y la desdobló. Allí en el papel membretado Cartwright estaba una nota de Verónica. Rose, Tuve que volver a la oficina para ocuparme de algunas cosas. Estaré de regreso con tiempo para Jeopardy. Deja espacio después de la cena. Espero que te guste la comida china. Ronnie Los dedos de la joven mujer se deslizaron sobre la textura del papel. Mientras que su propia caligrafía era pequeña y ordenada, la de Verónica estaba llena de florituras y estilo. Sonrió en el comentario sobre dejar espacio después de la cena. Eso significaba menos de una hora antes de que Verónica volviera. Pensó sobre la manera en que había llorado tan duro antes y lo bien que se sintió ser sostenida por Verónica. En sus brazos, se sentía segura, cuidada, confortada. De manera extraña, Rose se encontró deseando esa sensación otra vez, ser sostenida en esos fuertes brazos, para oler la ligera fragancia de perfume en el bronceado cuello de la alta mujer, para sentir la compasión y la ternura dentro de su tacto y voz. Rose todavía no entendía por qué Verónica la había elegido para ser su amiga pero estaba agradecida que lo hiciera. La rueda de la fortuna estaba sobre la mitad cuando a Rose le fue regalada la vista de Verónica entrando en el cuarto, un bolso pequeño por completo de comida que olía deliciosamente en una mano, el siempre presente maletín en la otra. Sus piernas palpitaban pero el dolor de alguna manera parecía estar disminuyendo por la presencia de su nueva amiga. Su tenedor estaba dirigiéndose ya para la caja. Es realmente bueno". Retiró un tenedor de chow mein y lo puso dentro de su boca, atrayendo el aire adentro al mismo tiempo para probar y contrarrestar la ardiente temperatura caliente de la comida. Incluso hemos conseguido las galletas de la fortuna para el postre". Puesto que a Rose no se le ocurrió nada para hablar con el alimento en su boca, Verónica se relajó e hizo lo mismo. Esto es delicioso", Rose dijo. Jalo de la caja de chow mein cerca de su boca y extrajo un tenedor de vegetales y camarón. Siento haberme ido pero tenía algunos asuntos de que ocuparme en la oficina". Dejó su tenedor y dio un educado eructo. Había olvidado lo sabrosa que es la comida china". Giró para capturar los profundos azules ojos de la mujer mayor. La enfermera regresó interrumpiendo su picnic. Dio una mirada en las dos vacías cajas y las miradas culpables en las caras de las mujeres y frunció el ceño. Le pedí que ella trajera esto", Rose dijo, intentando tomar la culpa. Él no tomó la oficina en febrero, él la tomó en abril". El anfitrión confirmó que la respuesta de Rose era correcta con las fechas en que ocurrió la sucesión presidencial. La enfermera miró a las dos mujeres concentradas en la televisión y cejó en su intento de explicar por qué la comida china no era tan buena para un paciente como la comida del hospital. Salió del cuarto sabiendo de lleno a donde iba a ir en su descanso a cenar. Justo cuando el tema musical estaba finalizando el aviso vino en los altavoces que la hora de visita había acabado. Se levantó y tomó su chaqueta. Metió la mano en el bolsillo y sacó una tarjeta de visita y una pluma. Estoy normalmente levantada hasta las once". Alisó una arruga imaginaria en la manta antes de ponerse su cazadora. Te veré mañana". Estaré por aquí vez después del desayuno. Recuerde lo que dije. Buenas noches, Verónica". Todos mis amigos lo hacen", dijo con una sonrisa. Buenas noches, conduce con cuidado". Espero que no esté llamando demasiado tarde. Se incorporó, mucho para el descontento de Tabitha. Ella parece pensar que dondequiera que yo esté es un buen lugar para ella estar". Sin esperar una respuesta puso el teléfono cerca del gato. Lo sostuvo allí por algunos segundos antes de poner el receptor de nuevo en su oído. Ronnie podía sentir la sonrisa a través del teléfono y en vuelta sonrió misma. Estaré probablemente allí alrededor de las diez. Lo primero que hice fue hablar con el organizador de la noche, Senji -un empleado de IT de 26 años cuyos ojos escaneaban furtivamente la calle cuando salimos. Eso no importaba, lo que yo quería saber era cómo había logrado convencer a su novia para dejarlo descaradamente comerse con los ojos las tetas de otra viejas. Me acerqué a Satoi y le pedí su opinión de la noche hasta ahora. Era exactamente como se lo esperaba -muchos clientes masculinos, dijo. En cuanto a cómo se sentía sobre todos los "halagos" que su pecho había estado recibiendo, insistió en que "las tetas son algo que deben ser amadas por igual, sin importar el tamaño. Los penes, también. Una de las clientas femeninas, una consejera escolar de 24 años llamada Miki, se estaba divirtiendo tanto que casi no dejaba de tocar a las DJs, agarrando cualquier parte de piel expuesta con la gracia de un participante de uno de esos concursos de "agarra todo lo que puedas en 1 minuto". Alberto y Efraín se limitan a estar juntos y cada uno a pensar a su manera en don Pacho. Poco les importa pensar cosas distintas en ese momento, aunque podían recordarlas juntos y encontrarles semejanzas. Por ejemplo: las disputas en el colegio, el barrio en donde vivían, los padres que tenían, cosas que bien podían conformar un mundo que precisamente era el que se escapaba de la memoria en aquellos momentos. No puede dejar de pensar en el silencio de su amigo. Pero ni Efraín ni Alberto ni nadie podían resistir. Estaban allí por voluntad propia y por la misma recompensa. Alberto pensó en resistir alguna vez, pero fue sólo un instante, como el ruido de algo que cae para morir luego en una nada sin huellas. De la simple, vaga impresión, pasa a la impresión casi física: es como si algo físico irrumpiera de pronto. La sensación de una mano que empieza a bajar por el vientre, la voz que dice incoherencias. Es la mano de don Pacho alcanzando la bragueta del pantalón y desabrochando los botones con una habilidad que hablaba del ejercicio y la repetición del mismo acto. Es como si aquel cuerpo estuviera produciendo un santo-y-seña capaz de mover cuerdas-móviles-extrañas de la memoria. Usted restituye episodios de una vida que podríamos haber olvidado, piensa Alberto. Es como si lo viera vivo: su cara, a pesar de los cuarenta años, sin una sola arruga. Su rostro fuerte y cuidado. Su cuerpo, efectivamente gordo, como si el estómago hubiese corrido la suerte de sus abusos. Sus manos cuidadas y hasta algo esmaltadas las uñas. Pero sus ropas de colores oscuros y a veces camisas descuidadas. Todo el vecindario menciona su nombre y no sé, de estar vivo, si podría acordarse de nosotros. Alberto mueve la cabeza y dice algo, generalmente monosílabos. La primera frase larga que le escuchó a Efraín fue en el momento en que llegó una mujer gorda, vestida de negro. Era la mujer que le aseaba la tienda, recuerda. No envejece. Efraín sonríe. O como un profesor le dijera, con su voz afectada: magnífico, Alberto, magnífico, deje su trabajo en mi mesa cuando salga, tiene cinco. Alberto mira, escucha las voces vecinas. Le suenan vacías. Piensa: había que verlo cuando se entregaba a la oración, no faltaba a una misa y un tipo tan ocupado como él siempre estaba listo para confesarse y comulgar los primeros viernes. O como cuando daba los billetes metiéndolos discretamente en el bolsillo de la camisa del muchacho, plata que luego servía para pagar el cine matinal, pues entonces daban Invasión a Mongo , Sansón y Dalila y las películas de Resortes y Emilio Tuero. Por medio de este programa hacemos llegar a sus familiares y allegados nuestra sincera voz de condolencia. Y ahora, estimados radioyentes, sigan gozando de esta tarde sabatina con la guapachosa Sonora Matanceraaaaa. Y hablaba como lo hacen aquí en el velorio, sin descanso, las mujeres distribuidas en la sala de velación, sentadas en los rincones, dando a la atmósfera un olor particular de ropas amontonadas y secadas por el tiempo, de ropas desordenadas y desodoradas con alguna loción. Has abusado de tu cuerpo —recuerda la voz del padre Ruiz en el confesionario— y debes arrepentirte, hijo mío. Evita toda tentación: la oración fortalece. Esos hombres son gentes puestas al servicio del demonio para servir a sus propósitos y tentar a las criaturas de Dios. Reza diez avemarías y diez padrenuestros como penitencia, resuena el eco. Mira a Efraín, que parece dormido, pero de pronto ve el sobresalto de su cuerpo ocasionado por el coro que responde a una oración. Iguales a las nuestras, piensa Alberto, pero alguien hace callar a los niños de la calle porque perturban la paz. Qué duro es ver morir a la gente buena y honrada: Dios lo tenga en su sagrado reino, dice la mujer gorda a la hermana del difunto y se santigua varias veces. Y entonces, la ciudad, afuera, parece detenerse, parece, mejor, detenida. Se despiden de la hermana y esta los conduce hasta la puerta del salón. Los mira. Son distintos, debe de haber pensado. Ya se hicieron mayores, los ha visto crecer pero no sabe los nombres de los muchachos que visitaban al hermano muerto. Muerto que se olvida. Sangre que se pierde. Oración que se agota. Nombre que se oxida. Era como haberse desprendido de algo a lo cual se ha estado sujeto durante tiempos inmemoriales. Quieres aceptar que todo marcha como lo deseas. Vuelves al sillón y miras una revista, apenas sin voluntad, o te paseas o te arrojas pesadamente sobre la cama y miras los papeles amontonados en el escritorio o piensas, piense que piense, tratando de fijar la atención en cada momento lleno de una riqueza capaz de sostenerte fortalecida. Dudas, y no quieres que así sea: significa volver, vacilar, darte a la tarea del remordimiento. Los meses se han contado y las horas medido y las experiencias seccionado y fraccionado para constatar si ha sido, verdaderamente, la gran decisión de tu vida. Es como si te estuvieras desprendiendo de las mejores cosas entrañables y tuyas. No descubres en ti sino una especie de frialdad resignada: antes te acercabas mimosa a él, ahora permaneces horas enteras aislada, inmóvil, escrutando no se sabe qué cosas, viviendo en el vacío. Ahora las miradas se esquivan con temor, te pierdes, te refugias en el rechazo que significa aceptar —siempre aceptar sin elegir— y entonces él siente que las cosas han dejado de marchar, que han torcido su rumbo. Él empieza a comprender el significado de tu sufrimiento. Andas por la calle y al encuentro con amigas se te enrojece el rostro o esquivas el encuentro, inventas una excusa para cambiar de acera. Vas al teléfono, miras en el directorio, tratas de comunicarte con gente a quien parecías haber olvidado. Te detienes en las vitrinas y vuelves otra vez la mirada infantil del deseo que no puede satisfacerse. Tus ojos se esconden, mencionas a gentes que él no ha conocido y los sitios recorridos antes se han olvidado. Se transforma todo: hablas, regañas, objetas, miras a un futuro y te ves sola. Duermes y es como si realmente vivieras en el sueño lo que quieres eludir despierta. Te rebelas contra tu indiferencia y ahora es otra la forma de responder y rechazar que él tiene que aceptar por temor de perderte. Algunos días te encierras en el cuarto y cuando él se acuesta finges dormir y, de espaldas, sientes mortificante la presencia de su cuerpo. Sí, has escuchado ya esa voz y sientes que algo muy pesado se va de ti. Y ahora sí la madre sintió miedo de decirlo y se sonrió como quien quiere y no quiere la cosa, mordiéndose los labios. Las calles, casi desoladas, tenían un ambiente como de ceremonia por comenzar. El anuncio se propagó por todo el barrio. Cachito se rio: en su casa tenían el radio prendido a todo volumen y se oía a la Sonora Matancera tocando una guaracha, con la voz inconfundible de Daniel Santos. Tosía, siempre tosía con el cigarrillo en la boca. Hablaba del eclipse y decía que debíamos prender las velas temprano y no salir de la casa y rezar para que no durara. El padre Maldonado cobra de-a-peso por cada vela bendita. Puso otra en la cocina. Las manos golpeaban sobre latas y botellas y, entonces, el grupo se convertía en una orquesta de verdad. Siempre lo veía leyendo su periódico o escuchando el noticiero de la radio. Me quedé dormido y desperté al mediodía, cuando todo el mundo hablaba de lo que habían hecho mientras esperaban el eclipse. El padre Maldonado dijo que se había aplazado para otro día. Toda la tarde estuvo sonando y muchos hombres y mujeres empezaron a salir borrachos a las calles, cantando, celebrando porque el eclipse no había llegado. Tres días después, todavía las tiendas seguían oliendo a cerveza derramada y algunos borrachos caminaban zigzagueando, temblorosos, con botellas en las manos. Otros se habían dormido en plena calle. El padre Maldonado pasaba cerca de ellos, los miraba asqueado y seguía con la vista bien alta, musitando una oración. Los borrachos trataban de decirle algo ofensivo a su paso, pero él se hacía el que no los oía. Iban a declarar día cívico en acción de gracias, pero fue imposible reunir a la gente, pues la mayor parte de los hombres seguían borrachos. Pajizo, jejejeje, caballero. Pa-ji-zo con pe. Cambió a los muchachos y se paró en la puerta y dijo:. Fue cuando oí un ruido que venía de afuera y me sobresalté. Un día regresó a mi casa y agaché la cabeza al verla. Y me dio rabia. Desde lejos se olía el incienso que subía y lo envolvía todo. Yo estaba estrenando pantalones largos y al arrodillarme puse un pedazo de papel que había traído para no ensuciarlos, pensando en el polvo del suelo. Y ella, muy seria, preguntó si había confesado todos los pecados. Ella no pudo contener un grito, una desgarrada y feliz exclamación. Yo estaba entonces muy chiquito cuando él se fue. Me dio un ataque de tos que no paró sino al rato. Me imaginaba a mucha gente pendiente de los relojes, midiendo el transcurso de los minutos, esperando la medianoche. No sé en qué momento pasó, pero me empecé a dormir. Al abrir los ojos pude ver la claridad que entraba por una de las ventanas, apenas cubierta por una tela blanca. Al despertar —recuerdo— estaba realmente mojado. Me quedé parado y mudo. Miré al negro y vi que estaba con una capa brillante que dejaba escurrir el agua a montones y su cara relucía brillante y grasosa. Sus ojos se veían blancos, a veces amarillos, dos pepas enormes, blancas-amarillas. El primer impulso, la primera ocurrencia, fue correr. Sentía perder las fuerzas. Esa noche, a punto ya de caer en las manos del negro, y él de caerme encima con su cuerpote y sus botas de gigante y su capa brillante y mojada, desperté. Ella había cogido la costumbre de burlarse de mis sueños y eso también me molestaba. Yo le dije que había soñado con un negro que me perseguía. Recordé lo que él había dicho cuando llegamos al puerto, yo apenas con ocho años. En esos días entré a la escuela. Pero no pude obedecerle: en la escuela casi todos eran negros. Todos se echaron a reír. En el recreo estuve con rabia. Apenas se calmó le dije lo que me había pasado. Estaba tan disgustado que se paró de la silla y prendió un cigarrillo y se metió a su cuarto. Yo también me metí al mío. No dije nada. Me desperté asustado y comí sin ganas. Algo debe pasarle. Y no respondí nada. Prefería tragarme las cosas del sueño así como me tragaba los pedazos de pan. Yo sentí que se me iba la luz, que, como en las películas de vaqueros, también veía estrellas con el primer puñetazo. Pensé que al día siguiente todos me iban a preguntar que cómo había sido y que, seguramente, empezarían a respetarme. Luego, sonriendo para sí, me había mandado a estudiar. También me acordaba de las cajas de cartón en que venían envueltas nuestras cosas, del pito del primer tren y del sudor de la gente por todas partes, de los brazos desnudos y de los niños que andaban con sus barrigas como infladas, también desnudos, sentados o parados en las puertas de las casas de madera. Me gustaba comprar helados, los mordía. Me fastidiaba que dijera sí o no para todo. Me dio miedo, entonces. Iniciaron la pedida del juego. Wilfrido, el muchacho al que había privado en la pelea, insistió en que jugara en su equipo. Todos insistieron. Me dio pena. Pero tuve que hacerlo. Ellos se rieron cuando me vieron sin pantalones. Claro, se reían del color. Me reí, nerviosamente, pero con rabia, y me tapé con las manos. Jugamos toda la tarde, hasta que se vino la lluvia y la marea empezó a subir y a inundar el campo de juego, a penetrar por los manglares cercanos. No podía hablar: sabía que si abría la boca sería peor, estallaría inmediatamente. Todavía seguía, como suspendida, una escena del partido, cuando había tapado un penalti. Y yo contenía el llanto, no quería llorar aunque me matara, aunque empezara a echar sangre por todas partes y todo el sueño y el cuarto y la casa y la calle y la ciudad se inundaran con mi sangre. Mañana sería domingo y la idea de no salir me ponía triste. Solo, sentado en la cama, sin poder contener el llanto, lo maldije una y mil veces, pensando que lo que me había hecho no se lo perdonaría nunca. Al rato fue pasando el llanto. Me dio envidia de Alberto. Sabía que en matiné darían una con Johnny Weismüller y que a la salida todos los muchachos se meterían a la tienda a comentarla. Eché saliva a la punta de la camisa y traté de quitarlas presionando fuerte. Tenía fiebre. Me daba fiebre siempre. Al rato volvió con agua tibia y empezó a ponerme paños, de la espalda hacia abajo. No dejaba de pensar en lo del sueño: resultaba que la cara del negro era la misma cara de Wilfrido. Y suspiró hondo. Seguramente, quería llenar de aire sus pulmones para poder alentarme. En la calle, se me empezó a ir la rabia y la tristeza de todo el día y sentía una alegría rara, como si el aire trajera un extraño roce, como si en la manera de entrar en el cuerpo trajera esta deliciosa frescura que me producía ganas de reír. La mujer tenía al hombre abrazado y él parecía estar-mordiendo-una-oreja. Era una de Marilyn Monroe. Empecé a dar vueltas, con las manos en los bolsillos. Me miró de arriba-a-abajo y se sonrió. Acomodado en mi banca vi que pasaban los cortos de la próxima semana. Recordé que un día, cuando pasaba para el colegio, me había llamado y mostrado unas postales con mujeres desnudas. Los inadaptados , vi, y esperé ver, dentro de poco, el tremendo cuerpo de la Monroe en un baño. Volvió la vista hacia los periódicos, y, por espacio de veinte segundos que podían haberse contado con exactitud mantuvo clavada la vista en aquel rostro que se le parecía. Ahí estaba, junto a la mesita de noche, una foto suya de joven para establecer la comparación: miraba el retrato y comparaba. Salvo el notorio lunar de la mejilla derecha que ella había pintado levemente de negro, los dos rostros parecían idénticos. Oyó que una de las hijas llegaba corriendo al cuarto, alarmada, pero sonriente. La madre se levantó de un tirón. Y se quedó abstraída, mirando no se sabe dónde. De pronto, como por un gesto de magia, la casa entera se sumió en un silencio absoluto. No tuvo tiempo de repasar de nuevo el trajín como ya lo había hecho por cinco veces consecutivas : todo el trajín de la mañana, cuando al mirar el periódico, pegó un grito que se oyó seguramente en todo el vecindario. Al rato entró la muchacha con un montón casi insostenible de periódicos que fueron abiertos todos a la vez, como si existiese la sospecha de no hallar en algunos de ellos el mismo rostro. Acosados por el deseo de decirlo a alguien. Cuando la madre salió a la sala, llevando dos periódicos en la mano, los hijos apresuraron sus llamadas. El corre-corre por los corredores, por las habitaciones inmensas, llegó a la confusión. Afuera, ya todo el vecindario se había enterado de la noticia. Después de haber visto la fotografía y de imaginar aquel rostro en movimiento, por un extraño efecto de los ojos fijados tanto tiempo en él, la madre, las hijas y el hijo sintieron que los pies pesaban por el cansancio. Fue cuando la madre dijo que debería descansar y cuando los hermanos dejaron que la casa recobrara el silencio que había tenido antes de las siete de la mañana y de la llegada de los periódicos. Y la respuesta lo dejó en silencio. La mujer vuelve. Recuerda que había conseguido el embarque de mesero y que después se bajaría en Nuevayork, yéndose en un barcopirata, de esos que contratan sin compromiso. En la puerta de la casa reconoce la voz del padre que grita y el ladrido del perro del vecino. Ernesto había experimentado una especie de resignada incomodidad. Ernesto había estado en silencio un rato. La madre se había quedado en silencio. Cuando se apagó la luz volvió el brillo deslumbrante de la ciudad y una pesadumbre que él hizo mayor al abrir los ojos a la estrechez del cuarto, al recordar la impresión de las calles, la de los rostros, el Paladium ardiendo en ritmo en los cientos de cabezas apiñadas y en los cientos de cuerpos estremecidos, y sentía la impresión de un mundo resquebrajado, pacientemente resquebrajado en su caída. Fue entonces cuando pensó volver. No pudo soñar, ni dormir siquiera: escuchó cada golpe del reloj en el cuarto de los padres y trató de reconstruir su llegada al bar con la vista puesta en la mesa de los desconocidos. Y pensar que era un muchacho de esos que se le veía lo bueno por encima. La madre había concluido diciendo esto con un bostezo, haciendo una mueca, seguramente de pena. Un día vino su hermano a preguntarme por usted, que quería saber su dirección, pero como nunca supimos dónde andaba usté, no se la pudimos dar. Después, Ernesto se había despedido de ella y había mirado el cuarto que tenía adelante. Ella había reparado en la figura del hijo con satisfacción. Un día tuvo una pelea del carajo con tres tipos y los tumbó a todos: desde entonces, todos empezaron a respetarlo, lo miramos con respeto y queríamos saludarlo, pero él nunca se dejaba: siempre se mantenía serio. Despacio, reparando en la gente, todos desconocidos, experimentó una alegre vanidad al sentirse mirado. Chavito casi se mea y Luisprieto no hizo sino reírse. Ernesto, al despedirse trató de conservar una imagen bastante débil, venida de pronto: estaba de pies ante El Profesor, con pantalón corto y blusa marinera, serio, asustado esperando que este asentara su enorme regla, en golpes regulares sobre la palma de las dos manos extendidas pacientemente. Retuvo por un instante la imagen, pero inmediatamente sintió la presencia de sus compañeros, en la imagen siguiente que trataba de superponerse en su memoria. Creen que no soy de aquí. Trabajaba para ser alguien. Cuando viene el verano muchos trabajan. Se meten todo el día y trabajan porque quieren ser alguien. No es como aquí: parranda de perezosos y sinvergüenzas sin aspiraciones. Como Willy: hay que ver que llegó de Puerto Rico sin cinco en los bolsillos: estuvo aguantando hambre en Nueva York varios meses. Como pensó, Morris Street era de un solo sentido, por supuesto en la dirección contraria del camino que quería ir. Las casas estaban abarrotadas firmemente juntas, normalmente con menos de un pie entre ellas. Verónica agarró su maletín del asiento al lado y salió del auto. Brevemente pensó en cerrar el montón estropeado pero decidió que no valía la pena el esfuerzo. A la mayoría de los edificios les faltaba uno o ambos dígitos pero finalmente encontró el lugar que Rose Grayson llamaba hogar. Verónica subió los desvencijados y resbaladizos escalones hasta que llegó al exterior de la puerta que conducía al primer y segundo piso de apartamentos. Una mirada a los tres buzones montados en la pared mostró que Rose vivía en el apartamento del sótano. Maldiciendo en el pensamiento de bajar las escaleras cubiertas de nieve otra vez, la mujer de cabello oscuro puso la enguantada mano sobre el inestable metal del pasamanos y lentamente regresó al nivel de la calle. Debajo de las escaleras encontró una puerta que la mayoría de su pintura había desaparecido. Una pequeña tarjeta pegada al cristal decía simplemente "Grayson". Verónica golpeó varias veces pero no recibió respuesta. Metiendo la mano en su bolsillo, sacó la llave de la gastada cartera deportiva y la introdujo en. Tomó algunos intentos pero finalmente la cerradura giró, permitiéndole a la ejecutiva entrar al pequeño apartamento. Decir que Rose vivía en miserable pobreza habría sido amable. El primer cuarto en el que Verónica entró era muy probablemente la sala, aunque nadie habría sabido de los muebles. Una silla de jardín a la que le faltaban varias tiras estaba colocada en el centro del cuarto, libros marcados "Albany Public Library" apilados junto a esta. Ése era el alcance del mobiliario. Ni un solo cuadro o póster colgaba en las paredes. No era que una docena de cuadros hubiera hecho la diferencia. El yeso viejo, desmigajado había desaparecido en varios lugares, mostrando las secas salidas tablillas debajo. El techo estaba en un estado similar de deterioro. Las manchas amarillentas por el agua formaban accidentados círculos y en varios lugares este cedía visiblemente. Verónica dudó que pasara mucho tiempo antes de que el techo comenzara a derrumbarse. El polvo se había colocado en el marcador, indicando que la temperatura no había sido cambiada en bastantes horas. Dejó su maletín en la desvencijada silla, entonces metió la mano en su bolsillo y sacó las dos cartas que había tomado del buzón de Rose. La otra carta era un sobre amarillo de la compañía de luz. Aunque sabía que no debía, Verónica deslizó una muy manicurada uña bajo la esquina y la abrió. Como había sospechado, era un aviso de desconexión. La metió en la parte trasera de su bolsillo y se dirigió hacia el dormitorio, esperando encontrar una agenda de direcciones o algo que indicara a quién debería avisar que la joven mujer estaba en el hospital. El dormitorio era justo tan revelador como la sala. Una pequeña cama estaba empujada contra la pared y una silla plegada servía como un improvisado tocador. Ni una carta de un amigo, ninguna fotografía, nada que indicara que Rose conocía a alguien El cuarto de baño fue solo otra deprimente parada en el recorrido de Verónica. El botiquín contenía un casi vacío tubo de desodorante y un aplastado tubo de pasta dental, ambos luciendo el nombre de la marca de Money Slasher. Dos tampones situados en el mueble del retrete junto con un rollo medio vacío de papel de baño. Una gastada toalla estaba cubierta sobre el borde de la tina y tres pares de ropa interior hecha andrajos colgaban sobre el tubo de la ducha. Encajonado entre la tina y la pared una pequeña caja arenera. No voy a lastimarte. La cocina era un viejo modelo de gas que probablemente fue bastante eficiente en los tiempos de su abuela. El anaranjado y blanco gato correteaba sobre su tazón, esperando sin demasiada paciencia que la alta humana le diera de comer. Sirvió el seco alimento en el tazón hasta que llegó al borde. Miró el cuenco del agua. Verónica llevó el cuenco al fregadero y tiró la restante agua antes de girar el grifo. Te oí abrir el agua. Si tu no puedes permitirte este lugar entonces tu nunca debiste haberte mudado aquí Le dije a ella que los compañeros de cuarto costaban extra". Ellos siempre botan". Déme su nombre". Este cheque es de mi cuenta personal. Si usted quiere su dinero de la renta yo le sugiero tomar este". Entregó el cheque. Cecil lo miró cuidadosamente, seguro que era un engaño. No mascotas significa ninguna mascota de mierda. No mascotas, no compañeros de cuarto, no Dobló el cheque y lo guardó en su bolsillo. Ella perrea acerca de todo desde el pequeño ruido en las tuberías, en la falta de pintura en las paredes y ahora esto. Cuando usted vea a la pequeña perra le dice que la quiero fuera de aquí antes del fin de semana. Ella y esa pulgosa cosa peluda pueden ir a vivir al banco de nieve no me importa. Veré que sus cosas sean sacadas de aquí inmediatamente. Soy el propietario de esa cama en la que ella duerme también. Estaba supuestamente queriéndomela comprar por cincuenta dólares pero no la he visto todavía". Usted puede conservarla". Metió su cartera y chequera nuevamente dentro de su maletín. Salió dejando la puerta abierta, dejando que el frío aire se mezclara con el frío aire ya dentro del apartamento. Verónica volteó y frotó su frente. Verónica permitió que el ronroneante felino permaneciera por algunos minutos mientras intentaba pensar bien justo qué sucedió. Había solamente querido investigar a quién contactar para dejarles saber que Rose estaba lastimada y terminó por conseguir que echaran a la joven mujer de su casa. No que fuera mucho una pérdida, considerando las condiciones en las que vivía. No importa, decidió. Su primo Danielle, encargado de Cartwright Properties, lo solucionaría seguramente allí había un apartamento accesible disponible en el cual podrían poner a Rose. La gastada ropa, el inservible mueble Una joven rubia enfermera levantó la mirada y sonrió. Mi nombre es Mary". Sacó un termómetro digital de su bolsillo, colocó una funda protectora sobre la punta, y la puso en la boca de Rose. El termómetro pitó y Mary lo retiró comprobando la lectura. Se sentía atontada pero asustada al mismo tiempo. Fue muy afortunada que su jefa pasara cerca y la viera. Ella la trajo al hospital. No estaba aquí ayer por la noche. Trabajo en el turno de día". Cuidadosamente limpió la piel alrededor de la ordenada hilera de puntadas en la mejilla de Rose. Los cirujanos trabajaron durante horas ayer por la noche colocando los huesos de nuevo en su lugar. Rose levantó su cabeza para ver el desolador blanco del yeso llenar las piernas. En cuanto la enfermera salió del cuarto, Rose se echó a llorar. Su cara y costillas dolían pero no era nada comparada a la terrible agonía de cómo sus piernas estaban. Incluso no quería pensar en la cuenta del hospital, que sin duda aumentaba con cada hora que pasaba allí. Lo que sea que le estaban dando para el dolor también le estaban haciendo sentir los miembros sumamente pesados y no tomó mucho tiempo para que Rose cayera nuevamente dentro de un inquieto sueño. Para su gran molestia, quitar la llave del encendido no apagó el motor. En su lugar el coche azul continuó chisporroteando y resoplando durante un minuto después finalmente murió. Este no es tiempo para mimos". Metió al gato debajo de su brazo y abrió la puerta. Cuando salió del auto con el gato en remolque, Verónica echó un vistazo sobre sus tres autos en el garaje. La puerta estaba medio abierta y a través de la media luna de la ventana vio su Porsche. El gato se retorció en su agarre. Ronnie abrió la puerta deslizable y entró en la cocina. Una vez dentro puso al anaranjado y blanco gatito en el suelo. María era una vieja mujer trabajando en su trigésimo año con la familia Cartwright y era cercana y querida al corazón de Verónica. De mediana edad el cabello negro como azabache que tenía hace mucho tiempo le combinaba ahora con canas y se extendía a su regazo perfecto para que cada vez que llegara la joven niña viniera encima. María entró en la cocina. Desabrochó su chaqueta y la lanzó sobre uno de los taburetes al lado de la plataforma de la cocina. María bajó la mirada a los pies de Verónica para ver al anaranjado y blanco felino frotarse contra ella. El ama de llaves se agachó y tomó ahora al ronroneador felino. Creo que solamente come alimento seco". Sería bastante sabroso para ella. Puedo mezclarlos". Supongo que tendremos que conseguirle un poco de alimento". Puedo comenzar a hacer la comida cuando regrese". Limpió sus manos en su delantal y alcanzó sus tirantes. Saldré y traeré un poco de alimento para ella. Supongo que necesitamos una caja también. Verónica protestó. Luego saldré y compraré las cosas que el gato necesita". Le tomó quince minutos hacer su recorrido alrededor del centro comercial hasta que encontró la tienda de mascotas. Una vez adentro, caminó hacía las estanterías hasta que encontró los suministros para gatos. Los percheros y estantes de todo desde falsos ratones y postes para arañar para morder y collares competían por su cartera. Verónica odiaba hacer compras y cuando la joven dependiente se ofreció para ayudarle a elegir las cosas para su nueva mascota, la mujer de cabello oscuro de buena gana aceptó. El resultado fueron setenta y cinco dólares del valor de la caja, el arenero, juguetes, el alimento, los catnip, y varios otros artículos que la joven chica insistió que eran necesarios para un feliz y sano gato. Después de finalizar sus compras, Verónica fue al hospital para averiguar de Rose. Ella no estaba para nada preparada para lo que vió. Un intravenoso con varias bolsas colgando desde un lado, dando a la lesionada mujer los fluidos y los medicamentos para el dolor que ella necesitaba. Como si sintiera su presencia, la cabeza rubia rojiza giró y verdes ojos se encontraron con ella. Dijo educadamente, su voz un poco ronca. Juntas consiguieron que la mitad del vaso bajara por la garganta de Rose antes de que Verónica lo regresara a la pequeña mesa. Yo estaba corriendo Es todo lo que recuerdo antes de despertar aquí. Lo siento. Por dentro Verónica suspiró con alivio. Rose no podía recordar qué sucedió. Con un poco de suerte ella podría arreglar esto. Rose asintió. Soy propietaria de Cartwright Corporation. Yo umm Cuando me di cuenta que no tenía seguro, les dije que trabajaba para mí. Cartwright tiene un excelente paquete de beneficios incluyendo cobertura médica. Pero ellos me dijeron que mi jefa Rose parecía reflexionar la información. Verónica no podía entender por qué alguien que no tenía nada estaba cuestionando una buena cosa cuando le estaba siendo ofrecida. Debo decir que trabajaba medio tiempo. Estoy segura que ellos no conservaran el trabajo para mí hasta que pueda caminar otra vez. Es un trabajo de nivel de entrada pero es mejor que empacar comestibles. Bajó la mirada a los moldes que cubrían sus piernas. Hasta entonces, solo concéntrate en recuperarte". Verónica no previó eso. Quiero decir, usted no me conoce". Después de una vida de estar braceando abajo metida en el fondo, un acto de tan gran generosidad era demasiado para que ella lo creyera. Todo tenía un precio fijo. Te vi tirada allí en la calle y reaccioné. Añadirte a la lista no es un gran reparto. Lo siento, yo no tengo una mejor explicación". Solo déjame hacerlo. Rose dijo reservada, doliéndole la pérdida del trabajo que había trabajado tan duramente para conseguir. Era demasiado para que creyera que le estaba siendo ofrecido un trabajo con una compañía tan grande como Cartwright Corp. Otra abatida mirada. Para Rose, ésa era su asignación semanal para la tienda de comestibles, casi la mitad de la cual se iba en la comida para gatos. A través de su droga que la llenaba de neblina, un pensamiento llegó a ella. Lo prometo. Ella puede permanecer conmigo hasta que estés del todo estable". Ahora estaba sentada allí, mintiendo para protegerse ella misma. No come mucho. Es muy amistosa". Las palabras rodaron fuera de la boca de Rose y no hubo manera de que a la mujer mayor pudiera pasarle por alto la desesperación en su voz. Por favor, quisiera que te concentraras en mejorarte. Vivo sola, estoy segura que disfrutaré la compañía". El corazón de Verónica saltó latiendo en la vista del uniforme azul y la brillante placa. Estoy aquí para tomar un informe sobre el golpe y fuga de ayer por la noche". Entró y sacó una pequeña libreta del bolsillo de su camisa. Giró su cabeza hacía Verónica. No vi a nadie". Tuve una cena de negocios con el Comisionado Grace en Sam's y estaba dirigiéndome a casa". Giró su atención de nuevo a la víctima en la cama. Parece que la golpearon bastante bien. Probablemente un conductor borracho. Cartwright apareciera cuando ella lo hizo. Tengo que decirle que no hay mucho por hacer así que no le daré esperanzas. Las emociones encontradas de Verónica entre el alivio de tener un policía tan desinteresado en investigar el accidente y la culpabilidad en el hecho de que mentía para proteger su propia piel a expensas de la paz mental de Rose. Por el aspecto de sus piernas no pienso que usted vaya a alguna parte por un rato". Verónica se erizó por el comentario pero a Rose pareció no afectarle. El policía volteó hacia la puerta y vio a un amigo suyo caminando por el pasillo. Señoras, gracias. Estoy seguro que tengo todo lo que necesito ahora mismo". Salió antes de que cualquiera de las dos pudiera responder. Incluso no saben qué clase de auto buscar". Se movió levemente, gimiendo por el dolor que ahora era su compañero constante. Grayson esté aquí". Verónica recogió su maletín del piso y sacó su cartera. Algunos segundos después el televisor tarareó a la vida con la Juez Judy gritando en el acusado en su sala de juicio en el programa de moda. Estuvo en mi apartamento. Sabe que no poseo una TV". Por supuesto que no veinte dólares". Necesitas ayuda y quiero ayudar. La televisión esta pagada ahora. Puedes aceptarla y disfrutarla o puedes dejarla apagada y mirar fijamente una pantalla en blanco todo el día". El ruido de la televisión interrumpió su conversación. No nací ayer, señor Richards. El fallo para el demandante es la cantidad de seiscientos cincuenta y tres dólares y doce centavos. Caso sobreseído". Verónica volteó para ver a Rose observando con completo interés. Puedes mirarlo todos los días a mediodía". Sonrió y susurró conspiradoramente. La pequeña sonrisa que había estado en la cara de Rose desapareció..

No vi a nadie". Tuve una cena de negocios con el Comisionado Grace en Sam's y estaba dirigiéndome a casa". Giró su atención de nuevo a la víctima en la cama.

Parece que la golpearon bastante bien. Probablemente un conductor borracho. Cartwright apareciera cuando ella lo hizo. Tengo que decirle que no hay mucho por hacer así que no le daré esperanzas. Las emociones encontradas de Verónica entre el alivio de tener un policía tan desinteresado en investigar el accidente y la culpabilidad en el hecho de que mentía para proteger su propia piel a expensas de Bikini adolescente accidental flash tetas paz mental de Rose.

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Real fuck Watch Porn Movies Lancashire sex. The Fifties First pbk edición. Young; Nancy K. Young Levittown Historical Society. Archivado desde el original el 20 de diciembre de Consultado el 30 de julio de Archivado desde el original el 28 de septiembre de House of Representatives 26 de julio de National Security Act of edición. Washington, DC: U. Government Printing Office. US Central Intelligence Agency. Archivado desde el original el 1 de mayo de Encyclopedia of Beat Literature. Infobase Publishing. Fair Housing Center of Greater Boston. Consultado el 16 de julio de April Berkeley Law Scholarship Repository. BerkeleyLaw - University of California. Consultado el 14 de enero de Munich and Bergisch-Gladbach, The Car Culture. Consultado el 31 de julio de PBS US. Lew 30 de marzo de Rummel 1 de enero de Transaction Publishers. The BBC. A peace treaty has never been signed, and the border continues to bristle with mines, artillery and hundreds of troops. US Department of Defense. 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The dividing line chosen, at the seventeenth parallel a little north of the city of Hue, was quite close to the line that had separated the two halves of Vietnam in the seventeenth and eighteenth centuries, but this was purely a coincidence. This line no longer corresponded to any natural division in Vietnamese society, in economy, political structure, religion, or dialect. It was an arbitrary compromise between French proposals for a line further north and Viet Minh proposals for a line further south. Consultado el 4 de junio de Archivado desde el original el 24 de octubre de Consultado el 18 de octubre de The Brown case served as a catalyst for the modern civil rights movement, inspiring education reform everywhere and forming the legal means of challenging segregation in all areas of society. After Brown, the nation made great strides toward opening the doors of education to all students. With court orders and active enforcement of federal civil rights laws, progress toward integrated schools continued through the late s. Since then, many states have been resegregating and educational achievement and opportunity have been falling for minorities. Memoirs: Sixty Years on the Firing Line. New York: Billboard Publications. Smithsonian Magazine. His mother insisted that her son be displayed in a glass-topped casket, so the world could see his beaten body. Till's murder became a rallying point for the civil rights movement, and his family recently donated the casket in which he was buried to the Smithsonian's National Museum of African American History and Culture. Ogden Publications, Inc. National Public Radio. Archivado desde el original el 28 de octubre de Profile Books. Wark 13 de septiembre de Twenty-First Century Intelligence. Southern Christian Leadership Council. 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Looking back, Americans credit—or blame—the pill with unleashing the sexual revolution of the s and s. The pill is widely believed to have loosened sexual mores, including the double standard that sanctioned premarital sex for men but not for women. But, according to historian Elaine Tyler May, this idea is largely a myth. As May explained to a Stanford audience, the pill's impact on the sexual revolution is unclear. What is clear is that the drug had a far greater impact within marriage itself. San Francisco Chronicle. Barbara Toby Stack. Consultado el 12 de junio de The Making of the President First edición. New York: Atheneum House. Eisenhower's Farewell Address : On January 17, , in this farewell address, President Dwight Eisenhower warned against the establishment of a "military-industrial complex. Transcription as posted by University of California, Santa Barbara. Consultado el 16 de octubre de Bombers of the West. New York: Scribner. United Nations Office on Drugs and Crime. New York: Hawthorn Books. John F. Kennedy was briefed on a plan by the Central Intelligence Agency CIA developed during the Eisenhower administration to train Cuban exiles for an invasion of their homeland. The plan anticipated that the Cuban people and elements of the Cuban military would support the invasion. The ultimate goal was the overthrow of Castro and the establishment of a non-communist government friendly to the United States. Pfeiffer September Military Bookshop. These tactics became known as the "Freedom Rides". The first Freedom Ride took place on May 4, when seven blacks and six whites left Washington, D. They intended to test the Supreme Court's ruling in Boynton v. Virginia , which declared segregation in interstate bus and rail stations unconstitutional. In the first few days, the riders encountered only minor hostility, but in the second week the riders were severely beaten. Outside Anniston, Alabama, one of their buses was burned, and in Birmingham several dozen whites attacked the riders only two blocks from the sheriff's office. With the intervention of the U. CORE Leaders decided that letting violence end the trip would send the wrong signal to the country. They reinforced the pair of remaining riders with volunteers, and the trip continued. The group traveled from Birmingham to Montgomery without incident, but on their arrival in Montgomery they were savagely attacked by a mob of more than whites. The extreme violence and the indifference of local police prompted a national outcry of support for the riders, putting pressure on President Kennedy to end the violence. The riders continued to Mississippi, where they endured further brutality and jail terms but generated more publicity and inspired dozens more Freedom Rides. By the end of the summer, the protests had spread to train stations and airports across the South, and in November, the Interstate Commerce Commission issued rules prohibiting segregated transportation facilities. Archivado desde el original el 3 de diciembre de Rather than submit to such pressure, President John F. Kennedy replied that it would be a "cold winter. On July 25 he announced plans to meet the Soviet challenge in Berlin, including a dramatic buildup of American conventional forces and drawing the line on interference with Allied access to West Berlin. This warning, in fact, contained the basis for resolving the crisis. Although the citizens of Berlin reacted to the wall with outrage, many in the West--certainly within the Kennedy administration--reacted with relief. The wall interfered with the personal lives of the people but not with the political position of the Allies in Berlin. The result was a "satisfactory" stalemate--the Soviets did not challenge the legality of Allied rights, and the Allies did not challenge the reality of Soviet power. Archivado desde el original el 15 de marzo de We will at all times be ready to talk, if talk will help. But we must also be ready to resist with force, if force is used upon us. Either alone would fail. Together, they can serve the cause of freedom and peace. Governing Mayor of Berlin - Senate Chancellery. Archivado desde el original el 2 de abril de Consultado el 13 de mayo de Collins January Jewish Women's Archive. The organization was composed primarily of mothers who feared the effects of nuclear proliferation on the short- and long-term health of their children. They were particularly concerned with levels of irradiation in milk and the increase in nuclear testing. By pushing the organization to incorporate legislative lobbying into its efforts, she helped it to become an effective political force. By , the emphasis of Women Strike for Peace had shifted to focus as much on the Vietnam War as on disarmament, protesting against the draft and the war's effects on Vietnamese children. Y se dormía. Qué iba a saber ella lo que era eso de tocar en seco, con la garganta hecha fuego, con los labios sin saliva o sin ese olor que se detenía entre su boca y el instrumento, como un narcotizante. Y ahora qué, si se va a caer todo, que se caiga. Y empezó entonces a buscar en el armario sus cosas, a tirarlas por el suelo, y después a acomodarlas en la maleta. No se había ido del todo, lo había abandonado pero no se había ido del todo. La invitaba a quedarse, tal vez cambiaran las cosas. Abrió la cortina y la luz fue opaca. Todas las noches y en las madrugadas, antes de dormirme o al despertarme sorpresivamente, escuchaba la gritería de los matarifes, sus abiertas obscenidades. Imaginaba el tumulto, las vacas degolladas, las piezas pendientes de los ganchos, todavía sangrantes. No sé qué extraño sabor de aventura había en las historias que al día siguiente se referían en la escuela pero, para nosotros, niños de ocho a diez años, los matarifes siempre fueron héroes implacables y desafío infranqueable. Hacía falta escuchar las referencias de sus peleas, el dramatismo de sus lances, la honda repercusión de su promiscuidad, recrearlas, ese espacio en el que después de la medianoche se movían y desplazaban como sobre un territorio inaccesible. No sé por qué razón la Madre supo que los desayunos serían menos flacos e irrisorios. No era tanto la posibilidad de un almuerzo, la perspectiva de una penosa comida, sino la oportunidad de un flaco negocio. En las mañanas, las piltrafas se venderían en el vecindario, era el alboroto, y qué decir de las ofertas y las aglomeraciones porque, en verdad, eran tiempos difíciles. El muchacho trató de defenderse con el brazo desnudo: un chorro de sangre salió de la nueva herida. Los matarifes miraban: el Manco le mandaba la mano a las nalgas de la negra. Esta devolvía el gesto con una caricia en la verga del Manco. El desayuno no sería menos irrisorio. Nunca llegaron a ser verdaderas pesadillas ni el sueño acabó en las reiteraciones circulares de los sueños que van camino de la pesadilla. Yo mismo empecé a creer que pertenecían a acontecimientos insignificantes. La Madre, en la cocina, sudaba. Siempre fue una mujer silenciosa, como si en el papel que le asignaron todo fuese una larga y penosa acotación. Los Hermanos, afuera, correteaban: jugaban a tipos y bandidos. El inspector Warren, haciendo los preparativos de la captura, ante un enorme mapa de la ciudad, desplegado. El otro hermano juega al póquer en un cuchitril lleno de humo y pistolas, chalecos, terror en el silencio que aguarda el primer movimiento falso para iniciar la balacera. El hermano menor o inspector Warren irrumpe intempestivamente en la guarida de hampones y estos arrojan las cartas, voltean la mesa, apagan las luces de un balazo. El inspector Warren es herido en un brazo. Otro hermano, el buscado Jerry Newman, cae desplomado, sin ninguna lamentación. Saldo final: la cuadrilla eliminada, dos policías asesinados y el hermano menor —inspector Warren—, lamentablemente muerto por un sobreviviente, en ejercicio de sus funciones. Yo retiraba los ojos del libro y oía los gritos del Padre, esta vez encolerizado. La Madre se lavaba las manos y regresaba a la sala. Ya habíamos escuchado varios truenos repetidos en la tarde y el toque de tambores de los negros del barrio. Pero ese tum-tum nos agradaba. Y no abundaba en preguntas. Por un momento el Padre dejó el periódico y sentí que fijaba su atención en mi lectura. Pude saber que la seguía. Nadie, nadie lo había dicho. Era un libro prohibido. El Padre. Entonces, no sabía por qué nos traía a este barrio, a esta ciudad de negros. En la soberbia del Padre nunca estuvo esta reflexión. Yo soñaba ese odio: se convertía en pesadilla. Como soñaba, de nuevo, que un muchacho negro era sacrificado y engarzado en los ganchos del matadero, luego desprendido y paseado en una procesión, con plañideras y deudos enlutados: llevaban como rosario las vísceras descompuestas de las vacas sacrificadas en la madrugada y de reliquia el corazón sangrante de la víctima. Siempre encendía la radio a la hora de las noticias. Esta imagen, por lo trivial, no carece de importancia: hay cierta febrilidad en el gesto de encender la radio, en los desplazamientos del dial, en la sintonía definitiva de las noticias, como si aguardara de ellas algo esperado desde siempre. Escuchaba con atención. Luego, enmudecía. Yo también escuchaba la noticia y sentí que lo decía: apenas vi el movimiento de sus labios. Subió el volumen. Se hablaba de su huida de Palacio y de la creación de una Junta Militar. Era mayo de mil novecientos cincuenta y siete. Su malestar, en cambio, no duró mucho. Aquella noche, ante el alboroto de todo el vecindario, el Padre enterró su malestar: se fue a dormir. En su cara quedaban unas ojeras amplias y en sus ojos adiviné un ardor insoportable. Desayunó en silencio. Me sentí tentado a preguntarle sobre el significado de las noticias, pero sabía que no iba a hallar respuesta. Tomaba de nuevo mi libro de Renan y lo confundía entre los textos escolares. A las nalgas de un Rubens añadía flechas, exclamaciones y falos imperfectos y monumentales. Y leía a Renan o, a veces, ese Voltaire que llevaba entre mis cuadernos. A Goya le dedicaba mi asombro y una risa de incomprensión cuando recorría sus dibujos, ese diabólico sueño de la razón vomitando monstruos: quería desnudar a La maja vestida y ponerle bikinis a la desnuda. Esos Modigliani eran asociados con las mujeres tuberculosas del barrio, tomando el sol a las diez de la mañana, a sólo dos cuadras de nuestra casa. El Bosco me movía a una incontenible hilaridad: esa cadena de monstruos y ficciones en colores era el verdadero sueño de mi razón: formaban una danza de espectros aterrados por el infierno. Volvía con la escoba y sacudía el polvo: lo amontonaba y arrojaba a la calle. Tomaba el trapeador y secaba los orines del hermano recién nacido, acostado sobre el petate. Sentía que el sol arreciaba y su rostro se volvía, de nuevo, esa congelada expresión de la resignación. En la sala, mis libros. No: eso era entregarse y de la peor forma. La caca de su ternura. Entonces arrastré a Sonia del brazo hacia nuestro cuarto y allí la hice reposar. Al mirarla, vi sus ojos humedecidos y la comprendí perfectamente. No era una muchacha que pudiese soportar tanto desconcierto. Fueron las palabras de siempre. Nada podía decirle y ahora no cabían las preguntas. Sonia no era la muchacha dócil que entendiera, de pronto, las razones inconfesables de una tía, su tramposa miseria, la precariedad filistea de sus quejas. Se sentía burlada. Envidio a veces al difunto Javier, de no ser porque ha de estar pudriéndose en los infiernos. Pensar que una carta era suficiente para decidir nuestro regreso. Después de todo, habían sido las privaciones, las trampas a sus acreedores, su capacidad de reservarse las mismas sobras de la mesa para recalentarlas al día siguiente. Nosotras sentíamos ahora su falta de dignidad, el descaro de su fraude un poco de sinceridad hubiese bastado, una simple explicación y hubiésemos comprendido el límite de sus ambiciones , esa zancadilla que nos daba sin el menor asomo de pudor. Hasta muy tarde la sentí despierta. Después, empezar sin balbuceos, como si la noche entera hubiese sido un aprendizaje riguroso, libreto en mano, correcciones oportunas. Cualquier encabezamiento era suficiente. Y no pensaba exactamente en él, apenas era la sensación de estarlo pensando, pues me quedaba la impresión, sólo la impresión, de haber visto su figura en un sueño, tener la idea de haberlo conocido cuando sólo había cruzado algunas frases con él, un ligero tropezón por las mañanas, un extraño llevado en procesión al cementerio. Y ahora era junio y había dejado de llover, sorpresivamente. Esa era su vida y esa era la vida que evocaba a medida que la visión de la calle convertía en silueta lejana la marcha del funeral. No tenía sino una lejana conciencia del momento en que comencé a verlo desde mi ventana, andando por la estación, timbrazos de teléfono, pitos e hilos prolongados en el humo de la vía. Y después volvimos a encerrarnos en el mismo silencio. En la vía nadie puede dormir con esos pitos: son tristes como si el muerto pasara en un tren solitario —había agregado cuando le pregunté por la aplastante letanía que solía oírse ciertos días frente a mi ventana, dentro de mi cuarto. La escolta lo rodeó: todos llevaron sus manos a la cintura. Ahí estaban las pistolas ametralladoras. Un piquete de policías cubrió la retaguardia. La cabeza del presidente sudaba debajo de su sombrero inglés: traje oscuro, corbata vinotinto, camisa blanca, chaleco. El discreto corte de una generación. Con mesura, sustituyeron el corbatín por la corbata, el sombrero de copa y el paraguas fueron desapareciendo como símbolos de elegancia. Este hombre de sesenta años sabe lo que hace. Y que nadie se venga a cagar en la patria ni en sus partidos. Con temple, con una gallardía propia de su generación: a su turno, también ellos conspiraron. Crearon sus células y alrededor de ellas el rojo legendario de un partido perseguido, masacrado en la legalidad. Hoy, los tiempos han cambiado: ahora ellos son la legalidad y es lo que, hoy, entrando a la universidad, tiene presente el presidente. Este aire frío de siempre. Esta ciudad gris de siempre. Estos discretos hombres del poder; estos hijos de puta de siempre. Sufran, palidezcan con estas incontables derivaciones de la luz. Chóquense las manos, frótense los labios, masajéense los vientres cuando en los solarios se abran las puertas para las diversiones decadentes. No es el momento —decían—: almuercen a las dos de la tarde con aperitivos españoles, afinen ese verso, denle estructura unitaria a la novela, esqueleto y apoyatura a ese lindo cuento que terminan, como si nada pasara. Recuerden la nostalgia: todas las nostalgias acumuladas. Olviden el pasado, las querellas, los enfrentamientos, las vísceras maltrechas, las dormidas precipitadas, los rencores, las amarguras insensatas: volvamos a ser Uno y felices. Pero antes de seguirle contando, yo sí le digo que a mí nadie me ha venido nunca con vainas ni con pendejadas ni con carajadas de esas. Porque usté sabe, me quedó la costumbre de cuando era boxeador: nada de tragos, había que cuidarse bien, y las mujeres apenas tasaditas. Y él con eso de empezar a patearme el asiento, a darle golpecitos para que me resbalara. Y el mocoso seguía pateando mi asiento y yo aguantando porque ya estoy harto de broncas, que hartas tuve en ese mismo lugar cuando venían a sacarnos a patadas los matones de Marianospina Pérez en los tiempos de la violencia, usté se acuerda. Entonces todos se espantaron porque ya el mocoso estaba en la lona, digo, en el piso, boqueando sangre. Pero el tipo viene a mi mesa de nuevo, echando sangre por la jeta partida, cuando yo ya había pedido por mi cuenta un doble de anisado, y le mando un gancho al estómago y luego me empujo mi trago y lo veo dar vueltas en su cuerpo y doblarse como una hojita. Siempre dijo que el colmo de un militar era dejarse ver desnudo, con las prendas en la mano y ahora no estaban siquiera en las manos: rodaban por el suelo en un sitio grosero y desprovisto de solemnidad, así estuviese tapizado y recubierto por porcelanas relucientes, con una flor discretamente colocada esa mañana por su mujer, siempre de buen gusto y delicada su mujer, que el colmo de un oficial era dejarse ver desnudo en una situación como esta, indefenso y grotesco. Después, el triste espacio reduciéndose a nada. Y esta vez ella sí ríe, y él no se incomoda, de cierta manera es la mejor forma de defensa que ella tiene contra sus imposiciones. Por fin tiene la certeza de haber salido del infierno y le hubiera gustado verse modificado en el espejo, recobrando de nuevo su verdadero rostro, con el uniforme poco a poco en su sitio, ajustado a su cuerpo. Pichita le dice que eso es por haber bebido tanta gasolina, que era como la marihuana, y Trabuco le corrige diciendo: la gasolina es mejor que la marihuana, pruébela para que vea y Rolo seguía encogiéndose y castañeteando los dientes. Rolo dice dejen la vaina, quién sabe si es santo. Y todos ríen. Santo el Enmascarado de Plata, dice Trabuco. Qué santo va a ser, eso es por joder. Y Pichita dice que el domingo cumple nueve años, hay que robarse un pastel, una orquesta y una casa y mil velas para llegar a viejo, para apagarlas con gasolina. Y Trabuco ni se mueve, no le hacía gracia el chiste. Y Rolo dice: a mí sí no me agarran ni porque llegue el Putas, y Trabuco corrige: ni porque llegue el Papa, y Carasucia, algo acongojado, se echa sobre el rincón, vuelve a bostezar, cierra los ojos y trata de dormirse. Ya es de día, dice Trabuco y la claridad empieza a aparecer sobre el cerro de Monserrate, mezclada con la bruma y el destello de los avisos luminosos. Ya es de día, dice Trabuco, y Pichita también bosteza y Rolo dice que las tripas ya formaron su orquesta, mientras se acuerda del sueño de anoche: estaba sentado al lado del Papa y levantaba la sotana. Se metía dentro de ella y empezaba a rascarle los muslos, a hacerle cosquillas en la entrepierna. El Papa decía chino malcriado, chino grosero, te vas a ir derechito al infierno y se reía. No paraba de reírse, el Papa riéndose papalmente y él perdido en sus interiores de seda. Zas, zas, empezaba entonces a darle golpecitos y el Papa: je, je, je, trataba de acomodarse en su trono, de poner orden en sus ropas, de volver a estar en condiciones de una bendición papal. Y Rolo aprueba. No era de aquí, de eso estaba segura. Y alzabas la vista sobre mis hombros para verlo. Y yo, silenciosa, empezaba a adivinar que un día vendría a nuestra puerta de la casona de Getsemaní, dejaría su maleta en la acera, llamaría y nos hablaría, así no lo comprendiéramos. Y no era otra cosa que tus celos, tus emperrados celos: querías para ti toda la ventana, el espacio cómplice de nuestra afiebrada curiosidad: querías que mis ojos fueran tus ojos para verlo y desearlo a tu antojo. Siempre habías dicho que preferías morir con el cuerpo lleno de telarañas antes que darte a un mugroso cualquiera. Porque él se lo ha llevado todo. Por estas manos ya no puede pasar nada sagrado, por estos labios ya no caben oraciones. No, Alfonsina: te he dicho que nadie es culpable o lo somos las dos al mismo tiempo. Por lo menos de edredón deberías cambiar. Decían que empezó a enloquecerse porque su padre, su propio padre, le hizo los dos hijos que hoy vienen a la hora del almuerzo con latas vacías que les llenan con sobras, desde la puerta apenas entreabierta, con recelo, con el temor de que penetren y se apoderen de cuanto les pertenece. Antes andaban tímidos, con el temor de ser despedidos en la acera. Ahora cumplen con un horario inflexible: los he visto, como si vinieran al diario rito de la mendicidad. Pero yo no le paro bolas a lo que se hace y dice en este barrio: nada me extraña. Porque nosotras, hermana, también somos este barrio y su historia. Yo de ti cerraría esa ventana, por lo menos para que sepan que nos queda vergüenza. Si fuéramos jóvenes podríamos esperar que otro y otro y otros hombres vinieran a llenar sitios vacíos, a llenarnos con su aliento. Has regresado, Gino. No hables. No susurres. Esta loba rabiosa puede oírnos, puede venir a robarte de mi lado. Gino, Gino. No te has ido. Han vuelto a la tranquilidad y aquí donde te tengo y me sostienes empiezo a contarte una historia triste:. Soy esa niña resentida que no sale del marco de la ventana y que los domingos entra a la misa, arropada, desprotegida, con el temor de que la rocen a su paso,. Trato de oírte, de sentir la voz que alguna vez trataba de comprender y que prefería en sus incoherencias. Por favor, no te muevas, Gino, no abras la puerta, no traspases el corredor, va a sentirte, va a llevarte a su lado, a consumirte, Gino. No salgas. Vienes a sobresaltarme: este sol y estos pasos, los reconozco, alguna vez los he sentido. Anda por la casa como un animal atolondrado y a duras penas me mira. Ahora ladra en su cuarto, como cualquier perra triste. Y leía las noticias de nuestros degollamientos, riéndose, como si esta sólo fuese una divertida historia de niños comparada con el infierno que él mismo decía haber sufrido. Y lo veíamos sonreír. Yo empezaba a desabrocharle la camisa y Alfonsina me miraba como si consultase la desnudez próxima que ella ya estaba adivinando y gozando. Diez años tal vez no sea nada en su vida, pero en la nuestra son algo irrecuperable. Ahora se ha ido y esto es lo que nos ha dejado. Yo, mirando por el balcón hacia la bahía, esperando una milagrosa aparición, con rabia, con un rencor que crece con mi respiración. Pensé que su fetichismo se había vuelto delirio, demencia por pequeñas cosas que él había abandonado. A mí, en cambio, empieza a importarme poco el recuerdo de collares que nunca me colgué, de pulseras que miraba con indiferencia, de anillos y prendedores que hacía años seguían guardados y olvidados. Esas cosas habían dejado de pertenecerme, Alfonsina: no eran mías, hasta podría decir que a ti tampoco te importaban: eran de nadie; las habíamos olvidado. Y el olvido, hermana, es una forma de expropiación. No llores, Alfonsina, que tus llantos van a oírse en el vecindario y nadie va a detener la ignominia de las murmuraciones. Y yo he recordado el sueño de niña, después de tantos años de haberlo soñado:. El asedio, el hambre y la peste esparciéndose por las calles y la ciudad estremeciéndose con cada estallido, agrandando los gritos de los moribundos, toda la ciudad convertida en un siniestro hospital de condenados a muerte. Nada podemos hacer como no sea la inmolación del pasado, y el pasado —hermana—, el pasado somos nosotras. Decidimos encerrarnos: el mundo que crecía a nuestro alrededor estaba lejos del que moría dentro de nosotras. Encerrarnos era protegernos. Es la loca del frente que llora. Los vecinos son, por naturaleza, torpes. Hacen daño o causan beneficios irrisorios sin llegar a ser inofensivos. Los vecinos, siempre lo dije, no pueden llegar a sospechar del momento en que muera abatido por doce disparos de pistola, ahogado en mi propia sangre y en mis gritos. Como es evidente, la figura de la víctima se va desarrollando a medida que se desarrolla el concepto de culpa. La culpa colectiva es por lo general y en estos casos, la ilusión de sentimientos —así sea parcialmente— verdugos. Y toda imagen, por imaginada que fuese, desaparecía. Al contrario. Los torturaba. Hablar del país era hablar del hijo malogrado, volver a las historias de amor adolescente, a los mismos acontecimientos que aquí se repetían en la memoria. Ellos, al menos, vivían una ficción, la creían, iban desenvolviéndola con autenticidad, la vivían endemoniadamente en esa zona que describe la imaginación cuando desplaza todo razonamiento coherente. Sí: vendría la primavera, hasta se podría andar sin abrigo, el día siguiente no sería una descarga de temblores en los huesos. Había una cama, agua caliente en el lavamanos como para desnudarme y echar cantidades sobre la cara y el tórax y la seguridad de no estar interrumpiendo el rito de violencia o ternura de Ernesto y Margarita. Sí: ya sabía que les hacía falta: iba a verlos y querían retenerme: nunca lo dijeron pero lo veía en sus gestos, en las conversaciones que se prolongaban. Leíamos en voz alta trozos de Cien años de soledad y de Rayuela , y yo iba resultando para ellos el país consciente. Veía cómo iban desapareciendo en el remolino de agua y excrementos dentro del cabinet. Podría darme risa la frase, era para que se entumecieran de risa los cojones. Esto se iba pareciendo mejor a un rito descocado, a una ceremonia tortuosa de aniquilamiento. Se estaba mejor, era cierto. Se estaba olvidando de nuestro hijo, decía Margarita. Nunca había existido pero se estaba olvidando de él. Y yo prefería callarme, no hacía comentarios: nunca hicieron falta. Esperaba algo parecido a un Hooters -un tanto kitsch y libre de culpa. En realidad, no fue ninguna de las dos. La mayoría de los clientes estaban en sus veintes, amigos de las DJs y ahí para divertirse. Había, por supuesto, el siempre presente degenerado que definitivamente disfrutaba la velada de una manera no irónica. Lo primero que hice fue hablar con el organizador de la noche, Senji -un empleado de IT de 26 años cuyos ojos escaneaban furtivamente la calle cuando salimos. Eso no importaba, lo que yo quería saber era cómo había logrado convencer a su novia para dejarlo descaradamente comerse con los ojos las tetas de otra viejas. Me acerqué a Satoi y le pedí su opinión de la noche hasta ahora. Se durmió luego y tuvo la impresión, al despertar al mediodía, de que el animal había saltado y reposaba en su cama, pero la verdad es que seguía en el zapato. Luego pudo darse cuenta de que seguía allí por un tiempo anormal, hasta que decidió espantarla. Estaba muerta, había escogido el zapato para morirse. Ya no podía calcular el tiempo que llevaba fumando los Pielroja aplastados entre sus dedos o contra el cenicero, o abriendo latas de sardinas o haciéndose ese Nescafé fuerte que le dejaba un sabor pesado en la lengua y el paladar. Y ahora, cómo era su voz, uno se puede pasar horas enteras tratando de recordar un rostro y puede llegar, pero una voz, téngase duro, cómo la subía a ratos o cómo se desgreñaba cuando venían los momentos de rabia sucedidos de silencios de impotencia. Y ahí seguía el clarinete en un rincón del cuarto, fuera de su estuche. Después, cuando la sala había quedado vacía, él sentía que no era la gente la que se iba; era él quien quedaba solo y el sueño lo agarraba y no había otra alternativa que sentarse ahí mismo y dormir. Y se dormía. Qué iba a saber ella lo que era eso de tocar en seco, con la garganta hecha fuego, con los labios sin saliva o sin ese olor que se detenía entre su boca y el instrumento, como un narcotizante. Y ahora qué, si se va a caer todo, que se caiga. Y empezó entonces a buscar en el armario sus cosas, a tirarlas por el suelo, y después a acomodarlas en la maleta. No se había ido del todo, lo había abandonado pero no se había ido del todo. La invitaba a quedarse, tal vez cambiaran las cosas. Abrió la cortina y la luz fue opaca. Todas las noches y en las madrugadas, antes de dormirme o al despertarme sorpresivamente, escuchaba la gritería de los matarifes, sus abiertas obscenidades. Imaginaba el tumulto, las vacas degolladas, las piezas pendientes de los ganchos, todavía sangrantes. No sé qué extraño sabor de aventura había en las historias que al día siguiente se referían en la escuela pero, para nosotros, niños de ocho a diez años, los matarifes siempre fueron héroes implacables y desafío infranqueable. Hacía falta escuchar las referencias de sus peleas, el dramatismo de sus lances, la honda repercusión de su promiscuidad, recrearlas, ese espacio en el que después de la medianoche se movían y desplazaban como sobre un territorio inaccesible. No sé por qué razón la Madre supo que los desayunos serían menos flacos e irrisorios. No era tanto la posibilidad de un almuerzo, la perspectiva de una penosa comida, sino la oportunidad de un flaco negocio. En las mañanas, las piltrafas se venderían en el vecindario, era el alboroto, y qué decir de las ofertas y las aglomeraciones porque, en verdad, eran tiempos difíciles. El muchacho trató de defenderse con el brazo desnudo: un chorro de sangre salió de la nueva herida. Los matarifes miraban: el Manco le mandaba la mano a las nalgas de la negra. Esta devolvía el gesto con una caricia en la verga del Manco. El desayuno no sería menos irrisorio. Nunca llegaron a ser verdaderas pesadillas ni el sueño acabó en las reiteraciones circulares de los sueños que van camino de la pesadilla. Yo mismo empecé a creer que pertenecían a acontecimientos insignificantes. La Madre, en la cocina, sudaba. Siempre fue una mujer silenciosa, como si en el papel que le asignaron todo fuese una larga y penosa acotación. Los Hermanos, afuera, correteaban: jugaban a tipos y bandidos. El inspector Warren, haciendo los preparativos de la captura, ante un enorme mapa de la ciudad, desplegado. El otro hermano juega al póquer en un cuchitril lleno de humo y pistolas, chalecos, terror en el silencio que aguarda el primer movimiento falso para iniciar la balacera. El hermano menor o inspector Warren irrumpe intempestivamente en la guarida de hampones y estos arrojan las cartas, voltean la mesa, apagan las luces de un balazo. El inspector Warren es herido en un brazo. Otro hermano, el buscado Jerry Newman, cae desplomado, sin ninguna lamentación. Saldo final: la cuadrilla eliminada, dos policías asesinados y el hermano menor —inspector Warren—, lamentablemente muerto por un sobreviviente, en ejercicio de sus funciones. Yo retiraba los ojos del libro y oía los gritos del Padre, esta vez encolerizado. La Madre se lavaba las manos y regresaba a la sala. Ya habíamos escuchado varios truenos repetidos en la tarde y el toque de tambores de los negros del barrio. Pero ese tum-tum nos agradaba. Y no abundaba en preguntas. Por un momento el Padre dejó el periódico y sentí que fijaba su atención en mi lectura. Pude saber que la seguía. Nadie, nadie lo había dicho. Era un libro prohibido. El Padre. Entonces, no sabía por qué nos traía a este barrio, a esta ciudad de negros. En la soberbia del Padre nunca estuvo esta reflexión. Yo soñaba ese odio: se convertía en pesadilla. Como soñaba, de nuevo, que un muchacho negro era sacrificado y engarzado en los ganchos del matadero, luego desprendido y paseado en una procesión, con plañideras y deudos enlutados: llevaban como rosario las vísceras descompuestas de las vacas sacrificadas en la madrugada y de reliquia el corazón sangrante de la víctima. Siempre encendía la radio a la hora de las noticias. Esta imagen, por lo trivial, no carece de importancia: hay cierta febrilidad en el gesto de encender la radio, en los desplazamientos del dial, en la sintonía definitiva de las noticias, como si aguardara de ellas algo esperado desde siempre. Escuchaba con atención. Luego, enmudecía. Yo también escuchaba la noticia y sentí que lo decía: apenas vi el movimiento de sus labios. Subió el volumen. Se hablaba de su huida de Palacio y de la creación de una Junta Militar. Era mayo de mil novecientos cincuenta y siete. Su malestar, en cambio, no duró mucho. Aquella noche, ante el alboroto de todo el vecindario, el Padre enterró su malestar: se fue a dormir. En su cara quedaban unas ojeras amplias y en sus ojos adiviné un ardor insoportable. Desayunó en silencio. Me sentí tentado a preguntarle sobre el significado de las noticias, pero sabía que no iba a hallar respuesta. Tomaba de nuevo mi libro de Renan y lo confundía entre los textos escolares. A las nalgas de un Rubens añadía flechas, exclamaciones y falos imperfectos y monumentales. Y leía a Renan o, a veces, ese Voltaire que llevaba entre mis cuadernos. A Goya le dedicaba mi asombro y una risa de incomprensión cuando recorría sus dibujos, ese diabólico sueño de la razón vomitando monstruos: quería desnudar a La maja vestida y ponerle bikinis a la desnuda. Esos Modigliani eran asociados con las mujeres tuberculosas del barrio, tomando el sol a las diez de la mañana, a sólo dos cuadras de nuestra casa. El Bosco me movía a una incontenible hilaridad: esa cadena de monstruos y ficciones en colores era el verdadero sueño de mi razón: formaban una danza de espectros aterrados por el infierno. Volvía con la escoba y sacudía el polvo: lo amontonaba y arrojaba a la calle. Tomaba el trapeador y secaba los orines del hermano recién nacido, acostado sobre el petate. Sentía que el sol arreciaba y su rostro se volvía, de nuevo, esa congelada expresión de la resignación. En la sala, mis libros. No: eso era entregarse y de la peor forma. La caca de su ternura. Entonces arrastré a Sonia del brazo hacia nuestro cuarto y allí la hice reposar. Al mirarla, vi sus ojos humedecidos y la comprendí perfectamente. No era una muchacha que pudiese soportar tanto desconcierto. Fueron las palabras de siempre. Nada podía decirle y ahora no cabían las preguntas. Sonia no era la muchacha dócil que entendiera, de pronto, las razones inconfesables de una tía, su tramposa miseria, la precariedad filistea de sus quejas. Se sentía burlada. Envidio a veces al difunto Javier, de no ser porque ha de estar pudriéndose en los infiernos. Pensar que una carta era suficiente para decidir nuestro regreso. Después de todo, habían sido las privaciones, las trampas a sus acreedores, su capacidad de reservarse las mismas sobras de la mesa para recalentarlas al día siguiente. Nosotras sentíamos ahora su falta de dignidad, el descaro de su fraude un poco de sinceridad hubiese bastado, una simple explicación y hubiésemos comprendido el límite de sus ambiciones , esa zancadilla que nos daba sin el menor asomo de pudor. Hasta muy tarde la sentí despierta. Después, empezar sin balbuceos, como si la noche entera hubiese sido un aprendizaje riguroso, libreto en mano, correcciones oportunas. Cualquier encabezamiento era suficiente. Y no pensaba exactamente en él, apenas era la sensación de estarlo pensando, pues me quedaba la impresión, sólo la impresión, de haber visto su figura en un sueño, tener la idea de haberlo conocido cuando sólo había cruzado algunas frases con él, un ligero tropezón por las mañanas, un extraño llevado en procesión al cementerio. Y ahora era junio y había dejado de llover, sorpresivamente. Esa era su vida y esa era la vida que evocaba a medida que la visión de la calle convertía en silueta lejana la marcha del funeral. No tenía sino una lejana conciencia del momento en que comencé a verlo desde mi ventana, andando por la estación, timbrazos de teléfono, pitos e hilos prolongados en el humo de la vía. Y después volvimos a encerrarnos en el mismo silencio. En la vía nadie puede dormir con esos pitos: son tristes como si el muerto pasara en un tren solitario —había agregado cuando le pregunté por la aplastante letanía que solía oírse ciertos días frente a mi ventana, dentro de mi cuarto. La escolta lo rodeó: todos llevaron sus manos a la cintura. Ahí estaban las pistolas ametralladoras. Un piquete de policías cubrió la retaguardia. La cabeza del presidente sudaba debajo de su sombrero inglés: traje oscuro, corbata vinotinto, camisa blanca, chaleco. El discreto corte de una generación. Con mesura, sustituyeron el corbatín por la corbata, el sombrero de copa y el paraguas fueron desapareciendo como símbolos de elegancia. Este hombre de sesenta años sabe lo que hace. Y que nadie se venga a cagar en la patria ni en sus partidos. Con temple, con una gallardía propia de su generación: a su turno, también ellos conspiraron. Crearon sus células y alrededor de ellas el rojo legendario de un partido perseguido, masacrado en la legalidad. Hoy, los tiempos han cambiado: ahora ellos son la legalidad y es lo que, hoy, entrando a la universidad, tiene presente el presidente. Este aire frío de siempre. Esta ciudad gris de siempre. Estos discretos hombres del poder; estos hijos de puta de siempre. Sufran, palidezcan con estas incontables derivaciones de la luz. Chóquense las manos, frótense los labios, masajéense los vientres cuando en los solarios se abran las puertas para las diversiones decadentes. No es el momento —decían—: almuercen a las dos de la tarde con aperitivos españoles, afinen ese verso, denle estructura unitaria a la novela, esqueleto y apoyatura a ese lindo cuento que terminan, como si nada pasara. Recuerden la nostalgia: todas las nostalgias acumuladas. Olviden el pasado, las querellas, los enfrentamientos, las vísceras maltrechas, las dormidas precipitadas, los rencores, las amarguras insensatas: volvamos a ser Uno y felices. Pero antes de seguirle contando, yo sí le digo que a mí nadie me ha venido nunca con vainas ni con pendejadas ni con carajadas de esas. Porque usté sabe, me quedó la costumbre de cuando era boxeador: nada de tragos, había que cuidarse bien, y las mujeres apenas tasaditas. Y él con eso de empezar a patearme el asiento, a darle golpecitos para que me resbalara. Y el mocoso seguía pateando mi asiento y yo aguantando porque ya estoy harto de broncas, que hartas tuve en ese mismo lugar cuando venían a sacarnos a patadas los matones de Marianospina Pérez en los tiempos de la violencia, usté se acuerda. Entonces todos se espantaron porque ya el mocoso estaba en la lona, digo, en el piso, boqueando sangre. Pero el tipo viene a mi mesa de nuevo, echando sangre por la jeta partida, cuando yo ya había pedido por mi cuenta un doble de anisado, y le mando un gancho al estómago y luego me empujo mi trago y lo veo dar vueltas en su cuerpo y doblarse como una hojita. Siempre dijo que el colmo de un militar era dejarse ver desnudo, con las prendas en la mano y ahora no estaban siquiera en las manos: rodaban por el suelo en un sitio grosero y desprovisto de solemnidad, así estuviese tapizado y recubierto por porcelanas relucientes, con una flor discretamente colocada esa mañana por su mujer, siempre de buen gusto y delicada su mujer, que el colmo de un oficial era dejarse ver desnudo en una situación como esta, indefenso y grotesco. Después, el triste espacio reduciéndose a nada. Y esta vez ella sí ríe, y él no se incomoda, de cierta manera es la mejor forma de defensa que ella tiene contra sus imposiciones. Por fin tiene la certeza de haber salido del infierno y le hubiera gustado verse modificado en el espejo, recobrando de nuevo su verdadero rostro, con el uniforme poco a poco en su sitio, ajustado a su cuerpo. Pichita le dice que eso es por haber bebido tanta gasolina, que era como la marihuana, y Trabuco le corrige diciendo: la gasolina es mejor que la marihuana, pruébela para que vea y Rolo seguía encogiéndose y castañeteando los dientes. Rolo dice dejen la vaina, quién sabe si es santo. Y todos ríen. Santo el Enmascarado de Plata, dice Trabuco. Qué santo va a ser, eso es por joder. Y Pichita dice que el domingo cumple nueve años, hay que robarse un pastel, una orquesta y una casa y mil velas para llegar a viejo, para apagarlas con gasolina. Y Trabuco ni se mueve, no le hacía gracia el chiste. Y Rolo dice: a mí sí no me agarran ni porque llegue el Putas, y Trabuco corrige: ni porque llegue el Papa, y Carasucia, algo acongojado, se echa sobre el rincón, vuelve a bostezar, cierra los ojos y trata de dormirse. Ya es de día, dice Trabuco y la claridad empieza a aparecer sobre el cerro de Monserrate, mezclada con la bruma y el destello de los avisos luminosos. Ya es de día, dice Trabuco, y Pichita también bosteza y Rolo dice que las tripas ya formaron su orquesta, mientras se acuerda del sueño de anoche: estaba sentado al lado del Papa y levantaba la sotana. Se metía dentro de ella y empezaba a rascarle los muslos, a hacerle cosquillas en la entrepierna. El Papa decía chino malcriado, chino grosero, te vas a ir derechito al infierno y se reía. No paraba de reírse, el Papa riéndose papalmente y él perdido en sus interiores de seda. Zas, zas, empezaba entonces a darle golpecitos y el Papa: je, je, je, trataba de acomodarse en su trono, de poner orden en sus ropas, de volver a estar en condiciones de una bendición papal. Y Rolo aprueba. No era de aquí, de eso estaba segura. Y alzabas la vista sobre mis hombros para verlo. Y yo, silenciosa, empezaba a adivinar que un día vendría a nuestra puerta de la casona de Getsemaní, dejaría su maleta en la acera, llamaría y nos hablaría, así no lo comprendiéramos. Y no era otra cosa que tus celos, tus emperrados celos: querías para ti toda la ventana, el espacio cómplice de nuestra afiebrada curiosidad: querías que mis ojos fueran tus ojos para verlo y desearlo a tu antojo. Siempre habías dicho que preferías morir con el cuerpo lleno de telarañas antes que darte a un mugroso cualquiera. Porque él se lo ha llevado todo. Por estas manos ya no puede pasar nada sagrado, por estos labios ya no caben oraciones. No, Alfonsina: te he dicho que nadie es culpable o lo somos las dos al mismo tiempo. Por lo menos de edredón deberías cambiar. Decían que empezó a enloquecerse porque su padre, su propio padre, le hizo los dos hijos que hoy vienen a la hora del almuerzo con latas vacías que les llenan con sobras, desde la puerta apenas entreabierta, con recelo, con el temor de que penetren y se apoderen de cuanto les pertenece. Antes andaban tímidos, con el temor de ser despedidos en la acera. Ahora cumplen con un horario inflexible: los he visto, como si vinieran al diario rito de la mendicidad. Pero yo no le paro bolas a lo que se hace y dice en este barrio: nada me extraña. Porque nosotras, hermana, también somos este barrio y su historia. Yo de ti cerraría esa ventana, por lo menos para que sepan que nos queda vergüenza. Si fuéramos jóvenes podríamos esperar que otro y otro y otros hombres vinieran a llenar sitios vacíos, a llenarnos con su aliento. Has regresado, Gino. No hables. No susurres. Esta loba rabiosa puede oírnos, puede venir a robarte de mi lado. Gino, Gino. No te has ido. Han vuelto a la tranquilidad y aquí donde te tengo y me sostienes empiezo a contarte una historia triste:. Soy esa niña resentida que no sale del marco de la ventana y que los domingos entra a la misa, arropada, desprotegida, con el temor de que la rocen a su paso,. Trato de oírte, de sentir la voz que alguna vez trataba de comprender y que prefería en sus incoherencias. Por favor, no te muevas, Gino, no abras la puerta, no traspases el corredor, va a sentirte, va a llevarte a su lado, a consumirte, Gino. No salgas. Vienes a sobresaltarme: este sol y estos pasos, los reconozco, alguna vez los he sentido. Anda por la casa como un animal atolondrado y a duras penas me mira. Ahora ladra en su cuarto, como cualquier perra triste. Y leía las noticias de nuestros degollamientos, riéndose, como si esta sólo fuese una divertida historia de niños comparada con el infierno que él mismo decía haber sufrido. Y lo veíamos sonreír. Yo empezaba a desabrocharle la camisa y Alfonsina me miraba como si consultase la desnudez próxima que ella ya estaba adivinando y gozando. Diez años tal vez no sea nada en su vida, pero en la nuestra son algo irrecuperable. Ahora se ha ido y esto es lo que nos ha dejado. Yo, mirando por el balcón hacia la bahía, esperando una milagrosa aparición, con rabia, con un rencor que crece con mi respiración. Pensé que su fetichismo se había vuelto delirio, demencia por pequeñas cosas que él había abandonado. A mí, en cambio, empieza a importarme poco el recuerdo de collares que nunca me colgué, de pulseras que miraba con indiferencia, de anillos y prendedores que hacía años seguían guardados y olvidados. Esas cosas habían dejado de pertenecerme, Alfonsina: no eran mías, hasta podría decir que a ti tampoco te importaban: eran de nadie; las habíamos olvidado. Y el olvido, hermana, es una forma de expropiación. No llores, Alfonsina, que tus llantos van a oírse en el vecindario y nadie va a detener la ignominia de las murmuraciones. Y yo he recordado el sueño de niña, después de tantos años de haberlo soñado:. El asedio, el hambre y la peste esparciéndose por las calles y la ciudad estremeciéndose con cada estallido, agrandando los gritos de los moribundos, toda la ciudad convertida en un siniestro hospital de condenados a muerte. Nada podemos hacer como no sea la inmolación del pasado, y el pasado —hermana—, el pasado somos nosotras. Decidimos encerrarnos: el mundo que crecía a nuestro alrededor estaba lejos del que moría dentro de nosotras. Encerrarnos era protegernos. Es la loca del frente que llora. Los vecinos son, por naturaleza, torpes. Hacen daño o causan beneficios irrisorios sin llegar a ser inofensivos. Los vecinos, siempre lo dije, no pueden llegar a sospechar del momento en que muera abatido por doce disparos de pistola, ahogado en mi propia sangre y en mis gritos. Como es evidente, la figura de la víctima se va desarrollando a medida que se desarrolla el concepto de culpa. La culpa colectiva es por lo general y en estos casos, la ilusión de sentimientos —así sea parcialmente— verdugos. Y toda imagen, por imaginada que fuese, desaparecía. Al contrario. Los torturaba. Hablar del país era hablar del hijo malogrado, volver a las historias de amor adolescente, a los mismos acontecimientos que aquí se repetían en la memoria. Ellos, al menos, vivían una ficción, la creían, iban desenvolviéndola con autenticidad, la vivían endemoniadamente en esa zona que describe la imaginación cuando desplaza todo razonamiento coherente. Sí: vendría la primavera, hasta se podría andar sin abrigo, el día siguiente no sería una descarga de temblores en los huesos. Había una cama, agua caliente en el lavamanos como para desnudarme y echar cantidades sobre la cara y el tórax y la seguridad de no estar interrumpiendo el rito de violencia o ternura de Ernesto y Margarita. Sí: ya sabía que les hacía falta: iba a verlos y querían retenerme: nunca lo dijeron pero lo veía en sus gestos, en las conversaciones que se prolongaban. Leíamos en voz alta trozos de Cien años de soledad y de Rayuela , y yo iba resultando para ellos el país consciente. No, no es apta para la depilación del vello facial. Yo no te recomiendo que lo hagas ni aunque la tengas clara. Es una zona muy delicada y te podría provocar alguna reacción en la piel que estéticamente sería muy visible. María, tu depiladora no tienen sensor de tono de piel. Este sensor lo que hace es bloquear el pulso cuando el tono de piel es demasiado oscuro. Llevo tres meses usando Philips lumea y el vello sigue apareciendo… No se elimina del todo, no sé si estaré haciendo lo correcto pero siento que no es del todo efectivo. Piensa que no todos los modelos tienen la misma fluencia lumínica. Este es un dato clave, ya que te indica la cantidad de energía que llega a la base del pelo. No todo el mundo responde igual al tratamiento ni siquiera empleando el mismo ajuste de energía. Si la dejas a medias, puede que la batería vaya perdiendo capacidad. Si quieres contar tu experiencia, te animo a que lo hagas. Hola Lore, no hace falta que lo uses. Lo importante es que selecciones la intensidad de energía adecuada para tu sensibilidad y tono de piel. En el manual te lo explican, aunque si tienes alguna duda me comentas. Hola, tengo una lumea essential, cuando voy a realizar el tratamiento la luz de carga no deja de parpadear en color amarillo y no dispara a que se debe? Esther, mejor que le expliques el problema al servicio técnico de Philips. Hola queria saber a que se refiere con ejemplo O Con una depiladora de Cuando se acaban, la depiladora deja de funcionar. Tengo la Philips Lumea Advanced, con accesorio corporal y facial. Entonces empecé a depilarme la cara con el accesorio corporal, primero en intensidad 4, después 5 y así empecé a notar cambios, ya casi no me queda vello facial. Porque hasta el momento no he tenido quemaduras ni irritaciones, y cuando salgo uso una crema Vichy con SPF Letizia, no es lo que se recomienda. Pero si ya lo has hecho y no notas efectos secundarios quiere decir que en tu caso no pasa nada. Entonces he estado depilandome por 6 meses, siempre cada 14 días pero el día que me iba a depilar, me rasuraba en la ducha tipo 10 de la mañana, y a las 11 empezaba a usar la Lumea. Y es suficientemente largo como para que la luz pulsada llegue a la base del pelo. Si te rasuras días antes y el vello te crece, deberías volver a rasurarte, así que es no es necesario. Depende de cada persona y de lo que le crezca el vello. Y después de aplicar el tratamiento.. Muchas gracias! Soy Valeria, de Argentina. Las depiladoras que se venden aquí en España no necesitan usar gel. Para aliviar la piel después del tratamiento puedes aplicarte cualquier crema hidratante neutra sin aromas. Consulta cómo debo depilarme el labio superior sino puedo usar crema depilatoria o la cera no es efectiva para luego pasarme la Depiladora. No creo que afeitarme sea una solución. Espero que me ayuden!! Puedes usar cera. Ya voy por la tercer sesión tengo la Philips LumeaSC y no noto resultados, y la verdad que me estoy enloqueciendo con la picazon despues del razurado. Pude ser normal que demore tanto los resultados? Si te duele cuando aplicas el pulso de luz no debes aumentar el nivel de energía. En cambio, si tu piel es clara y no te duele, una posible solución sería aumentar al ajuste al siguiente nivel. Siempre consulta la tabla del manual de la depiladora. Sin embargo, es mejor que consultes con tu médico de cabecera para que pueda evaluar tu caso concreto. Hola estuve mirando por ebay y hay unas depiladora chinas a la mitad del precio de las de marca! Sirven también? Vienen completas con los tonos de piel y para adaptar ala rostro! Tengo mi duda si podrías ayudarme. Sí puedes, hay todo tipo de vello entre las mujeres que usan las depiladora de luz pulsada para depilarse en casa. Lo que influye es el color. Si es muy claro, no es efectivo por la falta de melanina. El punto 60 sobre los implantes dentales, se refiere en el caso que te depiles partes de la cara? Supongo que para axilas y piernas no hay problema no? Hola Joana, exacto, se refiere a la zona de la cara. Muy buen artículo. La duda que sigo teniendo tiene que ver con las diferencias de depilarse en casa y en ir a un centro de estética. Si te depilas en un centro de estetica la depilacion va a ser definitiva? Con la depilacion en casa, si no se hace el mantenimiento, vuelve a crecer vello como si nunca te hubieras tratado? Por el tipo de energía que emiten longitud de onda permiten abarcar un amplio rango de tonos de vello y piel. A la larga, nadie te va a garantizar que el tratamiento es definitivo con ninguna de las dos opciones. Parte de los vellos se pueden activar por cambios hormonales, o simplemente porque en el momento del tratamiento se encontraban en fase de reposo y el tratamiento no resultó eficaz. Cada centro de estética es un mundo. Posteriormente, debes saber elegir una buena clínica estética o la mejor depiladora de luz pulsada para ti. Roxy, lo primero que debes hacer es asegurarte de que el fallo es ajeno a la depiladora. Pruébala si puedes en otra vivienda. Voy a probarlo. De principio daba los disparos muy dificil pero ahora no quiere en ninguna parte. Mi otra duda es si puedo depilar dejando un espacio de medio centímetro entre paso y paso del mango depilador, es decir, la ventana que emite la luz mide 2 cm x 1. Hola Enrique, en primer lugar te felicito por actuar con prudencia. Es mejor consultar las dudas que aplicar varias sesiones de depilación sin tener claro cómo hay que hacerlo. En el artículo sobre la depiladora TT se explica cómo hacerlo. Creo que ahí tienes la respuesta a todas tus dudas. Lo que te ocurre a ti le puede pasar a muchos hombres que usan por primera vez una depiladora de luz pulsada. O sea, que esa zona te quede sin nada de nada, ni el los labios. Mira este artículo , vas a encontrar respuesta a tus dudas. Si tienen mil pulsaciones significa que ninguna es permanente en duración, existen los repuestos? Si estos existen son de facil adquisición en cuanto a valor? Por ejemplo la lumea. Hola Mari, la mayoría de las depiladoras de luz pulsada no tienen cartuchos de repuesto. Las Philips Lumea en concreto ninguna. Los Hola a todos. La cuestión es que antes de la primera sesión me rasure las zonas a tratar y al día siguiente realicé el tratamiento. Luego de 4 días aproximadamente ya tenía vellos crecidos. Por lo tanto, mi pregunta es, puedo cada vez que me crece rasurar hasta que llegue el momento de la próxima sesión? Desde ya muchas gracias. Hay marcas que recomiendan usar la depiladora cada dos semana primeros tratamientos , mientras que otras permiten que el tratamiento se realice cada semana en la fase inicial. Lo normal es que después de varias sesiones ya no necesites volver a rasurar la zona porque el vello haya comenzado a debilitarse. En cualquier caso, siempre que el vello te haya crecido debes volver a rasurarlo. Nunca se debe aplicar el tratamiento con luz pulsada con el vello largo esta es una regla que siempre debes tener en cuenta. Te aconsejo que consultes el manual de tu depiladora y sigas las instrucciones sobre las fases de tratamiento y mantenimiento. Si tienes alguna duda, dime qué modelo de depiladora tienes y te indico lo que debes hacer para que el tratamiento sea seguro y efectivo. Hola a tod s, muchas gracias por responder. Mi pregunta es la siguiente. Desde ya, muchas gracias por la respuesta, son muy amables. Alejanda, debes respetar los tiempos del manual y si ves que te crece antes, espera las 2 semanas y rasura la zona antes de aplicar el tratamiento con luz pulsada. Hola, yo tengo la remington IPL la de caja rosada,el tema es que en el manual no dice en ninguna parte cuantas veces debo aplicarlo en las primeras sesiones, ni el espacio entre sesion y sesion, solo dice que se puede rasurar entre sesiones pero no aclara ni especifica el espacio entre sesiones…. En principio se puede aplicar un tratamiento semanal. Lo habitual en la mayoría de los casos es que después de sesiones ya se aprecien los resultados. Con Hola Lara, es mejor que no corras riesgos. Buenas tardes. Me compré la bellísima zero Mi consulta es sobre qué cuidados tengo que tener antes y después de ultilizar la luz pulsada en la zona del cavado y tira de cola. Ejemplo la 1era y 2da 1 cada dos semanas…. Tengo entendido que tengo que rasurar la zona dos o tres días antes de aplicar IPL. Respecto a los cuidados, son los habituales que no te de el sol ni antes ni después del tratamiento, que la piel esté limpia y no tenga restos ni de cera o productos cosméticos,…. El calendario de sesiones que debes hacer es igual que en cualquier otra zona del cuerpo. Lo normal es realizar sesiones cada 2 semanas, a partir de las cuales no suele ser ya necesario repetir el tratamiento previo de rasurado hay poco vello y la frecuencia de las sesiones de mantenimiento ya se pueden hacer cada meses dependiendo del vello que te vuelva a crecer, no hay una regla fija..

Señoras, gracias. Estoy seguro que tengo todo lo que necesito ahora mismo". Salió antes de que cualquiera de las dos pudiera responder.

Incluso no saben qué clase de auto buscar". Bikini adolescente accidental flash tetas movió levemente, gimiendo por el dolor que ahora era su compañero constante. Grayson esté aquí". Verónica recogió su maletín del piso y sacó su cartera. Algunos segundos después el televisor tarareó a la vida con la Juez Judy gritando en el just click for source en su sala de juicio en el Bikini adolescente accidental flash tetas de moda.

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Sonrió y susurró conspiradoramente. La pequeña sonrisa que había estado en la cara de Rose desapareció. Se movió y un dolor se dispersó quemando su pierna izquierda, haciéndola gritar. Verónica inmediatamente presionó el botón de llamada en varias ocasiones. Miró a Rose, que Intercambio de esposa en Ford intentando difícilmente no llorar.

Para su sorpresa, una mano grande envolvió la suya. Otra punzada de dolor se disparó a través de ella y se agarró de la mano de Verónica firmemente. La enfermera salió y volvió un minuto después con una aguja.

La enfermera levantó la mirada en la mujer de cabello oscuro. Verónica utilizó su mano libre para cubrir la cadera de Rose con el desolador lino blanco. Esperó varios minutos hasta que estuvo segura que Rose estaba dormida antes de ponerse de pie y remeter la manta alrededor de la lesionada mujer. Capítulo 2 Verónica abrió la puerta y metió la caja, el arenero, el poste para rasguñar, y la bolsa de juguetes adentro.

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Para especificar, me arriesgaría a decir que kyonyuu se refiere a lo que sea mayor a una copa D. Pero el siempre colorido lenguaje del japonés tiene varios términos diferentes para describir a mujeres bien dotadas, incluyendo oppai, que se refiere a todo tipo de senos, y el bastante perturbador bakunyuu, que se traduce como senos a reventar.

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Pero suficiente con la lección de japonés. El punto es que estoy usando Noche de Tetas Grandes como el título de la noche, y me apego a él -ya saben, licencia de traductor y todo eso.

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